Soportando el ataque

Tanja Porčnik considera que las protestas de Hong Kong en contra de la intromisión del gobierno chino en los asuntos de la isla constituye uno de los retos más duros a los que se ha enfrentado el Partido Comunista desde las protestas en la Plaza de Tiananmen hace tres décadas.

Por Tanja Porcnik

Hong Kong está atravesando turbulencia. Las protestas han durado casi cuatro meses. Otro paso en la dirección de no resolver la crisis más contenciosa que la ciudad ha tenido desde que Hong Kong fue devuelta al gobierno chino hace más de dos décadas es el intento por parte del gobierno de prohibir que los manifestantes utilicen máscaras faciales mediante legislación de emergencia que data de tiempos cuando la isla era una colonia.

Las protestas masivas en Hong Kong se desenvuelven frente a un trasfondo en el que dicha ciudad obtiene los mejores puntajes en los índices de libertad. Uno de ellos, el recientemente publicado índice de libertad económica del Instituto Fraser, nuevamente ubica a Hong Kong como la economía más libre del mundo. La libertad económica no es algo extraño para Hong Kong. De hecho, el territorio ha mantenido el predominio de la libertad económica desde 1960, el primer año para el cual una medición de la libertad económica está disponible para Hong Kong. ¿Cómo es esto posible?

Primero, mientras que la libertad económica sin duda juega un papel importante en el bienestar humano, esta no garantiza los derechos políticos o las libertades personales. Muchos estudios empíricos observan una relación fuerte entre la libertad económica y la libertad personal. A estas conclusiones se puede llegar de manera intuitiva, pero Hong Kong es un caso aparte en este aspecto. No obstante, los habitantes de la isla no son diferentes de aquellos que viven en otras partes del mundo. Todos desean gozar de libertades y derechos.

Segundo, las libertades personales están siendo cada vez más amenazadas en Hong Kong. Mi co-autor, Ian Vásquez y yo utilizamos un sistema de puntuación compuesto para medir no solo la libertad económica sino también la libertad humana. Nuestra medición de la libertad personal en Hong Kong, publicada en el Índice de Libertad Humana, revela que conforme la mano invisible de China se ha vuelto más visible —Hong Kong opera bajo leyes distintas dentro del mismo país, el principio de dos sistemas— el Estado de Derecho y ciertos aspectos de la libertad personal asociados con la democracia y los derechos políticos, tales como la libertad de prensa así como también la libertad de asociación y de reunirse, están bajo ataque. Por ejemplo, cinco libreros en Hong Kong que vendieron material prohibido en la China continental desaparecieron en 2014. En 2016, los líderes pro-democracia de la oposición fueron expulsados del parlamento durante la ceremonia de juramento por modificar sus juramentos de lealtad a China, lo cual fue percibido por Pekín como un insulto. Estos y otros eventos similares condujeron a una caída en el componente de libertad personal del Índice de Libertad Humana desde la posición 17 a la posición 32 de entre 162 países y territorios desde 2008. En cambio, China cayó de la posición 129 ha la posición 141 durante el mismo periodo. Con estas tendencias en mente, Hong Kong luce cada vez menos parecida a Países Bajos y los países escandinavos que encabezan el componente de libertad personal en el índice, mientras que China cada vez se parece más a Libia, Irak, Siria, y Yemen, los países peor calificados en el componente de libertad personal.

Tercero, Hong Kong está lejos de ser una democracia integral. En el Índice de Democracia de Economist Intelligence Unit, Hong Kong se ubica en la posición 73. En cambio, China se encuentra en la posición 130 y está clasificada como un régimen autoritario. Las protestas en Hong Kong envían un mensaje inequívoco de que sus ciudadanos no quieren vivir en una autocracia. Ellos quieren más, no menos, derechos políticos, y desean que el territorio se parezca más a los países nórdicos, que son las democracias más sólidas del mundo. Por esta razón, la demanda de los habitantes de la isla de una garantía del voto universal mediante el cual ellos podrían elegir al líder que prefieran no debería sorprender. Además, para ellos, este cambio institucional representa una prevención en contra de la invasión de libertades y derechos que han logrado proteger.

Estando las libertades personales y los derechos políticos en Hong Kong en declive, no sorprende que incluso luego de que su jefa ejecutiva Carrie Lam haya anunciado que su gobierno retiraría la ley cuestionada —que hubiera permitido la extradición a la China continental y que provocó meses de protestas en la ciudad— las protestas no terminaran. En cambio, ganaron ímpetu. Lo que empezó como una protesta en contra de una sola ley en Hong Kong, no solo se ha convertido en la crisis política más severa que la isla ha sufrido desde su retorno al control chino en 1997, sino uno de los retos más duros a los que se ha enfrentado la autoridad del Partido Comunista desde las protestas pro-democracia en la Plaza de Tiananmen hace tres décadas.

Hay una diferencia evidente entre Hong Kong y China. Mientras que en la China continental, el sistema legal es utilizado para silenciar a las personas que no respaldan al estado, en el Hong Kong semi-autónomo, las personas tienen miedo pero también están esperanzados cuando salen a las calles a protestar contra los intentos del gobierno de socavar el Estado de Derecho y negarles sus derechos y libertades. Finalmente, estos manifestantes podrán encontrarse encerrados en la cárcel, pero también puede ser que logren vivir en un Hong Kong libre.

Frecuentemente denominados como activistas pro-democracia, los habitantes de Hong Kong están, de hecho, levantándose en protestas masivas tanto por la democracia como por la libertad. El himno no oficial, Gloria a Hong Kong, que muchas veces es cantado en espacios públicos a lo largo de la ciudad, está siendo presentado al mundo y uniendo a los habitantes de la isla en contra de la supresión de su voluntad de luchar por sus derechos y sus libertades. El futuro dirá si sus libertades y derechos soportarán el ataque.

Este artículo fue publicado originalmente en The New Delhi Times (India) el 7 de octubre de 2019.