Un embargo de petróleo no va a funcionar
por Jerry Taylor y Peter VanDoren
Jerry Taylor es Académico Titular del Cato Institute.
Peter Van Doren es Editor, Revista Regulation del Cato Institute.
La amenaza de desenvainar el "arma petrolera" de los árabes ha mantenido altos los precios mundiales del petróleo durante seis meses y le ha puesto los nervios de punta al mundo industrializado. Hace poco Irak anunció una suspensión de 30 días en sus exportaciones y sus planes de acudir a la Liga Árabe para pedir un embargo de 6 ó 12 meses a todas las exportaciones del Golfo Pérsico hacia los Estados Unidos. No sorprende que Irán los haya apoyado, dado que este país no ha exportado petróleo a EE.UU. desde 1992. El corredor árabe está demandando violentamente que nuestros "amigos" en la región les sigan la corriente.
Por Jerry Taylor y Peter Van Doren
Peter Van Doren es Editor, Revista Regulation del Cato Institute.
La amenaza de desenvainar el "arma petrolera" de los árabes ha mantenido altos los precios mundiales del petróleo durante seis meses y le ha puesto los nervios de punta al mundo industrializado. Hace poco Irak anunció una suspensión de 30 días en sus exportaciones y sus planes de acudir a la Liga Árabe para pedir un embargo de 6 ó 12 meses a todas las exportaciones del Golfo Pérsico hacia los Estados Unidos. No sorprende que Irán los haya apoyado, dado que este país no ha exportado petróleo a EE.UU. desde 1992. El corredor árabe está demandando violentamente que nuestros "amigos" en la región les sigan la corriente.
No hay necesidad de que cunda el pánico, pues el asunto es mucho menos grave de lo que parece. Irak, por ejemplo, produce normalmente un 4 por ciento del abastecimiento mundial de petróleo; si la producción fuera de Irak permaneciera constante, si la demanda no cambiara, y si el recorte iraquí fuese permanente, los precios subirían únicamente en un 40 por ciento. Sin embargo, desde que Bagdad anunció la medida, los precios mundiales han subido únicamente en un 1 por ciento. Esto nos dice que los actores del mercado no esperan que el corte dure mucho y que otros proveedores son más que capaces y están más que dispuestos a cubrir la diferencia. Si Irak reanuda sus ventas luego del paro anunciado, el suministro de petróleo sólo se habría visto reducido e un 0.2 por ciento este año (esto es, si el resto de la producción permanece constante)-algo de lo cual no vale la pena preocuparse.
La verdad es que el incremento desde febrero de 27 por ciento en los precios del petróleo crudo se debe tanto a la reducción física de la oferta en el mercado mundial como a otros factores como la recuperación económica en los Estados Unidos, el comienzo de la temporada de manejo de verano y el temor de que siga la inestabilidad en el medio oriente. Indica, por ejemplo, que los inventarios de petróleo de EE.UU. han crecido de 318 a 325 millones de barriles en un mes; es que la inestabilidad en el Medio Oriente siempre resulta en la acumulación de reservas, pero cuando pase la crisis política también pasará el incremento en los precios.
¿Pero qué pasaría si se lanzara un embargo árabe de dimensión completa en contra de los Estados Unidos? Un oficial no identificado de la OPEP declaró a la Agencia Francesa de Prensa que "En lo que concierne a la organización, no hay discusión sobre un embargo, puesto que ningún ser humano cuerdo y racional apoyaría una medida semejante, ya que sin duda nos saldría el tiro por la culata. Si uno o dos países acuerdan suspender las exportaciones, cuenten con que habrán otros productores que vendrán con fuerza al mercado para cubrir ese faltante en la oferta". Aunque eso no necesariamente signifique que los petroleros árabes no saltarán a ese abismo económico, el oficial tiene razón al preocuparse por el desastre que ese embargo significaría para los embargantes.
La razón es simple: una vez el petróleo está en un una cisterna o en una refinería, es imposible controlar su destino. Durante el embargo de 1973, por ejemplo, el petróleo de la OPEP vendido a Europa simplemente era revendido a EE.UU., o terminaba desplazando petróleo producido fuera de la OPEP que era desviado al mercado estadounidense. Al final, las importaciones norteamericanas de petróleo no se vieron más afectadas que las importaciones soviéticas de granos al final del breve e inútil embargo de granos de 1980. El ministro de petróleo saudita, Sheik Yamani admitió más tarde que el embargo de 1973 "no implicaba que pudiésemos reducir las importaciones a los Estados Unidos... el mundo es en realidad un solo mercado. De manera que el embargo era más simbólico que otra cosa".
¿Pero cómo podemos cuadrar esto con la creencia popular de que el embargo de octubre de 1973 cuadruplicó los precios del combustible, produjo escasez y envió a la economía estadounidense a una picada? Bueno, es cierto que los precios mundiales del petróleo se fueron al cielo, pero esto tuvo menos que ver con el embargo que con el acaparamiento por pánico disparado por la tensión en el Medio Oriente; tensión que para octubre ya se había convertido en guerra. Mientras que la producción árabe de petróleo fue recortada en 340 millones de barriles entre octubre y diciembre, ese recorte fue menor que la acumulación de inventarios que se llevó a cabo a principios y mediados del año; aún había bastante petróleo para circular, pero pocos estaban dispuestos a venderlo debido al miedo de una carestía futura.
La situación en Estados Unidos se exacerbó gracias a la imposición del Presidente Nixon, en agosto de 1971, de controles de precios, lo cual impedía que las compañías principales de petróleo transfirieran el costo completo del crudo importado a los consumidores en la bomba. "Los Grandes del Petróleo" hicieron, entonces, lo único que se podía hacer: frenaron sus importaciones y dejaron de venderle a las gasolineras independientes, para poder mantener abastecidas sus franquicias. Para fines de 1973, los precios de la gasolina estaban estallando, las bombas se estaban quedando vacías y las filas largas eran muy comunes. Y eso fue antes de que se anunciaran el embargo y el recorte árabe.
El Congreso empeoró las cosas en septiembre de 1973 con el Acta de Emergencia de Asignación de Petróleo. A partir de entonces, la gasolina estaría racionada y el precio del petróleo "nuevo", incluyendo el importado, pero no el del "viejo". Esto exacerbó de manera perversa las insuficiencias que el Congreso deseaba remediar. Eso fue porque los contratos de largo plazo-o sea el medio por es que se vendía la mayor parte del petróleo en esa época-no se elevaron para alcanzar los precios marcados. Por lo tanto, los poseedores de contratos tenían un fuerte incentivo para acaparar tanto petróleo como les fuese posible justo cuando los inventarios debieron ser puestos en el mercado.
Los embargos no deben preocuparnos. Los recortes en la producción, sí. Pero es poco probable que es martirice de esta manera; como dijo un oficial petrolero kuwaití a Reuters: "¿Cómo podemos apoyar a nuestros hermanos palestinos si no tenemos ganancias?". Sin los petrodólares, los estados árabes de la OPEP regresan a camellos y tiendas de campaña, y hoy los árabes dominan solamente el 40% del mercado mundial, a diferencia del 70% que tenían en 1973. Esto significa que el mundo es mucho menos vulnerable a los efectos de corto plazo de un embargo árabe hoy que antes. En otras palabras, lo único temeroso del "arma petrolera" es el temor en sí.
Este articulo se publicó originalmente en el Wall Street Journal el 10 de abril de 2002, como "An Oil Embargo Won't Work".
Traducido por Constantino Díaz-Durán para Cato Institute.