Rompiendo a Microsoft

por Fernando Alessandri

Fernando Alessandri es Director para América Latina de la International Policy Network y colaborador de www.elcato.org.

La semana pasada, al mejor estilo Salomónico, el juez Thomas Penfield Jackson ha decidido que Microsoft, una de las empresas líderes del desarrollo de fines del siglo veinte, debe ser partida en dos.

Por Fernando Alessandri

La semana pasada, al mejor estilo Salomónico, el juez Thomas Penfield Jackson ha decidido que Microsoft, una de las empresas líderes del desarrollo de fines del siglo veinte, debe ser partida en dos.

Para Jackson, que ha declarado a los medios norteamericanos que se encuentra "personalmente ofendido por la falta de constricción" de Gates, no hay mejor salida que la división de la compañía. El acto sería una muestra irrevocable de que en los Estados Unidos de Norteamérica no se juega con Washington. Por si las dudas, el abogado querellante ha recomendado que el caso se salte la instancia judicial siguiente y no sea oída la causa por la Corte de Apelaciones, que ya ha fallado a favor de Microsoft en ocasiones anteriores, para pasar de inmediato a la Suprema, en donde los partidarios de la división probablemente encontrarían una mejor acogida.

A todos aquellos de carácter práctico, sin embargo, los insto a preguntarse qué sería de nuestras vidas sin la impresionante penetración de Windows, y los programas que corren sobre esa plataforma como Office, que aportó Word, Power Point y Excel. Para qué decir Internet Explorer, el browser revolucionario que disminuyó la torta de mercado del gris Netscape al desarrollarse y pasar a ser un navegador fundamental para entrar a la Internet. Incluso más, luego que las revistas especializadas dieran su veredicto sobre este software gratuito, no sólo se hizo el favorito del público, sino que las acciones de la compañía alcanzaron un precio histórico y Microsoft pasó a ser parte gravitante del Nasdaq y uno de los líderes del crecimiento sostenido del índice de los últimos años.

Los consumidores -que de paso son los mismos personajes a los que al juez y al abogado querellante les gusta denominar "la gente"- prefirieron utilizar programas de Microsoft como Word y Power Point y dejar de utilizar programas de trabajo más antiguos y complicados como Word Perfect y Lotus. Lo mismo ocurrió con Internet Explorer.

Así las cosas, comenzó la comezón en las dependencias gubernamentales. Cómo podía ser que una empresa no contaminante, que emplea a millones de personas (sospechosamente también a muchos imigrantes), que ha sido responsable de gran parte del éxito económico reciente, bastión de la Nueva Economía, y que compitiendo con productos en permanente mejora, y una estrategia de alto volumen a un bajo precio, no pagara su tajada a la burocracia de turno. No señor. Con la resaca del pantanoso Distrito de Columbia no se juega.

No viene al caso relatar aquí lo lento y complicado para el ciudadano común que era un procesador 286 corriendo sobre DOS, y no hace falta salir a la calle para ver como la computación está hoy en todas partes. Los aparatos cibernéticos están presentes en los programas presidenciales, las revoluciones altiplanicas, la casa de su vecino, las aspiraciones de los jóvenes y los abuelos con marcapaso. Esta floreciente industria se debe a la creatividad y que sólo ha habido regulaciones mínimas y es bueno que así sea.

El crecimiento exponencial de la Internet está todavía en una fase inicial. Con industrias como Microsoft, aumenta la competencia, bajan los precios y más personas pueden tener acceso a una tecnología que será gravitante en el próximo siglo. Esperemos que la apelación sea favorable a una de las empresas que más ha influido en mi vida en los últimos años, agilizando mi trabajo y acercándome en forma entretenida y ágil a la información que manejan los que en mi niñez eran conocidos como Primer Mundo. Si usted lee esto en su PC, o un diario del mundo, reflexione y comprenderá que Microsoft es parte de su vida también.