Una extinción masiva de la lógica

Por Patrick J. Michaels

Mucho se ha dicho sobre el ensayo, publicado el 8 de enero en el diario Nature, por Chris Thomas y 18 coautores, en el que afirman que el calentamiento global causará una extinción masiva de la biodiversidad terrestre. Thomas dijo al Washington Post que "estamos hablando de 1.25 millones de especies. Es un número masivo."

Resulta que hay un masivo número de problemas evidentes en su estudio que claramente eludieron el proceso de evaluación académica. Esto se demuestra con la rapidez del proceso con que se aprobó del manuscrito, cuya aceptación definitiva se presentó apenas unas cinco semanas después de la entrega del original. Nadie puede realizar una revisión de 19 autores en ese tiempo, a menos que no haya muchas revisiones sugeridas, o, si las hubiera, que fueran ignoradas por el editor del diario en la prisa por publicar.

De hecho, debates reñidos sobre lo que debe o no ser publicado sobre calentamiento global son la regla más que la excepción, simplemente porque los ensayos que están siendo publicados-sobre muchos aspectos del tema-pueden ser despedazados después de una revisión superficial. Desgraciadamente, el debate debió haber comenzado dentro de Nature misma. En 1996, exactamente un día antes de la conferencia de las Naciones Unidas que le dio vida al Protocolo de Kyoto, Nature publicó un ensayo que pretendía agrupar temperaturas observadas con modelos computarizados de calentamiento desastroso. Se usaron datos climáticos inflados desde 1963 hasta 1987. Sin embargo, el verdadero registro se extendió (entonces) desde 1958 hasta 1995 y, cuando todos los datos fueron usados, los números perturbadores desaparecieron. Desde ese famoso incidente, la gente desconfía mucho de lo que publican las revistas científicas más importantes sobre calentamiento global. El ensayo de Thomas sobre extinción sólo le añade más combustible al fuego en un ya incandescente infierno.

El trabajo de Thomas y sus colaboradores es un ejercicio interesante de modelos en computador que muestra, de nuevo, que los resultados que salen de un computador son producto de los supuestos que se introducen. Los científicos examinaron la distribución de más de 1,000 especies vegetales y animales, calcularon su rango climático actual y luego usaron un modelo climático para determinar si la porción de tierra que ocuparán las especies en un futuro, se reducirá o expandirá. Si se producía una disminución factible, los investigadores suponían un riesgo de extinción.

Muy bien. Pero esto supone que el cambio climático es el único conductor de variaciones en la biodiversidad, lo que difícilmente es cierto. El efecto sobre un ecosistema, debido a la mutación de una bacteria previamente inofensiva, se considera una causa de extinción claramente no climática. La plétora de factores que influyen en los ecosistemas, además del clima, determinan la composición de la comunidad. De hecho, ubicar toda la responsabilidad de la extinción en el clima, también pone en duda todo el resultado.

Su escenario más bajo para calentamiento está atado a 0.8oC en los próximos 50 años, lo que produce una extinción de casi el 20 por ciento de las especies de la muestra.

También esto puede contrastarse con la realidad, porque las temperaturas de la superficie terrestre han aumentado en esa cantidad en los últimos 100 años. Pero no hay absolutamente NINGUNA evidencia sobre extinciones relacionadas con el clima. (Uno pensaría que los críticos de Nature se habrían dado cuenta de esto!)

Hay otros varios problemas graves:

  • Los modelos globales climáticos, en general, predicen una superficie más caliente y un incremento en la tasa de precipitaciones. Siempre y cuando haya vapor adecuado, los más diversos ecosistemas sobre la tierra están en las regiones más cálidas, los bosques tropicales son el principal ejemplo. Por consiguiente, el carácter general del clima del futuro es más, no menos, hospitalario para la biodiversidad.

  • Las temperaturas han fluctuado hacia arriba y hacia abajo por encima de los 0.8oC durante los últimos cientos de miles de años. La metodología publicada implica que hay grandes extinciones por todos y cada uno de los incrementos de cambio equivalentes, así la temperatura suba o baje. ¡Aplicar este método a todos esos cambios hubiera extinguido todas las especies sobre la tierra!

  • A menudo, las especies se desarrollan bien por fuera de su clima tradicional. El Departamento de Agricultura de los Estados Unidos ha hecho un mapa de la distribución de las especies más importantes de árboles en Norte América. En casi todas las especies, existen poblaciones separadas lejos de la principal distribución climática. Un buen ejemplo es el Abeto Balsámico, Abies balsamea, cuya principal distribución es a través de Canadá. Pero hay un pequeño bosque de Abetos, un vestigio de la edad de hielo, aún en el este de Iowa, cientos de millas al sur (y cerca de 10 grados más cálido) que la zona climática tradicional en la que la gente normalmente circunscribiría su distribución. Estas separaciones son la regla, no la excepción, en la naturaleza, y son una razón por la cual los más diversos ecosistemas sobre la tierra-el bosque tropical-lograron sobrevivir a la edad de hielo.

  • Tal vez lo más relevante es que este trabajo hace lo que el afamado agronomista Paul Waggoner ha llamado el supuesto de la "gente tonta": que la gente no se adaptará a condiciones cambiantes. De hecho, hemos estado preservando la diversidad artificialmente, en parques y zoológicos, por siglos. Adicionalmente, la cantidad de diversidad genética "artificial" se está incrementando dramáticamente con la tecnología de la genética moderna. Es difícil imaginar, en futuras décadas, que estas tecnologías no van a ser aplicadas para evitar una posible extinción masiva.

Obviamente, hay mucho para criticar de este ensayo. Lo que es sorprendente es que algo con tantas inconsistencias y supuestos irreales haya salido ileso del proceso de evaluación de una publicación tan prestigioso como Nature. La politización de ensayos científicos sobre calentamiento global y la tendencia de las publicaciones científicas a apresurarse en el fallo tienen que acabar.