Propagando el vendaval del huracán

Por Patrick J. Michaels

Los noticiarios adoran los huracanes. Usualmente se originan lejos, bien lejos, proporcionando por lo menos una semana de noticias. Y usualmente empiezan con fuerza. En el Atlántico tropical, los huracanes jóvenes se manifiestan en presiones barométricas sorprendentemente bajas y con vientos desafiantemente sostenidos. La presión mas baja del Huracán Iván, por ejemplo, hubiera causado que la aguja en el barómetro de su casa de dos vueltas. Las paredes de vientos resultantes en forma de ojo forman un tornado de 20 millas de ancho.

Es algo increíble. Pero usualmente se debilitan considerablemente al llegar a los Estados Unidos, debido a nuestra latitud más norteña y al hecho de que los huracanes no se desarrollan bien cuando gran parte de su circulación es sobre tierra firme, lo que tiene que ocurrir cuando se acercan a Norte América.

Eso no detiene a la máquina propagandista. Mientras nos gusta calcular daños a la propiedad y pérdidas, nadie menciona los ingresos fantásticos que estas tormentas le generan a la prensa, o que el constante tamboreo de Charley-Frances-Iván, Charley-Frances-Iván debe tener repercusiones políticas.

Y así, Tony Blair estuvo recién en Washington para visitar a John Kerry, donde atribuyó el Huracán Iván al alarmante calentamiento global.

Me gusta casi todo sobre Tony Blair. Es inteligente, amable y un verdadero amigo de una nación que necesita unos cuántos. Pero está muy equivocado sobre el calentamiento global y el aconsejar a Kerry rescatar su carrera con propaganda ambientalista apocalíptica invita a una evaluación por especialistas climáticos, un grupo relativamente grande de gente que se dedica a estudiar el clima en un país súper preocupado por el clima.

El problema de Blair es que escucha a su consejero científico, Sir David King, quien es uno de los halcones más mal informados de este reverdeciente planeta. Para ser precisos, King señaló la ridícula película sobre calentamiento global “El Día Después de Mañana” como científicamente posible, la cuál debió echar por los suelos su credibilidad. Ahora advierte que la actividad de los huracanes este año es producto del calentamiento global y que ese calentamiento empeorará los huracanes.

Aquí está el argumento simplista. Los huracanes requieren agua cálida. Calentamiento global significa más de eso. Por lo tanto, más huracanes.

El hecho es que hay más que suficiente agua cálida cada año—virtualmente el océano tropical entero está suficientemente caliente y, aún así, solo hay alrededor de 10 por año en el Atlántico. La verdadera pregunta de investigación sobre estas tormentas no es ¿porqué hay muchas?, sino ¿porqué hay tan pocas, dado la masiva cantidad de agua cálida disponible para ello?

Y he aquí la verdadera inconveniencia científica del argumento de Blair. El planeta se calentó ligeramente—mucho menos que lo predicho por gente como King—en la última mitad del siglo, pero mientras eso pasaba, los vientos máximos en huracanes del Atlántico se REDUJERON significativamente.

Como lo demuestra el científico Chris Landsea de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA por sus siglas en inglés), los vientos máximos medidos por aviones caza-huracanes en los últimos 50 años declinó significativamente.

Más aún, hay una argumento lógico (y algo legalista) que atribuye este cambio saludable al calentamiento global: los huracanes atlánticos son mucho más delicados de lo que su destrucción sugiere. Una cosa que no pueden tolerar es un viento occidental soplando hacia ellos porque destruye su simetría. Como resultado, sus vientos máximos disminuyen.

El Niño—otra máquina climática propagandista—genera precisamente este tipo de viento sobre el Atlántico. Es por eso que en los años de El Niño la predicción es de una temporada baja en huracanes.

En la segunda mitad de este último siglo, hubo un número inusual de años de El Niño en comparación a décadas anteriores. Algunos científicos (como David King) señalan que el calentamiento global está aumentando la frecuencia de El Niño. Pero si ese es el caso, entonces el calentamiento global sería responsable por la disminución de los vientos máximos de los huracanes.

¿Qué tanto impacto podría tener tal fenómeno? La disminución ha sido de alrededor de 15 millas por hora desde 1950. Esa no es una cifra pequeña ya que la fuerza de los vientos de un huracán se incrementa con relación al cuadrado de la velocidad. En el rango de Alta Categoría Tres/Baja Categoría Cuatro, éste cambio reduce la potencia en un 25 por ciento. Dado que los Estados Unidos experimenta alrededor de 15 huracanes fuertes cada década, y que el costo promedio es ahora alrededor de $5 mil millones por cada uno que golpea, se podría, si se acepta el argumento de El Niño (yo no pero otros lo aceptan), agradecer al calentamiento global el ahorrar alrededor de $13 mil millones por década.

Estos números no detendrán la máquina propagandista sobre huracanes. Pero se podría pensar que el consejero científico de Gran Bretaña tendría que haber estado suficientemente informado para haber evitado el que su primer ministro haya aconsejado a John Kerry que propagase el vendaval.

Traducido por Augusto Ballester para Cato Institute.