¿Seguro social o socialismo verde?

por Patrick Michaels

Patrick Michaels es Académico Titular de Estudios Ambientales para Cato Institute.

Debemos comprender que el presidente Clinton, quien propuso invertir parte de las contribuciones al Seguro Social en la bolsa de valores, no va a tener ninguna injerencia en el asunto. Estará fuera de la Casa Blanca mucho antes de que eso suceda. La responsabilidad de la instrumentación del plan quedaría en manos del vicepresidente Al Gore, si éste es promovido a la presidencia. ¿Y qué cree usted que  hará Gore?

Por Patrick J. Michaels

Debemos comprender que el presidente Clinton, quien propuso invertir parte de las contribuciones al Seguro Social en la bolsa de valores, no va a tener ninguna injerencia en el asunto. Estará fuera de la Casa Blanca mucho antes de que eso suceda. La responsabilidad de la instrumentación del plan quedaría en manos del vicepresidente Al Gore, si éste es promovido a la presidencia. ¿Y qué cree usted que  hará Gore?

¿Seguirá los consejos de Jesse Jackson? Recientemente el Sr. Jackson le dijo a la Comisión de Finanzas de la Cámara de Representantes que el gobierno debiera utilizar su tenencia de acciones con nobles propósitos. Tales inversiones se podrían utilizar, según Jackson, contra las tabacaleras y contra la "gente que envenena el ambiente".   El efectivo en manos del gobierno federal para invertir equivale a más o menos el 5% del valor de todas las acciones de la bolsa, lo cual le permitiría obtener el control de la empresa que quiera. Entonces, como principal accionista, el gobierno podría decidir en la asamblea de una empresa carbonífera suspender operaciones mineras y comenzar a fabricar molinos de viento. Podría luego proceder a subsidiar esa forma poco confiable y totalmente ineficiente de producir electricidad para hacer quebrar a todas las demás minas de carbón. Las posibilidades son infinitas y requieren de poca imaginación.

¿Le gustaría al vicepresidente Gore hacer eso? En su libro publicado en 1992 "La tierra en la balanza", Gore  dice que proteger el medio ambiente y contener el recalentamiento del globo debe ser "el principio organizador central de nuestra civilización".

Y continúa explicando lo que quiere decir con eso: "Adoptar un principio organizador central significa iniciar un esfuerzo total, usando todas las políticas y todos los programas, todas las leyes y todas las instituciones, todos los tratados y todas las alianzas, todas las estrategias y todas las tácticas, todos los planes y acciones para detener la destrucción del medio ambiente".

Si promulgar una ley para invertir los fondos del Seguro Social en la bolsa no es parte de una "política" o de un "programa", una "ley" aplicada a una "institución", una "táctica" o una "estrategia", entonces ¿qué es? Más adelante en su libro Gore nos dice que su plan incluye "incentivos impositivos para nuevas tecnologías" y propone "prohibición" de "investigaciones y desarrollos" de viejas tecnologías. No hay manera constitucional de prohibirle a nadie que haga investigaciones, digamos, el uso del carbón para generar electricidad y el Sr. Gore, quien pasó algún tiempo estudiando derecho, debe comprender esos resguardos constitucionales. Quizá tenga en mente otros mecanismos, como la presión del principal accionista de la hipotética empresa carbonífera.

Más adelante Gore dice que el gobierno debe "prometer grandes ganancias en el mercado que seguro va a emerger, a medida que las viejas tecnologías desaparecen". ¿Cómo se logra eso? Primero, si el principal accionista ordena a todas las empresas de energía suspender sus investigaciones en el desarrollo de nuevos productos (es decir, que cesen operaciones). Al acabar con las empresas carboníferas y petroleras, las de gas natural y los fabricantes de molinos tienen aseguradas inmensas utilidades por quedarse sin ninguna competencia.

El hecho es que 56% de la electricidad en Estados Unidos proviene del carbón, debido a su abundancia, a su bajo precio y a que puede ser utilizado sin contaminar. La única emisión es dióxido de carbono, la supuesta causa del temido recalentamiento.

Desde hace años, fuentes más costosas de energía como el gas natural y la energía nuclear y solar han tratado de obtener parte de ese 56% del mercado controlado por el carbón. Sus cabilderos estarán tocando puertas en Washington en menos tiempo de lo que le tomó a Al Gore escribir "prometer grandes ganancias".

Los perdedores seremos todos los demás, quienes tendremos que pagar mucho más por el consumo eléctrico bajo un gobierno con el nuevo poder de hacerle lo que quiera a quien le dé la gana. 

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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