Si todavía existe el Mercosur...

Víctor Pavón dice que "Si el gobierno paraguayo todavía considera seguir en el Mercosur, al menos en lo político porque de lo económico hace tiempo que ya no existe, debe exigir que en la próxima cumbre del bloque a realizarse en Asunción se trate y se sancione al régimen bolivariano de Nicolás Maduro".

Por Víctor Pavón

Si el gobierno paraguayo todavía considera seguir en el Mercosur, al menos en lo político porque de lo económico hace tiempo que ya no existe, debe exigir que en la próxima cumbre del bloque a realizarse en Asunción se trate y se sancione al régimen bolivariano de Nicolás Maduro.

Sobresale en el ámbito del Mercosur este tema de notoria trascendencia internacional que merece trato preferencial por parte de los presidentes miembros del bloque en razón de la Cláusula Democrática en el Protocolo de Ushuaia que forma parte del Tratado. Este documento se refiere a las conductas incompatibles con el ejercicio del orden democrático, siendo aplicable en este caso al régimen venezolano de Nicolás Maduro por las reiteradas violaciones evidenciadas en la persecución a los opositores así como a la libertad de prensa y expresión.

En caso que todavía tenga sentido el Mercosur al menos en lo político, los presidentes no pueden permanecer pasivos ni tener una mirada cómplice hacia aquel régimen por cuanto que su intención absolutista de permanecer in eternum en el poder, si todavía alguno tenía dudas, está plenamente confirmada cuando el propio Maduro manifestó que si pierde las elecciones legislativas de esta semana no dejarán el poder y para ello instaurará un gobierno cívico militar para defender su revolución.

En las democracias constitucionales el Ejecutivo puede por supuesto convivir con un Congreso que no le sea afín; todavía más, resulta saludable que ello ocurra por cuanto se constituye en la mejor manera de controlar al poder administrador, evitándose de esa manera su absoluta supremacía. Este es el sentido precisamente del Estado de Derecho en los países en los que se respeta a las personas a vivir en paz, a progresar con sus familias según sus trabajos diarios y talentos y en los que rige la igualdad ante la ley.

Todo esto y como se ha demostrado en nada le interesa a Nicolás Maduro y a sus leales. A ellos sólo les importa su “revolución”. Y se entiende. La revolución les permite perpetuarse en el poder y de ese modo obtener para sí mismos ingentes réditos económicos debido a que como no hay transparencia ni rendición cuentas, sino que impera la arbitrariedad, este modelo de administración permite meter mano profunda en el Presupuesto que no es más que el dinero del pueblo contribuyente, a quienes se les confisca sus propiedades o se los acalla en caso de tener una opinión diferente.

Si alguna prueba faltaba acerca de la naturaleza dictatorial del régimen bolivariano de Nicolás Maduro, sus declaraciones pintan de cuerpo entero la línea de pensamiento que se ha venido sosteniendo desde que el propio Hugo Chávez impuso el llamado socialismo del siglo XXI, ideas que se han llevado a la práctica con los resultados sociales más catastróficos para la gente solo comparables con lo que sucede a la fecha en Cuba y más lejos en la antigua ex Repúblicas Socialistas Soviéticas.

La acumulación de poder del que hace gala el régimen de Maduro le ha llevado a una situación tal que cualquier opinión diferente es considerada como detestable al punto de tener que silenciarla a la fuerza. Este tipo de conductas no resulta extraño por cuanto que aquel que se considera un iluminado, un ser diferente con cualidades superiores a la de sus semejantes, inexorablemente acaba por tener una conducta violenta e intolerante hacia los que no le son leales.

Si el Mercosur todavía existe y tiene sentido al menos en lo político (porque en lo económico ya desapareció por su notable ineficiencia) la próxima cumbre a realizarse en nuestro país no solo debe tratar sino también sancionar al régimen imperante en Venezuela. Es lo menos que se espera del bloque.