Tiempo para legalizar las drogas

Isaac Leobardo Sánchez Juárez señala que la guerra contra el narcotráfico iniciada por le presidente Calderón "estuvo desde el principio condenada al fracaso".

Por Isaac Leobardo Sánchez Juárez

Dedicado a Manuel F. Ayau, quien nos deja una herencia de libertad

La guerra contra el narcotráfico iniciada por el presidente Calderón estuvo desde el principio condenada al fracaso, ya que no es confrontando a los cárteles de la droga como se elimina la producción, distribución y venta de esta clase de bienes. La lógica es bastante simple, los cárteles existen porque alguien está demandando el producto que ellos son capaces de ofrecer, a pesar de las limitaciones legales y la ofensiva de las autoridades.

La solución más sencilla, es una solución de mercado, en la cual el Estado elimina el carácter de ilegalidad de esta clase de productos. Cada quien debe escoger libremente si los consume o no, nadie puede coartar esta libertad al suponer que representa un daño para la salud física y mental.  

En un evento reciente, organizado por el gobierno federal para evaluar la actual política en seguridad, el presidente puso en evidencia que ni siquiera él y sus colaboradores tienen clara la estrategia que vienen implementando para el combate al crimen y principalmente a los cárteles de la droga —de aquí su fracaso. Además, su negativa a considerar seriamente la legalización de las drogas porque: “la legalización de los estupefacientes aumentaría su consumo, principalmente entre los jóvenes y adolescentes, y podría generarse una idea de que es socialmente aceptable el consumo de esas sustancias…” se encuentra totalmente equivocada, no se sostiene por la evidencia empírica.  

De acuerdo con el CISEN (Centro de Investigación y Seguridad Nacional), entre 2002 y 2008 el porcentaje de la población de 12 a 65 años de edad que pasó a consumir cocaína se duplicó y casi 6 por ciento de esa población es consumidor de algún tipo de estupefaciente. Por otro lado, la brutal lucha contra el crimen ha dejado una cantidad de muertos que rebasa las 28.000 personas desde diciembre del 2006, muchos de ellos personas inocentes. Se tiene en promedio un enfrentamiento diario entre policías y delincuentes.

Ciudades industriales y motores del crecimiento nacional como Tijuana, Ciudad Juárez y Monterrey se encuentran virtualmente paralizadas y controladas por los criminales, ya no existen espacios que no sean dominados de alguna forma por los cárteles. Desde Tijuana hasta Mérida, el país está bajo su control.

México ha pasado de ser un país de tránsito a un país donde las drogas se consumen cada día más, como resultado de la enorme oferta, a pesar de la ilegalidad, pero sobre todo de la incapacidad de la economía nacional para crecer, generar empleos de calidad y permitir que millones de personas superen su condición de pobres extremos.

Adicional a lo que ya he comentado, la guerra contra el narcotráfico es totalmente absurda, ya que cada jefe o capo arrestado resulta inmediatamente reemplazado por otro de los millones que hacen fila para incorporarse a un puesto de alto riesgo, pero que en consecuencia deja jugosas ganancias.

Lo que es todavía peor, corporaciones como el Ejército, en las cuales la ciudadanía tenía una gran confianza, la han perdido y se corre el riesgo de contaminarla a tal grado que regresemos a una situación de total anarquía como la que vivimos en los primeros treinta años del siglo XX. La estrategia fallida del presidente puede en sus cuatro años de operación derrumbar a la nación.

Ante este escenario, mi recomendación y la de muchos especialistas en el tema consiste en legalizar las drogas y permitir que opere como cualquier mercado, dejándose guiar por las señales de los precios relativos y factores de demanda y oferta. No existe ningún argumento sólido para restringir la libertad que tienen las personas de consumir drogas de cualquier tipo.

Ahora bien, la legalización requiere de una combinación de talento e ingenio. Se debe regular este mercado, tanto a los productores como a los consumidores, utilizando la experiencia que se tiene en mercados como el del tabaco y los  licores. En algunos países ya se han aplicado algunos modelos exitosos de legalización, uno de ellos es Holanda, en donde cierto tipo de drogas de baja peligrosidad pueden ser consumidas con total libertad en cafés exclusivos.

Para la Transform Drug Policy Foundation (un think tank británico), lo primero que tiene que hacerse es catalogar a las drogas, generar una taxonomía de las mismas en función de su riesgo y peligrosidad.  Por un lado estarían las drogas de peligrosidad baja como la mariguana, el peyote, los hongos alucinógenos; en otro los de peligrosidad media como la cocaína, éxtasis, los ácidos alucinógenos, etcétera; en la tercera las drogas de peligrosidad alta, como los opiáceos inyectables (Romero, 2010).

Por cuestiones de espacio dejo el tema hasta aquí, indicando que para cada categoría, las restricciones de mercado serían diferentes. Obviamente el primer paso, a manera de prueba consisten en legalizar la mariguana en todo el país y observar por un periodo razonable de tiempo sus consecuencias.

Es tiempo de legalizar las drogas y permitir que cada ciudadano elija libremente si las consume o no, sin ser considerado por esta decisión un criminal. La legalización acabaría de forma contundente con buena parte de los problemas de corrupción, violencia e inseguridad que hoy azotan a México. La libertad es el único camino, in dubio pro libertate.

Referencias:

Romero, Jorge. "Es la hora de la legalización de las drogas", El Universal (México). 4 de agosto de 2010. Disponible en: http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/49310.html