Subsidio inmoral

por Carlos Ball

Carlos Ball es Periodista venezolano, director de la agencia de prensa AIPE (www.aipenet.com) y académico asociado del Cato Institute.

Siempre me ha parecido execrable la intromisión del gobierno en los medios de comunicación. La principal fuente de noticias locales en muchos países es el servicio de prensa del gobierno, donde a menudo se mezcla descaradamente la propaganda oficial con la información. Es evidente que en todo concubinato del estado con los medios de comunicación, quien sale perdiendo es el ciudadano.

Por Carlos A. Ball

Siempre me ha parecido execrable la intromisión del gobierno en los medios de comunicación. La principal fuente de noticias locales en muchos países es el servicio de prensa del gobierno, donde a menudo se mezcla descaradamente la propaganda oficial con la información. Es evidente que en todo concubinato del estado con los medios de comunicación, quien sale perdiendo es el ciudadano.

En Estados Unidos acaba de estallar un escándalo en una de las estaciones más grandes de televisión afiliadas a la red estatal PBS (Public Broadcasting System). Resulta que la WGBH de Boston comparte desde hace cinco años su lista de donantes privados con el comité nacional del Partido Demócrata. Y un informe posterior indica que otras 50 de las 300 estaciones de PBS han hecho lo mismo. Parecen cosas del mundo subdesarrollado, pero suelen suceder en todas las latitudes cuando los gobiernos dejan de concentrarse en sus obligaciones y se dedican a complacer a diferentes grupos de presión. Desde luego que no hay ninguna necesidad de que el gobierno esté subsidiando estaciones de televisión. La antigua excusa es que se ofrece así una "mejor" programación y se "educa" a la gente. Es el mismo argumento a favor de que el estado subsidie las compañías de ópera, en beneficio de una elite adinerada, aunque el subsidio provenga de los impuestos pagados por toda la ciudadanía, incluyendo campesinos que jamás verán una ópera en su vida.

En el caso específico de la WGBH de Boston, su programa más conocido es "Masterpiece Theatre", para el cual la empresa Mobil Oil contribuye con 10 millones de dólares al año y no es producido en Estados Unidos sino comprado a productoras inglesas de películas para televisión. A mí, personalmente, me encanta Masterpiece Theatre, pero ¿por qué obligar a contribuir con sus impuestos a   personas que prefieren ver a Oprah?

Clave en el funcionamiento de todo medio de comunicación es la selección de lo que se va a publicar, a sacar al aire o a desechar. Eso a menudo significa tomar decisiones controversiales e inclusive, en ocasiones, decisiones equivocadas. La gran diferencia es que el sector privado paga por sus equivocaciones con su propia desaparición, mientras que el profundo bolsillo del sector público jamás permite que la clientela decida "lo que va" y lo que "no va".

Thomas Jefferson lo dijo muy claro: "Obligar a un hombre a dar contribuciones de dinero para la propagación de opiniones en las cuales no cree es un pecado y es una tiranía".

PBS recibe dinero del gobierno federal a través de la CPB (Corporation for Public Broadcasting), una organización sin fines de lucro establecida por el Congreso en 1967 para ofrecer servicios alternos, "no comerciales", de radio y televisión. Hoy en día hay 109 redes de televisión por cable en Estados Unidos, más de 3.100 estaciones de televisión y unas 11.700 estaciones de radio. Sólo los políticos, los burócratas y los beneficiarios directos de privilegios otorgados por el estado pueden pensar que es necesario seguir subsidiando a PBS.

PBS ha basado últimamente sus campañas para recabar fondos privados en la excusa de que el gobierno le ha reducido el subsidio. Y aunque en 1995 en realidad así sucedió, ya comenzaron nuevamente a aumentar sus partidas en el presupuesto, pasando de 250 millones de dólares en el año fiscal 1999, a 300 millones de dólares en el presupuesto del año 2000 (que comienza el 1° de octubre de 1999) y a 340 millones de dólares para el 2001.

Según Sheldon Richman, director de la revista The Freeman, "la libertad de expresión incluye la libertad de no decir nada y tal libertad, lógicamente, implica la libertad de abstenerse de subsidiar la expresión de otros".

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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