Protocolo hecho a medida de presidentes

Víctor Pavón considera que la adenda firmada en Montevideo al Protocolo de Ushuaia "Es un protocolo hecho a medida de los presidentes cuyo propósito es hacerlos permanecer el poder sin temor a juicio político alguno, desconocer a los congresos y tener un reaseguro para que cualquier crítica de mal gobierno o mal desempeño en sus funciones sea catalogada de amenaza a la democracia".

Por Víctor Pavón

El documento originario de Ushuaia es una garantía para la democracia en los países que conforman el Mercosur. La adenda firmada en Montevideo por el presidente paraguayo Fernando Lugo y sus colegas no lo es. Es un protocolo hecho a medida de los presidentes cuyo propósito es hacerlos permanecer el poder sin temor a juicio político alguno, desconocer a los congresos y tener un reaseguro para que cualquier crítica de mal gobierno o mal desempeño en sus funciones sea catalogada de amenaza a la democracia.

Algo tenía que producir el Mercosur con sus pomposos y costosos encuentros. No fue el libre comercio en la región, la reducciòn de los aranceles, las garantías a los genuinos empresarios ni la denuncia sobre el proteccionismo de nuestros vecinos para el ingreso de los productos de la industria paraguaya o la venta de nuestra energía eléctrica. Nada de eso. A los altos costos que recaen al final sobre los contribuyentes en mantener la burocracia mercosurina, ahora los presidentes se decidieron por un auto regalo. ¡Y qué regalo! Con la ampliación del Protocolo de Ushuaia provocaron un retorno al pasado mediante un giro hacia el autoritarismo regional.

Aquí el tema del debate es uno solo. Si los presidentes con esta adenda pueden autorizar el ingreso de militares de los demás países cuando se crean amenazados, entonces se terminó el control del poder. Y si no se tiene control del ejecutivo, entonces las instituciones solo sirven de adorno para dar lugar a la corrupción. Pero ese tema le tiene sin cuidado al pequeño grupo electoral que accedió al gobierno en el 2008 en Paraguay. Desde el presidente Lugo, pasando por sus principales asesores y simpatizantes, la adenda es el puente de plata que tanto deseaban, luego de percatarse una vez más de su notoria orfandad popular en las urnas. Pero, afortunadamente la prensa libre liderada por ABC Color no les da tregua a los autoritarios e incoherentes que autodenominándose "anti imperialistas", ahora sin embargo no tienen la menor verguenza de defender un documento que autoriza el ingreso de fuerzas militares extranjeras en terrritorio paraguayo.

De acuerdo al documento solo basta que el poder ejecutivo por medio de su presidente se sienta amenazado para autorizar la intervención militar de los demás países miembros. La adenda es lo contrario de la genuina democracia constitucional pues ésta requiere el control del poder. A partir de ahora los presidentes tendrán amplias facultades que convertirán al poder ejecutivo en una super estructura no controlada por los congresos sino por los intereses personales y electorales del grupo al cual pertenece el mandatario de turno.

Ciertamente a los presidentes les debe encantar la adenda. Este documento les permitirá hacer alianzas entre sus gobiernos de modo a consolidar sus proyectos, donde ellos mismos serán los actores principales y/o designarán a los que les sucederán. Ni siquiera a los monarcas se les hubiera ocurrido esta idea dado que el linaje de sangre tampoco era una garantía para seguir disfrutando de los privilegios de la corona.

De ahí que el control del poder es fundamental a la genuina democracia. La coerción que tiene cualquier gobierno de imponer sus programas está limitada por los mecanismos de control del poder. El poder ejecutivo se encuentra limitado por la previa deliberación y aceptación por parte del congreso y estos dos poderes, a su vez, se enfrentan en su momento a los recursos de inconstitucionalidad planteados ante el poder judicial. A partir de aquí, los tres poderes del Estado, ejecutivo, legislativo y judicial, empiezan a cumplir cada cual su rol para impedir que cualquiera de los poderes tenga supremacía sobre los restantes. Esta arquitectura institucional de dividir el poder no tiene otro propósito que la de impedir la centralización del poder en unos pocos mediante el sistema constitucional de pesos y contrapesos. .

En caso que uno de esos poderes actúe desconociendo el sistema, los mecanismos institucionales deben manifestarse impidiendo su avance. Esto es lo que se llama control del poder. Si no ocurre esto, como debería suceder con el congreso paraguayo rechazando el documento firmado por el presidente Lugo, el camino hacia una regresión polìtica en el país se hará realidad con la complicidad de los mismos legisladores que fungen de representantes del pueblo. La corrupción, la venta de influencia, las licitaciones amañadas, el enriquecimiento ilícito y el robo al erario son todavía más escandolosos e impunes donde no existe control del poder. La adenda al Protocolo de Ushuaia se firmó a medida de los presidentes y es una invitación al retorno del autoritarismo regional.

Este artículo fue publicado originalmente en ABC Color (Paraguay) el 10 de enero de 2012.