¿A quién no le gusta ser Papá Noel?

Gabriela Calderón de Burgos explica que cuando los políticos descubren que pueden financiar aumentos en el gasto público vía endeudamiento sin tener que incurrir el costo político de aumentar los impuestos, es difícil que dejen de hacerlo.

Por Gabriela Calderón de Burgos

Guayaquil, Ecuador— La semana pasada expliqué porque el gasto público no estimula la economía y sugerí que el gobierno no debería de endeudarse. Algunos lectores me dijeron que no todo endeudamiento es malo, que muchas veces un individuo o negocio o familia tiene que endeudarse para poder realizar inversiones que les permitan salir adelante. Esto es cierto. No obstante, consideremos con mayor detenimiento lo que sucede cuando un gobierno se endeuda y cuando un individuo, familia o negocio lo hace.

En el segundo caso, el individuo o parte privada generalmente tiene que ofrecer uno o varios de sus activos como colateral. En este caso, la persona o empresa que toma la decisión de endeudarse está arriesgando algo suyo. Cuando el gobierno se endeuda, los políticos que están en el poder y toman la decisión de endeudarse no tienen que poner en riesgo su patrimonio personal. El riesgo se lo endosan a todos los contribuyentes ecuatorianos del futuro. Los contribuyentes-votantes que eligieron a los políticos que deciden endeudarse hacen lo mismo. No obstante, esa deuda tendrá que ser pagada por sus hijos, nietos o bisnietos y etc., quienes no tienen voz ni voto hoy.

El Premio Nobel James Buchanan y Richard Wagner argumentan en Democracia en déficit: La herencia política del Señor Keynes (disponible en inglés) que en la era post-Keynes se ha roto el nexo entre el gasto público y la tributación. Los políticos han descubierto una manera conveniente de aumentar el gasto sin sufrir el costo político de aumentar los impuestos: se endeudan, transfiriendo el costo (impuestos más altos) a generaciones posteriores.1 En Ecuador, los políticos además de endeudarse, pueden aumentar el gasto público sin aumentar impuestos utilizando la renta petrolera.

Buchanan y Wagner aseveran que “el financiamiento con deuda pública reduce el precio percibido de los bienes y servicios públicos. Como resultado de esto, los ciudadanos-contribuyentes aumentan su demanda de tales bienes y servicios”. En ese escenario, ¿a qué político no le va a gustar ser Papá Noel?

Sin embargo, advierten los autores, “no es posible aumentar el consumo hoy, al menos sin un aumento en el ahorro, sin disminuir el consumo de mañana. La escasez es, de hecho, una realidad de la vida y las instituciones políticas que no confrontan este hecho son una amenaza para la existencia de una sociedad próspera y libre”.

Para 2009, la deuda pública total del Ecuador constituye 19,6% del PIB.2 Aunque este porcentaje no es alarmante, el crecimiento desaforado del gasto si lo es (llegará a casi el 40% del PIB en 2011)3 y depende de ingresos extraordinarios por petróleo e impuestos que muy probablemente tendrán que ser suplementados con más deuda en el futuro. Además, el endeudamiento interno genera en el corto plazo una presión al alza en las tasas de interés.

Otro problema es que hoy, nadie está pagando el costo real de las inversiones y subsidios. Los ecuatorianos del futuro se encontrarán con un país sin ahorros, con un endeudamiento mucho más alto y probablemente ni podrán gozar de las obras públicas y subsidios por los cuales tendrán que pagar. El creciente endeudamiento y la dilapidación del ahorro y recursos nacionales resultarán en que el día de mañana no haya fondos ni para darle mantenimiento a esas obras públicas.

Este artículo fue publicado originalmente en El Universo (Ecuador) el 17 de noviembre de 2010.

Referencias:

1. Buchanan, James; Wagner, Richard. Democracy in Deficit: The Political Legacy of Lord Keynes. Liberty Fund. 2000.

2. Carta Económica de CORDES. Octubre de 2010.

3. El presupuesto proyectado para 2011 es de $24.000 millones y el PIB proyectado para el mismo año es de $59.848 millones (crecimiento de 5%) de acuerdo al Banco Central del Ecuador.