¿Quién es el responsable?

por Walter Williams

Walter Williams es profesor de economía en la Universidad George Mason y académico asociado del Cato Institute.

Yo simplemente pregunto, ¿qué tienen que ver los demás si yo no planeo adecuadamente para mi retiro o si no ahorro para educar a mis hijos? O si yo no me amarro el cinturón manejando mi auto o no me pongo el casco para pasear en la motocicleta o si no hago suficiente ejercicio. ¿Es función del gobierno obligarme a todas esas cosas, bajo la pena de castigo? En otras palabras, ¿debe el Congreso tener el poder de obligar a la gente a hacer lo que le conviene a su salud, a su seguridad y a su bienestar?

Por Walter E. Williams

Yo simplemente pregunto, ¿qué tienen que ver los demás si yo no planeo adecuadamente para mi retiro o si no ahorro para educar a mis hijos? O si yo no me amarro el cinturón manejando mi auto o no me pongo el casco para pasear en la motocicleta o si no hago suficiente ejercicio. ¿Es función del gobierno obligarme a todas esas cosas, bajo la pena de castigo? En otras palabras, ¿debe el Congreso tener el poder de obligar a la gente a hacer lo que le conviene a su salud, a su seguridad y a su bienestar?

Me temo que la mayoría piensa que el gobierno debe obligar a la gente a hacer lo que más le conviene respecto a la salud, seguridad y bienestar. Piensan que si no me pongo el casco al pasear en mi motocicleta, puedo tener un accidente, convertirme en un vegetal y por lo tanto en un peso para los que pagan impuestos.

Tal manera de pensar fue lo que motivó el fanatismo contra el cigarrillo, los impuestos confiscatorios a los fumadores y las demandas del gobierno federal y de los estados contra las tabacaleras, bajo la excusa de recuperar el costo de la atención médica en las enfermedades relacionadas al cigarrillo. Ahora, los mismos neonazis se han volcado contra la industria alimenticia, demandando a McDonald's, Burger King, Wendy's y KFC, acusándolos de crear adicción a los alimentos grasosos.

Supuestamente, esas cadenas de restaurantes de comida rápida contribuyen a crear problemas de salud relacionados con la obesidad, y ahora los mismos activistas exigen que el gobierno le imponga regulaciones e impuestos a los alimentos que ellos consideran poco nutritivos. Y los temerosos presidentes de las cadenas de comida rápida, igual que sus colegas de la industria tabacalera, están negociando con los abogados demandantes. Tal cobardía no sorprende porque esos mismos ejecutivos simplemente aumentan los precios y le pasan el costo adicional al público consumidor.

Que yo tenga un grave accidente por no usar el cinturón de seguridad de mi auto o que me enferme por comer demasiado ¿es, acaso, un problema de exceso de libertad? No. Yo diría que es un problema del socialismo. No existe ningún fundamento moral para que el gobierno tome dinero del trabajo de una persona, a través de impuestos, para darle atención médica a un tercero. Hacerlo es ligeramente menos ofensivo que la esclavitud. Recordemos, que la razón de ser de la esclavitud era obligar a unos a trabajar en beneficio de otros.

Si el gobierno tiene la responsabilidad de cuidarnos, nos va también a dictar cómo debemos vivir. Ya el gobierno tuvo éxito en su campaña contra los fumadores y ahora va a proceder a ayudar a abogados y a jueces truhanes a hacer lo mismo contra las cadenas de comida rápida, los fabricantes de bebidas gaseosas, de dulces y demás productos que consideren poco nutritivos y recargados en calorías.

El próximo paso, en esa misma lógica, es crear un cuerpo de policías para obligar a la gente a hacer ejercicio, caminar tres kilómetros cada día, montar en bicicleta o ir al gimnasio. ¿Cree Usted que estoy exagerando? Eso es exactamente lo que pensaría alguien que murió en 1950 y le cuentan lo que hoy sucede con los fumadores y la comida rápida.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
© Todos los derechos reservados. Para mayor información dirigirse a: AIPEnet