Protegiendo al ambiente

Por Walter E. Williams

El que uno no esté de acuerdo con los extremistas ambientales del mundo no quiere decir que uno desee aire y agua contaminada o que uno esté en contra de la conservación y la protección de especies en peligro de extinción. El Dr. Richard Stroup, profesor de economía de la Universidad Estatal de Montana y asociado titular del Center for Free Market Environmentalism, explica enfoques de sentido común sobre temas ambientales en su nuevo libro, Eco-nomics: What Everyone Should Know About Economics and the Environment.

Stroup comienza con la primera lección en economía: Existe escasez. Eso quiere decir que más de una cosa significa menos de la otra. El condado de San Bernardino en California estaba preparado para empezar la construcción de un hospital. Así fue hasta que el Departamento de Pesca y Vida Salvaje de Estados Unidos descubrió que la amenazada mosca de las Arenas de Delhi se encontraba en el lugar. El condado tuvo que gastar $4.5 millones para mover el hospital 75 metros; también tuvo que desviar fondos de su misión médica para pagar por los estudios obligatorios sobre la mosca de las Arenas de Delhi.

Pregunta: ¿Valía la pena? Por el lado beneficioso, tenemos la supervivencia de algunas moscas de las Arenas de Delhi, pero, ¿qué hay de los costos? ¿Qué tanto sufrimiento y dolor y hasta quizás la pérdida de vidas humanas hubo debido a que millones de dólares fueron desviados de la misión médica del hospital?

El análisis de Stroup nos advierte que siempre tenemos que tener en cuenta los efectos secundarios no anticipados de una regulación. En otras palabras, los beneficiarios de una regulación tienden a ser fácilmente detectados, pero las víctimas son invisibles.

David Lucas poseía una propiedad costera que el gobierno de Carolina del Sur le informó que no podía desarrollar, aún a pesar de que sus vecinos de al lado sí se les permitió construir en sus propiedades. Las regulaciones de Carolina del Sur le quitaron prácticamente todo su valor a la propiedad costera de Lucas. Éste demandó, y la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos obligó al gobierno de Carolina del Sur a pagarle $1 millón. Una vez que el estado fue obligado a pagarle a Lucas esa cantidad de dinero, las autoridades cambiaron su opinión sobre el valor de mantener la línea costera libre de construcciones. De hecho, se la vendieron a una constructora.

Las acciones de Carolina del Sur demuestran que los incentivos importan. Los costos que pesan sobre otros tendrán menos efecto en nuestras decisiones que cuando los pagamos directamente. Los ambientalistas disfrutan cuando el gobierno puede obligar a los ciudadanos a cargar con los costos de su agenda, todo lo opuesto a requerirle al gobierno que les pague a los dueños por las pérdidas en sus propiedades producto de una regulación u otra. Es más barato, y eso significa que las autoridades gubernamentales cederán más fácilmente a las demandas ambientalistas.

En otras palabras, las regulaciones que le impiden a un propietario usar su tierra debido a un pájaro carpintero, o evitar que un finquero cultive en su propiedad por una rata en peligro de extinción, o prevenir que el dueño de una casa construya un cortafuego para proteger su hogar produce costos que son cargados privadamente. Si el gobierno tuviera que compensar a la gente por las regulaciones que reducen el valor de sus propiedades, se tomarían decisiones más inteligentes. Además, si una medida en particular beneficiará al público, ¿por qué sus costos deberían ser cargados privadamente?

Los ambientalistas pierden los estribos cada vez que se habla de extraer decenas de miles de millones de dólares en petróleo en el Refugio Nacional de Vida Silvestre de Alaska. ¿Por qué? Porque no les cuesta nada.

Predigo lo siguiente:. Si le diéramos a los ambientalistas el Refugio Nacional de Vida Silvestre de Alaska, uno puede apostar hasta el último dólar de que habrá explotación petrolera. ¿Por qué? Porque ahora les costaría algo mantener el petróleo en el subsuelo. La Audubon Society es dueña de la Reserva Rainey en Lousiana, un refugio de vida silvestre. Hay petróleo y gas natural en dicha propiedad, y la organización ha permitido la explotación de los recursos durante más de medio siglo. No permitir las perforaciones, en el nombre de salvar al ambiente, les hubiera costado millones de dólares en ingresos.

Eco-nomics de Stroup tiene menos de 100 páginas pero contiene poderosas lecciones para enfoques sensibles a los problemas ambientales del mundo.

Traducido por Juan Carlos Hidalgo para Cato Institute.