Un caso a favor de la Unión Europea

Juan Carlos Hidalgo cree que a pesar de sus múltiples defectos, el ideal liberal detrás del mercado común europeo merece ser defendido.

Por Juan Carlos Hidalgo

El sonido de los silbatos a las 7:30 a.m. marcó el inicio de la enorme ofensiva: 100.000 tropas británicas y francesas salieron de sus trincheras y avanzaron hacia las líneas enemigas. Tras varias semanas de inmisericorde artillería aliada, no esperaban encontrar mayor resistencia. Estaban equivocados: los alemanes los esperaban con sus ametralladoras MG 08. Más de 22.000 soldados perderían su vida en el primer día de la batalla del Somme, cuyo 100.° aniversario se conmemoró el viernes.

Se suponía que esa sería la “guerra que acabaría con todas las guerras”. Sin embargo, una generación después, Europa estaba otra vez en llamas. Acabada la II Guerra Mundial, un continente desangrado y con la amenaza de la ocupación soviética a sus puertas no podía darse el lujo de perder la paz de nuevo.

Fue así como nació la idea de crear una comunidad de naciones unidas por el libre intercambio. En palabras de Robert Schuman, ministro de relaciones exteriores francés, el objetivo era “hacer de la guerra algo no solo impensable, sino materialmente imposible”.

La idea no era nueva: ya en 1748 Montesquieu había observado que “el efecto natural del comercio es conducir a la paz. Dos naciones que comercian entre sí dependen recíprocamente la una de la otra”. Por lo tanto, el antídoto para evitar más conflagraciones en Europa era generar esa dependencia mutua. Con ese norte se funda en 1951 la Comunidad Europea del Carbón y Acero, precursora de la actual Unión Europea (UE), que vendría a consolidar las llamadas “cuatro libertades”: el libre movimiento de bienes, servicios, capital y personas.

El proyecto europeo enfrenta días aciagos. El Brexit le ha dado fuerza a los movimientos nacionalistas que sueñan con volver a erigir muros a lo largo del Viejo Continente. La desintegración de la UE es una seria posibilidad. Y aun cuando resulta difícil pensar que una Europa dividida vaya a revivir los horrores que la han marcado la mayor parte de su historia, el académico eslovaco Dalibor Rohac bien señala en su nuevo libro Towards An Imperfect Union que las recriminaciones que acompañarían la desaparición de la UE minarían la confianza que existe entre los países, lo cual aumentaría la probabilidad de conflictos futuros.

La UE tiene mucho criticable —su enorme burocracia, absurdas regulaciones y dispendiosos subsidios agrícolas—, pero la historia nos recuerda que, hoy más que nunca, el ideal liberal detrás del mercado común europeo merece ser defendido.

Este artículo fue publicado originalmente en La Nación (Costa Rica) el 4 de julio de 2016.