Reparando la relación entre EE.UU. y Europa

Por Doug Bandow

La administración Bush ha ganado su guerra contra Irak. Ahora debe ganar la paz, lo cual incluye reparar las relaciones con varios aliados en la "Vieja Europa" y en otros lugares.

Aunque la cumbre económica del G-8 pareció haber sido cortés, el amargo preludio al ataque anglo-estadounidense en Irak ha afectado seriamente las viejas relaciones de amistad. Las autoridades de la administración Bush enfatizan que ellos no hicieron ninguna concesión a sus críticos.

"El liderazgo francés tiene trabajo por hacer para convencer al pueblo estadounidense que ellos se preocupan por la seguridad de nuestro país," proclamó el presidente Bush—luego su propio subsecretario de Defensa admitió que los reclamos de Washington sobre las armas de destrucción masiva de Irak fueron hechos por "razones burocráticas." De hecho, ambos bandos tienen mucho trabajo por hacer.

Aunque Estados Unidos es la potencia militar dominante del mundo, eso no lo dota de una sabiduría única. Ni tampoco se supone que los líderes de estados independientes y democráticos estén obligados a seguir ciegamente los designios de Washington.

Además, la postura de la administración Bush ha dejado una sensación de hipocresía. La devoción a los derechos humanos es admirable, pero Estados Unidos evidenció poca preocupación hacia éstos cuando apoyó a Saddam Hussein en su agresiva guerra contra Irán e ignoró los abusos de Turquía contra los kurdos.

Igualmente bochornosa fue la campaña de Washington por comprar aliados. El resultado fue una "coalición" variopinta la cual era conformada primordialmente por naciones que ofrecieron exageradas cartas de apoyo.

Y el papel de Europa no fue más honorable. El canciller alemán, Gerhard Schroeder, ganó la reelección al atacar a Estados Unidos, aún cuando nadie esperaba que Berlín se uniera a cualquier guerra.

Francia jugó el papel de aliado leal al aprobar la resolución inicial de la ONU el otoño pasado antes de convertirse en el crítico más agudo de Estados Unidos-mientras actuaba unilateralmente en Costa de Marfil. La "Nueva Europa" pudo haber apoyado a Washington, pero principalmente porque hacerlo no requería de ningún compromiso militar y más bien le ganaba apoyo para conseguir garantías de ayuda externa y de seguridad.

Los políticos canadienses denunciaron la política estadounidense aún cuando dependen de la protección militar de Estados Unidos. Insultos mezquinos y boicots le dieron la vuelta al globo.

Los ataques mutuos no sirven al interés de nadie. Reparar las relaciones requerirá primeramente de honestidad. El secretario de Estado norteamericano, Collin Powell, dijo recientemente que "este es un conflicto que nadie pidió, que no buscamos, que no queremos, y que hicimos todo lo posible por evitar."

Ninguna persona seria le podría creer. Washington estaba determinado en ir a la guerra; esa misma determinación hizo que el presidente Bush ganara apoyo popular en Estados Unidos. La administración Bush necesita justificar su decisión, no huir de ésta.

Washington debe admitir que exageró su caso. El fracaso en encontrar ninguna arma de destrucción masiva es profundamente humillante. Si Irak no estaba dispuesto a usar dichas armas para defenderse, entonces éstas aparentemente no existían o no valía la pena usarlas.

Al mismo tiempo, los críticos de Estados Unidos deberían reconocer que su posición refleja más una preocupación hacia el dominio estadounidense que un compromiso hacia el derecho internacional. Además, necesitan reconocer que Bush no es un vaquero loco, lo cual es evidente por su respuesta cautelosa a los ataques terroristas del 11 de septiembre.

Ambos bandos necesitan recuperar un sentido de proporción hacia el multilateralismo. Si Estados Unidos considera que sus intereses vitales están en juego, no debería esperar a la aprobación de la ONU para responder.

A pesar de eso, el multilateralismo tiene valor. Washington probablemente encuentre que el tortuoso proceso de crear un Irak democrático y estable sería más fácil si contara con un amplio apoyo internacional. Heidemarie Wieczorek-Zeul, ministra de cooperación y desarrollo económico de Alemania, sostiene que "no puede ser que los estadounidenses y británicos bombardeen y que la 'Vieja Europa' pague."

Aún así, los críticos de Estados Unidos estaban equivocados al mantener a Irak rehén de sus ambiciones al conservar las sanciones. La aprobación de una resolución de la ONU concerniente a Irak podría ser el inicio de una cooperación genuina.

Europa requiere un ejército verdadero si quiere que la tomen en serio en los asuntos internacionales. Washington podría contar a estados sin fuerzas armadas como miembros de "coalición" cuando le conviene, pero no les tomaría en cuenta en otras situaciones.

Sin embargo, Estados Unidos no debería usar sus fuerzas para chantajear. Washington no necesita defender a Alemania y Alemania no necesita ser defendida por Estados Unidos. Hay que retirar las fuerzas estadounidenses por esas razones, no para castigar a estados aliados.

Además, Washington no debería hacerse ilusiones de que la "Nueva Europa" reemplace a la "Vieja Europa." La primera podría tener un potencial económico y político de largo plazo, pero permanece dependiente al acceso a los mercados y subsidios de los miembros más viejos de la Unión Europea. Los europeos del Centro y Este han traído a la OTAN responsabilidades estratégicas en lugar de aportes de defensa.

La amarga disputa entre aliados permanece desagradable, pero ofrece una oportunidad para repensar relaciones anticuadas. Estados Unidos y Europa comparten muchos objetivos, de la cooperación en inteligencia al desarrollo económico y la asistencia en seguridad.

Pero los aliados no deberían asumir que sus intereses siempre convergerán. Deberían hacer lo menos dolorosa posible la evolución de sus amistades.

Traducido por Juan Carlos Hidalgo para Cato Institute.