Seguridad Social: Basta de Medidas a Medias

Por William G. Shipman

Ahora que los comentaristas de la nación están en pleno debate sobre la reforma al Seguro Social, no deberíamos de olvidar que este debate también se esta llevando a cabo alrededor del mundo. Cerca de 130 países están lidiando con retos demográficos similares en sus sistemas de jubilación, y cómo estos están ponderando posibles respuestas al problema, puede ser instructivo.

La solución óptima es moverse de un sistema de financiación basado en impuestos a un sistema basado en el mercado. Pero esto es difícil para los políticos, lo que los lleva normalmente a promover propuestas interinas que son más fáciles de vender pero que son ineficaces. Las primeras dos propuestas interinas tienen que ver con impuestos y beneficios porque se considera que el reto es un problema de flujo de caja.

De estas dos opciones, la alternativa inicial es la de elevar los impuestos porque hay más trabajadores al que gravar que jubilados a los que se les puede recortar los beneficios. También, dado que los trabajadores son más jóvenes que los jubilados, ellos tienen un mayor tiempo para ajustarse. Como la mayoría de países, los Estados Unidos adoptó esta estrategia; en 1950 la tasa de impuestos a la nómina era de 3 por ciento con un tope salarial de $3,000. Desde ese entonces la tasa ha saltado a un 12.4 por ciento con un tope salarial de $90,000.

Eventualmente la estrategia de incremento de impuestos golpea una muralla política y el plan B es invocado: cortar beneficios. Esto es algo de lo que la gente no le gusta hablar. En lugar de eso, se usa un lenguaje que solo puede ser entendido con la ayuda de un decodificador. Se habla de indexación de precios, moverse de COLA hacia COLA dietética, indexación de la longevidad, añadir un punto de inflexión, reducir el PIA e incrementar el NRA. Todos esos son códigos para reducir beneficios.

Una vez que la estrategia de recortar beneficios se golpea contra una muralla política, la verdadera diversión empieza: “cuentas hipotéticas”. Estas vienen de muchas formas pero una variante común es ofrecer a los ciudadanos el derecho de ahorrar e invertir en un portafolio de bonos del gobierno. Aunque esto puede sonar seguro, tenga en mente que cuando el capital y los intereses se vencen en los bonos del gobierno, son financiados con impuestos. La estructura de las cuentas hipotéticas se aproxima a un sistema de jubilación basado en impuestos, pero es maquillado para aparecer más atractivo.

Cuando estaba en Moscú asesorando a la Federación Rusa en como reformar su sistema de Seguro Social mediante inversiones en activos productivos, un miembro de la Duma pregunto que problema había con las cuentas hipotéticas. Queriendo estar seguro de que estábamos pensando en la misma estructura, le pregunté si ella se refería con eso que los ciudadanos tendrían cuentas individuales que serían invertidas en bonos del gobierno ruso. Ella respondió que si. Le pregunté si ella estaba de acuerdo que esto era básicamente lo mismo a que cada ciudadano fuese dueño de un bono del gobierno. Ella dijo que si. Para responder su pregunta de “cual es el problema” le explique lo siguiente.

En lugar de que cuentas individuales con bonos del gobierno, ¿porqué no emitir bonos del gobierno a cada uno de los trabajadores rusos—literalmente—a su casa, granja o apartamento? Y no seamos tacaños. Hagamos cada bono por $1 millón. Ahora, cada trabajador ruso es millonario. Excepto por un hecho inconveniente. Tenemos que pagar principal e intereses cuando se venza cada bono, por lo que debemos gravar a cada trabajador por $1 millón. Le pregunte, ¿Qué hemos logrado? Ella sonrío y respondió “nada”. Después de estar de acuerdo, tome el siguiente paso.

Ahora vallamos a cada granja, casa y apartamento para recolectar los bonos y traerlos de vuelta a Moscú y depositarlos en un portafolio que es manejado por respetado administrador de activos—la cuenta hipotética. ¿Qué hemos logrado? Esta vez ella titubeo. Pero, de nuevo, ella sonrió y pregunto dócilmente: ¿nada? Yo asentí. Luego, otro miembro de la Duma dijo algo más intuitivo: “Si, pero los habremos birlado por algún tiempo”. Hubo una risotada. Entonces respondí “Probablemente esté en lo cierto, pero cuando ellos se den cuenta, será mejor que usted esté lejos del pueblo”.

Hay al menos dos lecciones de estas experiencias. La primera es que elevar impuestos, recortar los beneficios y luego promover cuentas hipotéticas consumen tiempo valioso. Esta es una oportunidad desperdiciada por que ninguna de las tres resuelve el problema y los cambios demográficos que estrujan el sistema de reparto continúan su poderosa progresión, a pesar de ser lenta: pocos trabajadores que gravar, más ancianos a quienes pagar beneficios.

La segunda lección es que estas respuestas ineficaces despilfarran el capital político. Cuando los políticos te dicen que han resuelto algo que no lo han hecho, la tendencia natural es de no creer sus futuras promesas. Otra forma de ponerlo es que pretender que se resuelve el problema hace más difícil de resolver el problema.

EE.UU. esta ahora en el medio del debate de la reforma al Seguro Social. La solución es reformar la financiación del sistema mediante inversiones basadas en el mercado de activos productivos. Por si mismo, los incrementos de impuestos, recortes de beneficios o las cuentas hipotéticas no funcionan. Sin embargo, si se emplean escasamente, cada una puede jugar un papel importante. No obstante, esté alerta de qué tan escaso es ese papel, porque nuestro gobierno ya ha incrementado los impuestos y recortado los beneficios, y algunos miembros del Congreso están propugnando las cuentas hipotéticas. No les permita que nos engañen ni por un minuto.

Este artículo fue publicado originalmente en el Boston Globe el 7 de Febrero de 2005.

Traducido por Nicolás López para Cato Institute.