Sr. Kirchner, no siga la vaca

El gobierno y específicamente el presidente Néstor Kirchner está a la cabeza de firmar acuerdos de precios con casi todos los sectores de la economía.

Por Gustavo Lazzari

El gobierno y específicamente el presidente Néstor Kirchner está a la cabeza de firmar acuerdos de precios con casi todos los sectores de la economía.

La intención mediante estos acuerdos es eliminar la "sensación inflacionaria" y contener los índices de precios.

La primera versión de dichos acuerdos fue en el mes de Diciembre con una canasta de 230 artículos por sesenta días.  Ahora el objetivo es mas ambicioso. Se intenta congelar 500 precios por un año.

Uno de los puntos mas álgidos es la discusión por el precio de la carne. El presidente ha sido mal asesorado.

La Carne no solo es un término mas que amplio pues incluye decenas de cortes que responden a diferentes mercados consumidores sino que es el precio que mas fluctúa hacia arriba y hacia abajo de toda la canasta familiar.

El precio del ganado en pie, se forma en mercados tan transparentes (como el mercado de Liniers) que incluso son utilizados como ejemplos en todas las cátedras de microeconomía. El modelo del "rematador walrasiano" se explica utilizando como ejemplo el mercado de ganado. No son pocos los cursos que asisten bien temprano al mercado de Liniers para ver in situ como se forman los precios.

Los precios de los diferentes tipos de hacienda (terneros, novillos, vaquillonas, conserva, toros, etc) fluctúan todos los días del año y varias veces en la misma jornada.

Entre enero de 1992 y diciembre de 2005, según una serie que elabora la Sociedad Rural Argentina, la variación mensual del precio promedio del novillo en Liniers por kilo vivo registró aumentos en 103 oportunidades, bajó 52 veces y se mantuvo estable sólo en 13 ocasiones. Sólo en dos oportunidades el promedio mensual dio el mismo valor en tres meses consecutivos. Nunca llegó a cuatro. Esto demuestra que aún con la estabilidad de los noventa, el precio de la carne muestra siempre variaciones. A veces marginales, a veces mas importantes. En los últimos sesenta días, nunca se repitió el precio del día anterior.

Pretender controlar por un año esos precios es sencillamente delirante. Los precios se mueven por oferta y demanda y en esto influye desde el clima, la posibilidad de salidas de los camiones del campo, los deseos de los consumidores, las promociones de supermercados, la exportación, la disponibilidad de pasturas, las políticas de engorde, etc, y miles de etcéteras mas.

Claramente el gobierno comprende esta realidad. Sería imposible pensar que el gabinete se haya transformado en una "junta planificadora central" donde se simule un sistema de precios. Un gobierno serio no puede creer en esta fantasía stalinista.

"Ningún presidente puede embarcarse en una batalla que no está seguro de ganar" rezan los analistas que asesoran gobiernos.

¿Por qué el presidente se embarcó en una batalla pírrica?

Hay tres posibilidades a considerar.

  • Que el objetivo principal no sea controlar los precios sino sólo anunciar una firma de acuerdo de precios. En este caso, el gobierno está en condiciones de agasajar a su tribuna.
  • Que el objetivo del gobierno sea efectivamente controlar los precios con lo cual el fracaso será estrepitoso. A la primera lluvia que no permita que los camiones salgan de los campos quedará claro el capítulo dos de cualquier libro de microeconomía. La oferta será menor y los precios subirán.
  • Que el objetivo sea firmar acuerdos mientras por atrás se instrumentan medidas monetarias y fiscales tendientes a eliminar la inflación. En el fondo los acuerdos serían pantallas tras las cuales instrumenta un poco de ortodoxia que no excluye subas en la tasa de interés y restricciones al crecimiento del gasto público. 

Argentina tuvo medio siglo de inflación galopante. En solo treinta años destruimos cuatro signos monetarios, y le sacamos trece ceros a la moneda.

Nadie en su sano juicio puede pensar que la inflación es causada por la avaricia y que puede resolverse convirtiendo la oficina presidencial en una sala de desposte con rieleras, chairas y cuchillos para ver cual corte vacuno puede venderse mas barato.

La inflación es un tema monetario con causas fiscales de fondo. Allí debe apuntar al gobierno. Detrás o delante de las pantallas de los acuerdos de precios.

Entre 1967 y 1989 hubo 264 meses de los cuales en 237 de esos meses se instrumentaron controles, acuerdos o precios máximos. La inflación del período fue la mayor de la historia de la humanidad. Los acuerdos no sirven. El gobierno lo sabe, los argentinos también.