Primer año de la "Trumpnomics"

Lorenzo Bernaldo de Quirós considera que la filosofía económica del segundo mandato de Donald Trump no se inspira en los principios del capitalismo de libre empresa y, en consecuencia, no despliega una estrategia para acercarse a ese modelo.

Por Lorenzo Bernaldo de Quirós

Al cerrarse el primer año del nuevo mandato del Presidente Trump, los índices bursátiles se mantienen altos a causa del ciclo de inversión masiva en Inteligencia Artificial y en energía que ha contrapesado los efectos negativos de la política comercial sobre la formación bruta de capital en el resto de los sectores. El consumo privado no muestra signos de fatiga y el PIB se habrá incrementado en 2025 entre un 2 y un 2,1 por 100. A pesar de la subida de aranceles y contra las previsiones realizadas por la Casa Blanca, el déficit comercial no se redujo en el pasado ejercicio, subió ligeramente. 

La escalada arancelaria, inédita desde la infausta Ley Smoot-Hawley de 1930, no ha producido la contracción del PIB temida por el grueso de los analistas, entre otras cosas, porque los aranceles finales han sido inferiores a los anunciados en el llamado Día de la LiberaciónSin embargo, el proteccionismo ha detraído 0,8 puntos al incremento del PIB en 2025. En términos desagregados, ha costado 1.600 dólares anuales a cada hogar y se ha traducido en un sobrecoste de 125.000 millones de dólares para las empresas importadoras de inputs según los cálculos del Peterson Institute for International Economics.

En el terreno positivo, se sitúa el programa de desregulación impulsado por el Gobierno estadounidense. Ahora bien, éste ha mutado de ser una premisa de libertad horizontal a convertirse en una herramienta de discrecionalidad quirúrgica. No se asiste a una retirada uniforme del Estado en los mercados, sino a una liberalización condicionada donde el alivio normativo opera como un activo político. Mientras sectores estratégicos disfrutan de una poda burocrática masiva, ésta se administra de forma asimétrica, vinculando la exención regulatoria al alineamiento con los objetivos soberanistas del Ejecutivo.

Esa selectividad administrativa desvirtúa la neutralidad del mercado, transformando la desregulación en un mecanismo de premio y castigo. Al suplantar el imperio de la ley por la voluntad de la "mano pesada" del Ejecutivo, se practica una forma singular de estatismo cuyo peligro es degenerar en un capitalismo de amiguetes donde el éxito empresarial dependa de la capacidad de negociar excepciones regulatorias en Washington. Es una arquitectura que no reduce el poder del Gobierno sobre los mercados, sino lo sofistica: el Estado se reserva el derecho a decidir dónde y para quién se abren los ecosistemas de libertad.

En materia presupuestaria, el Gobierno ha mostrado un benigno desprecio por los elevados niveles de déficit y de deuda pública. El primero alcanzó casi el 6% del PIB y la segunda el 124% del PIB en 2025. El pago de intereses ya supera el billón de dólares anuales, absorbiendo casi el 20% de los ingresos fiscales totales. A pesar de las esperanzas de Washington, los aranceles no suturarán el agujero fiscal porque la recaudación procedente de ellos apenas cubre el 11,3 por 100 del déficit fiscal total. 

La mayor deficiencia de la actuación presupuestaria de la Administración Trump es su renuncia explícita, a ajustar/reformar el gasto social, que supone casi la mitad del Presupuesto federal. Al declarar intocables programas como Social Security, Medicaid y Medicare, cuya tendencia es expansiva, entre otras cosas por razones demográficas, la reducción del desequilibrio de las finanzas públicas es muy difícil  El resultado es un inmenso coste de oportunidad: se protege el gasto de hoy a cambio de una vulnerabilidad sistémica mañana. 

Por otra parte, resulta preocupante el intento de asalto gubernamental a la independencia de la Reserva Federal. Si ese riesgo se materializa, la credibilidad antiinflacionaria de la FED, elemento esencial para anclar las expectativas del mercado, sufriría un duro quebranto. La mix entre la ausencia de una estrategia de consolidación presupuestaria y una política monetaria no confiable podría deteriorar la confianza en el dólar como moneda reserva global. Por otro lado, la obsesión de Trump con bajar los tipos de interés es errónea cuando la tasa de paro se sitúa por debajo de la NAIRU (tasa de desempleo no aceleradora de la inflación). Para terminar, no parece sensato forzar un recorte de tipos de interés con una inflación que aún no ha convergido de forma estable hacia el objetivo del 2%.

La filosofía económica del segundo mandato de Donald Trump no se inspira en los principios del capitalismo de libre empresa y, en consecuencia, no despliega una estrategia para acercarse a ese modelo. Es una combinación de tres factores: primero, un mercantilismo beligerante que concibe el comercio y la política comercial como un juego de suma cero y una expresión de poder; segundo, una política fiscal expansiva de corte keynesiano a la que pretende sumar a la monetaria mediante el control de la Fed y una regulatoria selectiva, asimétrica que, en unos casos reduce la regulación y, en otros, la aumenta no en función de criterios de eficiencia, sino objetivos de naturaleza política. 

Este artículo fue publicado originalmente en El Economista (España) el 22 de enero de 2026.