¿Quién teme al petróleo feroz?

Por Lorenzo Bernaldo de Quirós

La fuerte corrección bajista experimentada por las bolsas a comienzos de la semana es la consecuencia inevitable de dos tipos de fenómenos interrelacionados: La probable elevación de los tipos de interés en los EE.UU. y la escalada de los precios del petróleo. Estas dos tendencias se retroalimentan. Sugieren un escenario potencial de menor crecimiento económico y de mayor inflación que los esperados y, en consecuencia, los mercados bursátiles ajustan sus expectativas ante el panorama de una moderada estanflación. El sentimiento de los inversores se ha modificado de una manera racional ante la emergencia de unos hechos inesperados que amenazan poner en peligro la incipiente recuperación de la economía mundial. Sin embargo existe un peligro de sobre reacción por parte de los inversores y de los gobiernos que es necesario poner en su verdadera dimensión.

La subida de los precios del oro negro por encima de los 40 dólares el barril en 1990 y 2000 provocaron recesiones en los EE.UU. y en algunos estados de la OCDE. Una espiral alcista de esa naturaleza constituye un “shock” de oferta negativo que incrementa los costes de producción de las empresas, eleva el nivel general de precios y, en consecuencia, deprime la actividad productiva y el empleo. Esto es cierto pero es necesario introducir algunas correcciones. Por un lado, en 2004, un barril a 40 dólares estaría sustancialmente por debajo de su media histórica en términos reales. Por otro, el declive del dólar frente al euro compensa en buena parte el encarecimiento de las importaciones europeas de crudo. De hecho, su precio se ha situado en el primer trimestre de este año alrededor de los 25,3 euros, cuatro dólares menos que en el mismo período del año anterior. Ahora bien, un encarecimiento sostenido del petróleo por encima de los 40 dólares sí tendría un impacto muy negativo sobre los países emergentes del sudeste asiático incluidos los dos grandes, China y Japón cuya economía comienza a reactivarse tras largos años de depresión.

Por lo que respecta a los Estados Unidos, locomotora de la economía internacional, el golpe de la subida del precio del barril no tiene porqué ser demoledor. En su informe del pasado 5 de mayo, el Departamento Norteamericano de Energía informaba que el stock de gasolina del país ha crecido de 4 millones de barriles a 204 millones en la semana anterior a su publicación, la tercera semana consecutiva de incremento. Si a eso se une la presencia de una considerable Reserva Estratégica de Petróleo (REP), las posibilidades que tienen los EE.UU. de amortiguar un “shock” petrolífero dentro del país y su extensión al resto del mundo son muy altas, mucho más de lo que lo eran hace tan sólo una década. La utilización de la REP una es un arma de un solo disparo pero su efectividad sería decisiva si el gobierno norteamericano se muestra dispuesto a emplearla, variable que antes o después incorporarán los mercados a sus expectativas (Adelman M.A., The Real Oil Problem, Regulation, Cato Institute, primavera 2004).

¿Es probable que el coste del crudo se consolide por largo tiempo por encima de los 40 dólares barril? La respuesta es depende. En principio, el aumento del precio del crudo estimulará la producción ofrecida al mercado por otros países no integrados en el OPEP, básicamente Rusia, Nigeria, Noruega y Méjico. Si esto sucede, las propias fuerzas de la oferta y de la demanda presionarán para que el coste del barril descienda a lo largo de los próximos meses. El cártel petrolífero controla ahora un tercio del mercado mundial frente al 65 por 100 en los años setenta. Por otra parte, su consistencia interna es menor que la del pasado y le resulta mucho más difícil imponer sus decisiones a todos sus integrantes. En 1999, los saudíes se quedaron solos en su intento de imponer recortes de la producción a toda la OPEP.

Además, la delicada coyuntura del Oriente Medio plantea amenazas crecientes de inestabilidad económica, social y política para los países de la región si su principal fuente de ingresos, el petróleo, se ve afectada de manera negativa por la presencia de un crudo tan costoso que genere una caída de su demanda por parte del resto del mundo. Con demasiada frecuencia se olvida que Arabia Saudita, Kuwait, los Emiratos y los demás grandes productores del Oriente próximo tienen una dependencia total del crudo, mucho mayor que sus importadores, ya que han fracasado en desarrollar otros sectores económicos. Los ingresos procedentes del petróleo se han gastado en armamento, subsidios y proyectos faraónicos pero no se han empleado en construir economías capaces de crecer, competir y generar empleo.

Por otra parte, una de las causas del encarecimiento del oro negro han sido las huelgas que se desencadenaron en 2003 en la industria petrolera de Nigeria y Venezuela. Quizá esa situación se convierta en una enfermedad crónica pero no tiene porqué ser así. Desde esta perspectiva, la principal amenaza de fondo para la estabilidad del mercado mundial de crudo procede de la posibilidad de que se produzcan ataques terroristas contra las infraestructuras petrolíferas de Arabia Saudita y que éstos afecten de modo contundente a su capacidad de producción y/o de suministro. Esta hipótesis no es descartable y es el único factor real que podría activar una brutal y estable escalada del precio del barril. Aquí se topa de nuevo con Al Qaeda y sus aliados que eran antes y después de la invasión de Irak, el principal elemento desestabilizador de la economía y de la política globales.