Reforma del seguro social

Por Jamie Dettmer

Los legisladores Republicanos están encontrándose con mucho escepticismo sobre la reforma del seguro social en sus distritos locales y han regresado a Washington después de sus vacaciones preparados para expresar su nerviosismo a los periódicos. ¿De verdad pensaron que reformar el bebé del New Deal sería fácil?

Reformas significantes requieren dureza y tenacidad política cuando se trata de explicar por que el cambio es necesario. Entonces, ni los congresistas Republicanos ni la Casa Blanca se han lucido en exponer la reforma. No han puesto énfasis en los ricos y tópicos populistas de la dignidad que confiere la propiedad y del derecho de disponer de las ganancias y ahorros de uno mismo. Son estos argumentos los que podrían ganar el debate político.

Las encuestas de opinión recientes corroboran esto: En vez de fortalecer a la mayoría a favor de la reforma y la introducción de cuentas individuales, los esfuerzos de comunicación Republicanos en el último mes han debilitado a las mayorías que están a favor de la reforma. La oposición a la reforma está desempeñándose muy bien en su labor de sembrar miedo, mientras que el partido Republicano se ha ido por tangentes y está siendo visto por el público negociando consigo mismo sobre como reformar el Seguro Social.

Con la Casa Blanca insistiendo que todo está sobre la mesa—desde aumentar el impuesto tope hasta cuentas adicionales—la administración está confundiendo a los estadounidenses ordinarios, quienes han de estar preguntándose qué es lo que quiere el presidente que ellos endosen.

En las últimas semanas, los legisladores Republicanos han estado desmoralizándose con habladurías derrotistas sobre posponer la reforma hasta el próximo año, como si fuera más fácil realizarla en el año justo antes de las elecciones de medio período. La actitud defensiva ha alcanzado hasta los altos rangos del liderazgo Republicano en el Congreso: el líder de la mayoría del Senado Bill Frist y el líder de la mayoría del Congreso Tom DeLay advirtieron la semana pasada que la revisión podría tomar mucho más tiempo de lo que se esperaba.

La ex-Primer Ministra de Inglaterra, Margaret Thatcher, la cual implementó reformas que han influido la formación de las ideas de la “Sociedad de Propietarios” de la administración de Bush, solía prestar poca atención a los oponentes dentro de su partido que permitieron que la oposición los asuste. Ella les decía “Nervous Nellies” (similar a ‘Chicas Nerviosas’), argumentando, en las palabras de uno de sus ex-autores de discursos, que “si te lanzas a hacer algo de manera indecisa, entonces por supuesto que perderías”.

La claridad de propósito que tenía la Sra. Thatcher estaba basada en su creencia de que lo que las personas querían del gobierno era que este tenga el coraje de defender sus propias convicciones. Su exasperación aumentaba cuando sus colegas de gabinete le decían que nada se podía hacer sobre el desmesurado poder de los sindicatos, industrias nacionalizadas ineficientes, inflación, impuestos altos, o la cultura de dependencia de un estado de beneficios. Los Conservadores en oposición estaban tan sorprendidos como los políticos del partido Laboral cuando resultó ser que la Dama de Hierro estaba siendo totalmente seria sobre permitir que los arrendatarios compren sus propias casas que antes eran propiedad estatal, esta siendo posiblemente la más grande de sus ideas y una reforma que estableció la base para una demografía política nueva en Inglaterra.

Es esta reforma, la venta de viviendas del estado, la que directamente inspiró a Karl Rove y a otros en la Casa Blanca, de acuerdo a un reporte de la revista política The Spectator. En un discurso dado recientemente en Washington, el Sr. Rove dijo, “La analogía más cercana a lo que el Presidente Bush está tratando de hacer con su énfasis en una ‘sociedad de propietarios’ puede ser encontrada en las políticas de Margaret Thatcher”.

Entonces la Casa Blanca y los Republicanos tal vez deberían tener el coraje de defender sus convicciones y luchar por grandes metas como lo hubiera hecho la Sra. Thatcher.

Esto no tiene que ser tan complicando como lo está haciendo la Casa Blanca. Hay tres argumentos enormemente populares para la reforma de cuentas individuales: propiedad, habilidad de heredar, y decisión.

Los estadounidenses jubilados pueden retirar beneficios del Seguro Social, pero no son dueños de estos, y estos se están agotando. Muchos jubilados insisten que ellos ganaron estos beneficios, pero bajo el sistema actual, ese no es el punto. El congreso puede cambiar los beneficios cuando quiera, y lo ha hecho así en el pasado. En la resistencia a los requisitos para calificar para recibir Seguro Social, vemos toda una clase política tratando de mantener viva la ficción de que este es un programa de jubilación meritorio y no uno de redistribución.

El argumento de la habilidad de heredar se desempeña bien en las encuestas por una muy buena razón. Las cuentas de jubilación personal serían voluntarias. Aquellos que le tengan miedo a los mercados podrían escoger no invertir sus impuestos del Seguro Social y conformarse con los beneficios más bajos del sistema actual, y los empleados asalariados que confían en los mercados para rendir mejores ganancias podrían escoger invertir en los mercados. Todos obtienen lo que quieren.

La reforma del Seguro Social se ha desencaminado porque los Republicanos se han desviado del mensaje. Trucos y esquemas—como las cuentas adicionales, aumentos de impuestos, aumentos a los salarios tope y el resto—no son las claves para ganar el debate sobre la reforma del Seguro Social.

Traducido por Gabriela Calderón para Cato Institute.