Pragmatismo y fanatismo

Por Manuel Hinds

Anteriormente he demostrado cómo los países civilizados del mundo redefinieron el socialismo en las últimas décadas. Se dieron cuenta de que dar al Gobierno el control de la economía era contraproducente, ya que en vez de generar riquezas para la población, el control gubernamental de la economía resultaba en estancamiento, altos grados de corrupción y menores fondos para invertir, en lo que ellos se dieron cuenta era el objetivo principal de una política de desarrollo social: la inversión en el capital humano. Consecuentemente con el entendimiento de esta realidad, estos países —Suecia, Noruega, Dinamarca, Finlandia, Nueva Zelanda, el Reino Unido, entre otros— liberalizaron radicalmente sus economías en los últimos treinta años, al punto de que ahora están entre los países más económicamente libres del mundo.

Con estas reformas, las tasas de crecimiento de estos países (que por décadas habían sido muy bajas) subieron rápidamente, generando recursos enormes para aumentar y mejorar la inversión en capital humano. Estas reformas demostraron la existencia de un saludable pragmatismo en el liderato de estos países. Para estos líderes, lo importante es lograr los objetivos, no imponer sus prejuicios.

El pragmatismo de estos países, que es una de las razones por las que son ricos, no se limita al área económica. Se extiende también a la manera en la que se realiza la inversión social. El pragmatismo es tal que gobiernos socialistas les copian ideas útiles a los conservadores y viceversa, buscando lo que produce buenos resultados en la realidad. Por ejemplo, el Partido Conservador del Reino Unido ha estado preparando una reforma del manejo de las escuelas públicas, que pondría en práctica si ganaran las próximas elecciones. El problema en el Reino Unido es que su calidad ha tendido a declinar a pesar de que el gobierno gasta enormes cantidades por alumno. Las deficiencias en calidad se observan no sólo en el promedio de los resultados obtenidos por los alumnos, sino también en la gran dispersión en dichos resultados: algunas escuelas son excelentes y están entre las mejores del mundo, mientras que otras tienen problemas serios de efectividad.

Tanto el gobierno Laborista como la oposición Conservadora están de acuerdo en que el sistema también ha perdido su flexibilidad y su habilidad de generar nuevos enfoques para la educación. En otras palabras, el sistema se ha esclerotizado. El Partido Conservador británico ha buscado inspiración en otros sistemas y está estudiando la adopción de los principios fundamentales que inspiraron una reforma profunda del manejo de las escuelas, que tuvo lugar hace 20 años en otro país europeo, no en uno manejado por conservadores sino en uno en el que los gobiernos socialistas han predominado por décadas: Suecia. Todavía más interesante que todo esto es que el concepto fundamental de la reforma llevada a cabo por los socialistas en Suecia no fue dar más poder al Estado o a los sindicatos de maestros para manejar a las escuelas, sino todo lo contrario: devolverles a los padres de familia el poder sobre las escuelas que sus hijos atienden.

Lo que la ley hizo fue permitir que los padres de familia crearan las así llamadas escuelas libres, que son manejadas por los padres de familia con fondos del Estado proveídos sobre la base del número de alumnos educados en cada escuela. Los padres de familia pueden crear estas escuelas de dos maneras: convirtiendo una vieja escuela convencional en una escuela libre, o estableciendo una escuela totalmente nueva. Los padres de familia nombran y despiden a los maestros y deciden sobre el uso de métodos de enseñanza tales como Montessori, Steiner Waldorf o Regio Emilia.

Los fundamentos del sistema sueco ahora considerado por el Reino Unido, no deberían de ser una novedad para los lectores que conozcan un poco del sistema Educo, que funciona en El Salvador desde principios de los años noventa, ya que son esencialmente los mismos: el poder a los padres de familia. Al igual que en Suecia, en El Salvador el sistema Educo se estableció por razones pragmáticas, es un sistema altamente eficiente para el manejo de escuelas y para generar cohesión comunal alrededor de éstas.

En el fondo, lo que el nuevo pragmatismo nos enseña es que el objetivo fundamental de toda política social y económica debe ser la maximización de las capacidades físicas, intelectuales, espirituales y emocionales de los individuos que componen una sociedad. En una época se creyó que el objetivo no era éste sino el llenar las necesidades del "Estado", que se consideraba superior al individuo. Pero la dura experiencia con los estados fascistas y comunistas, que subyugaban al individuo no a los intereses de un ente glorioso llamado Estado sino a los bajos intereses de tiranos y burócratas, mostró al mundo que la vida social no tiene sentido si no se centra en el individuo.

Es este pragmatismo, que ahora guía a países avanzados de diferentes ideologías, lo que tenemos que adoptar nosotros, así como hace años adoptamos Educo, que es ejemplo en otras partes del mundo.

Este artículo fue publicado originalmente en El Diario de Hoy (El Salvador) el 6 de marzo de 2008.