Un dólar para Duhalde

Por Lorenzo Bernaldo de Quirós

Según parece, la misión del FMI a Argentina se va a saldar en una negativa de esa institución a suministrar fondos al gobierno Duhalde. La ausencia de un plan económico riguroso capaz de restaurar la confianza de los mercados y sacar al país de la recesión es la razón fundamental del "niet" del FMI a prestar su apoyo financiero a un país, cuyos problemas tienen una causa principal, la irresponsabilidad e incompetencia de los gobiernos argentinos, y una secundaria, la propia actuación del Fondo en la república austral. De otra forma no es posible definir las sucesivas inyecciones de liquidez prestadas por el organismo a la Argentina y que han desincentivado la introducción de medidas sensatas o su recomendación de elevar los impuestos, en una coyuntura recesiva, para cuadrar las cuentas públicas. Dicho esto, la mejor ayuda del FMI a la Argentina es no darle ni un solo dólar y obligar a que los propios argentinos resuelvan sus problemas.

Dicho esto, el gobierno Duhalde está muerto. No ha sido capaz de establecer un marco estable y creíble de disciplina fiscal y monetaria. Los recortes presupuestarios aplicados hace unas semanas son una broma y el acuerdo fiscal con las provincias también en tanto el gobierno central se hará cargo de las obligaciones de las provincias si éstas superan los techos de gasto y endeudamiento acordados con la Casa Rosada. En este escenario, cualquier esperanza de control del gasto es una burla. En el campo monetario, la historia es idéntica. Una devaluación que no se ve acompañada de un objetivo de inflación concreto asignado a un banco central independiente unida a la creación de facto de una moneda paralela emitida por los gobiernos provinciales, los famosos bonos, es incompatible con el mantenimiento de una mínima estabilidad monetaria. Sin un compromiso fiscal y monetario orientado a la estabilidad, nadie puede creer en que Argentina supere su lamentable estado y nadie dará un dólar por el futuro del país.

Por añadidura, los problemas fiscales de la Argentina son una consecuencia directa de un sistema tributario injusto e irracional. La pérdida de ingresos tributarios no es sólo ni principalmente una consecuencia de la recesión, sino de una fiscalidad excesiva que destruye los incentivos de los ciudadanos y de las empresas a crear riqueza y a pagar impuestos. El IVA es del 21 por ciento, las cotizaciones sociales del orden del 40 por ciento y la presión fiscal que recae sobre los ciudadanos argentinos es superior a la experimentada por los contribuyentes norteamericanos. Desde esta óptica, el esfuerzo fiscal realizado por los argentinos, la relación entre carga tributaria y nivel de PIB per cápita, es seis veces superior al soportado por los chicos del Tío Sam. Un modelo impositivo de esta naturaleza estimula la evasión, afecta de manera negativa a la economía y, en un escenario recesivo, se traduce en un colapso de los ingresos fiscales. Argentina está en ese punto de la Curva de Laffer en el cual una fiscalidad confiscatoria reduce la recaudación y paraliza la actividad productiva. Sin embargo, el gobierno Duhalde no ha hecho ningún movimiento para modificar este estado de cosas y sigue anclado en viejos planteamientos cuyas consecuencias son letales para la salud económica del país.  

Ante este panorama el gobierno Duhalde no podrá mantenerse demasiado tiempo en el poder. La economía argentina experimentará este año un crecimiento negativo entre el 8 por ciento y el 15 por ciento según sea uno más o menos pesimista. Por otra parte, el déficit público se va a situar alrededor del 8 por ciento del PIB y la inflación puede alcanzar el 25 por ciento. Si a esto se une un esperable aumento del paro hasta niveles del orden del 25 por ciento de la población activa y un deterioro brutal de la capacidad adquisitiva de las familias, la situación es explosiva. Con un cuadro clínico de estas características, el riesgo de un estallido social incontrolable es una realidad. Para cualquier observador objetivo, la crisis argentina es una muestra clara de la superioridad de la política sobre la economía, lo que significa que una clase dirigente irresponsable o incompetente es capaz de conducir un  país a la quiebra sin ningún problema.

¿Qué sucederá? Sólo los dioses tienen la respuesta como diría el clásico. Sin embargo, la única salida para Argentina es la emergencia de una clase política y de unos partidos nuevos sin las hipotecas y clientelas del pasado. Esto es difícil pero no imposible. La Transición española es un claro ejemplo de cómo se puede sustituir un régimen por otro de manera pacífica, y España era una dictadura. Esta hipótesis se ve avalada por dos hechos: primero, la desilusión de la ciudadanía con los partidos dominantes; segundo, la descomposición interna de radicales y peronistas. En este contexto puede emerger una opción nueva y obtener un apoyo importante de la población. Aunque los problemas inmediatos de Argentina son económicos, su solución es política e institucional. Hay que reinstaurar la República como se reinstauró la España de los años setenta. De lo contrario no hay posibilidad de salir adelante y se corre el riesgo de que surjan alternativas incompatibles con la libertad política y la prosperidad económica.