Una nueva blasfemia
Luis de la Barreda considera que la reforma aprobada en el legislativo mexicano es un intento de darle un carácter sacro a las instituciones públicas y eso daría pie a que se castigue a quien la utilice para el humor, la ironía o la crítica mordaz.
El Senado aprobó una reforma que castiga con hasta cinco años de prisión y multa que puede ascender a más de un millón de pesos a quien utilice, reproduzca, imite o incorpore a escala comercial la identidad gráfica institucional, dominios electrónicos o cualquier documento oficial de instituciones públicas federales, estatales o municipales para inducir al error o engaño con la intención de cometer un ilícito sobre el origen oficial de una comunicación, documento, plataforma, servicio, sistema informático o cualquier otra actuación atribuible a una institución pública a través de cualquier medio. La iniciativa pasó a la Cámara de Diputados.
El lector atento ya habrá advertido que con esa disposición se criminalizaría una conducta que se realiza con la intención de cometer un ilícito, es decir, se criminalizarían actos preparatorios de un ilícito que no se ha cometido, que quizá no llegue a cometerse, pues el texto prohíbe una acción llevada a cabo con el propósito de cometerlo. La ley no debe castigar la mera intención no realizada ni los medios preparatorios de un ilícito, sino el ilícito en que se incurra.
Si, por ejemplo, un individuo reproduce o imita el logotipo de un documento oficial y de esa manera engaña a otro obteniendo un lucro, está cometiendo un fraude porque la utilización del documento falso fue el medio apto para engañar a la víctima y así conseguir un lucro indebido. Pero el fraude ya está previsto en los 33 códigos penales del país. Adviértase que el delito consiste en la consecución del lucro por medio del engaño, no en la reproducción o imitación del logotipo oficial. Cualquier engaño con el que se obtenga un lucro indebido es un fraude, sea utilizando un documento oficial o con cualquiera otra estratagema.
¿Por qué, entonces, la específica referencia a la identidad oficial, y por qué criminalizar su utilización, reproducción o imitación sin que aún se cometa un ilícito? Se le está dando un carácter sacro a esa identidad y dando pie a que se castigue a quien la utilice para el humor, la ironía o la crítica mordaz.
La criminalización de la utilización, reproducción o imitación de la identidad oficial es semejante a la criminalización de la blasfemia ––palabra, expresión o conducta ofensiva, injuriosa o irreverente contra Dios, una divinidad, la religión o algo considerado sagrado–– en los tiempos de los tribunales de la Santa Inquisición y a la prohibición islámica de dibujar al profeta Mahoma porque se considera que cualquier imagen puede faltarle al respeto o derivar en una distorsión de su figura.
Este artículo fue publicado originalmente en La Aurora (México) el 4 de octubre de 2026.