Presidente Bush hace lo correcto en desairar Johannesburgo

Por Jerry Taylor

Los cotorreros del mundo se encuentran furiosos con la decisión del Presidente Bush de permanecer en Texas en lugar de viajar a Johannesburgo para asistir a la Conferencia sobre Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas. Los grupos ambientalistas norteamericanos lamentan que el presidente esté desestimando al tema más importante de la actualidad sin mayores consideraciones. Los europeos reclaman de que el presidente está evadiendo sus responsabilidades como líder de la nación más poderosa del planeta. Sin embargo, esto se asimila a los leones que se lamentan porque el cordero rechazó su invitación a cenar.

La verdadera razón por la cual los europeos están molestos es porque esperaban golpear al presidente como a una piñata mexicana por su rechazo al Protocolo de Kioto y al resto de su agenda ambiental internacional. No hay nada mejor que darle una buena paliza a los Estados Unidos, y el mejor escenario para tal obra es cuando el malo de la película se encuentra ahí para recibir su bofetada. También a los verdes les gustaría poder mostrarle a la audiencia norteamericana cómo su país se ha convertido en un "Estado bribón" en materia ambiental bajo el mando de Bush. Por lo tanto, no es un misterio que George Jr. esté renuente a recrear la desastrosa aparición de su padre en la Cumbre de Río hace 10 años.

Y no es que en Johannesburgo haya sobre la mesa algún asunto de importancia. Ningún tratado, protocolo, ni compromiso va a ser tratado. Solo habrá mucha discusión sobre cómo la pobreza en el Tercer Mundo es una conspiración de Occidente y además de suficientes tonterías emocionales sobre el pronto colapso del medio ambiente debido a nuestra testaruda insistencia en mantener un estándar de vida por arriba del de Pakistán.

Usted se podría preguntar si no estoy siendo un tanto duro. ¿Al final de cuentas quién podría estar en contra del "desarrollo sostenible"? Bueno, nadie. Pero la civilización humana se ha "sostenido" de buena manera desde la Revolución Industrial sin ninguna ayuda de Greenpeace, la Unión Europea o de las Naciones Unidas. Tomando la propia definición de la ONU-satisfacer las necesidades del presente sin comprometer la habilidad de las futuras generaciones de satisfacer sus propias necesidades-podemos decir que el desarrollo sostenible es una realidad aquí y ahora.

Veamos los números. La expectativa de vida alrededor del planeta se ha disparado en los últimos dos siglos. La gente está mejor alimentada, mejor vestida y con mejor techo que nunca antes. Los precios ajustados a la inflación de virtualmente todos los recursos, renovables y no renovables, continúan cayendo, lo que señala una creciente abundancia, no escasez. En el balance general, los bosques en el mundo se han expandido en los últimos 50 años. La contaminación del agua y aire en los países industrializados es una sombra de lo que era décadas atrás. Inclusive los países del Tercer Mundo han descubierto que, una vez que los ingresos per capita alcanzan cierto punto, el crecimiento económico coincide con un ambiente más limpio. Además, si las tendencias actuales en productividad, crecimiento poblacional y consumo continúan, estaremos en capacidad de devolverle a la naturaleza un pedazo de tierra del tamaño de la cuenca del Amazonas para el año 2070. De hecho, la marca humana en el ambiente se está haciendo más ligera y menos pronunciada.

Problemas tales como recursos marinos agotados, deforestación del bosque lluvioso, escasez de agua fresca y la pérdida de ecosistemas biológicos importantes, los encontramos en donde no existen derechos de propiedad establecidos, hay un mal manejo del problema de los comunes por parte del gobierno y en donde prima la pobreza, no la sociedad industrial.

El impacto de la pobreza en la degradación ambiental es mucho mayor que el de cualquier industria o el de consumidores norteamericanos gordos y contentos. Por ejemplo, 2 millones de personas mueren cada año debido a la contaminación causada por la combustión de estiércol, kerosén, y carbón para la calefacción de casas y para cocinar. La electrificación salvaría más vidas que cualquier arreglo que pueda salir de Johannesburgo. Sin embargo, la electrificación requiere de dinero que los países pobres carecen; y sería aún más difícil de costear si fuera aprobada la campaña de los verdes a favor de energía renovable para los países del Tercer Mundo. Tal mandato haría más cara la electricidad y, por lo tanto, alargaría el tiempo que se tarda en remediar el mencionado problema.

Similarmente, 3 millones de personas mueren anualmente en África debido a la pobre calidad del agua, otro problema que podría ser resuelto mediante mayor inversión en instalaciones para el tratamiento del líquido. No obstante, dichas inversiones no podrán ser construidas sin crecimiento económico, el cual no tendría lugar si las masas de Johannesburgo tienen éxito en hacer más caros los productos agrícolas, la energía, la madera y todo otro tipo de cosas, bajo el pretexto de proteger al ambiente.

Estos son problemas ambientales serios que necesitan ser resueltos. Sin embargo, casi todos los indicadores mundiales señalan mejoras, no deterioros, en el horizonte ambiental. El presidente Bush hace lo correcto en ignorar una conferencia dedicada a voltear al planeta en la dirección equivocada.