Por un colchón podría renunciar el vicepresidente de Uruguay

Hana Fischer señala la diferencia en reacciones públicas frente a denuncias de corrupción: cuando hay una relación transparente entre el gasto y el beneficio personal del funcionario público y cuando no esta no es visible.

Por Hana Fischer

El vicepresidente de Uruguay, Raúl Sendic, está en la picota pública. Actualmente se está hablando de su posible alejamiento de esa investidura. Según varios jerarcas y dirigentes del oficialista Frente Amplio, “un paso al costado” de Sendic es un escenario muy probable. Por su parte la oposición considera realizarle un juicio político si se confirma, que incurrió en algún tipo de delito y a pesar de ello, “decida no presentar renuncia a su cargo de vicepresidente de la República”.

Lo que está sucediendo en Uruguay, es útil para comprender los mecanismos utilizados por el poder político para apropiarse y malgastar los dineros públicos, sin recibir por ello una fulminante condena social. Eso permite que ese tipo de prácticas se extienda y perdure a lo largo del tiempo.

Vayamos a los hechos:

En 2010 Sendic fue nombrado presidente de Ancap, la monopólica petrolera estatal. Ocupó ese puesto hasta fines de 2013. Durante ese lapso, la empresa perdió $602 millones. La gravedad de la situación fue de tal magnitud, que el senador opositor Luis Lacalle Pou recalcó: “La empresa está quebrada y si no fuera estatal estaría pidiendo monedas en la esquina”.

A raíz de esa situación, en 2016 el gobierno de Tabaré Vázquez propuso un salvataje financiero de urgencia. La “solución” encontrada por las autoridades, fue pasarle “el fardo” de las pérdidas a la ciudadanía. Utilizando el “lenguaje de los políticos”, el Ministerio de Economía anunció con bombos y platillos que le había “condonado” la deuda a Ancap, que rondaba los $650 millones. A eso le agregó una ley de capitalización por $580 millones.

Según el Diccionario de la Real Academia Española, “condonar” significa “Perdonar o remitir una pena de muerte o una deuda”. O sea, que transmite la idea de que ese pasivo, por benevolencia estatal, se “evaporó”.

Pero nada más lejos de la verdad. La cruda realidad se esconde tras esta ley de capitalización y otras “ayudas” financieras estatales: esos $650 millones saldrán de los bolsillos de los contribuyentes mediante aumentos de impuestos y de tarifas de las empresas estatales monopólicas.

Pero es tan abstracto este tema y tan “sazonado” con palabras complejas, que a los habitantes se le hace difícil darse cuenta de ello. Por tanto, no originan grandes manifestaciones de protesta porque Juan Pueblo cree —erróneamente— que no le afecta directamente.

Otro aspecto de este asunto, es la estrecha relación que existe entre el alto cargo que ocupa actualmente Sendic y la utilización de los recursos de Ancap para beneficiar su propia carrera política. Por ejemplo, en agosto de 2013 realizó una fastuosa fiesta (costó $370 mil) para inaugurar una planta desulfurizadora, donde incluso estuvo presente la expresidenta de Argentina Cristina Kirchner y el entonces presidente uruguayo José Mujica. Con esa movida tuvo todos los flashes de la prensa enfocados sobre su persona.

Esa fiesta podría ser considerada el primer acto de campaña electoral de Sendic, con miras a las elecciones internas del siguiente año.

En función de acciones de ese tipo logró que la lista por él liderada, fuera la más votada en las internas de junio de 2014. El resultado consiguiente fue, que Vázquez lo escogió para ser su compañero de fórmula en las elecciones nacionales de ese año.

Por temas como este y otros de mayor gravedad, la oposición radicó ante la Justicia penal varias denuncias. Entre ellas, que los gastos de publicidad de Ancap en 2013 eran de $1,5 millones, y en 2014 saltaron a $10,7 millones.

O, que con dineros públicos pagara una costosa publicidad para la petrolera estatal —que estuvo presente en los más importantes medios de comunicación masivos— y que luego Sendic utilizara el mismo eslogan (“El Uruguay que queremos”) para hacer campaña para su sector político. Casualmente, todas acciones coincidentes con la campaña electoral de 2014, cuando Sendic se presentó como candidato a la vicepresidencia de la república.

La conjunción de las diferentes decisiones de Sendic, provocó un “agujero” en las finanzas públicas de unos $800 millones. Sin embargo, no han habido grandes manifestaciones de bronca popular porque la gente común cree que esa deuda es del “Estado”  y por tanto, no le concierne.

En aquel entonces el partido de gobierno apoyó la actuación de Sendic en Ancap. En un documento de 2016, expresaron que “no hubo irregularidades ni ilegalidades y que, por tanto, resultan desubicadas las denuncias que la oposición planea presentar ante la Justicia”.

Pero la situación comenzó a cambiar recientemente, cuando el semanario Búsqueda publicó que mientras Sendic presidió Ancap, utilizó las tarjetas de crédito corporativas en Uruguay y en el exterior para comprar ropa, electrónicos, joyas, libros, en el  supermercados, entre otras cosas.

Según las condiciones de uso de esas tarjetas, ellas deben ser usadas para cubrir “gastos imprevistos que surjan en sus misiones de trabajo”.

Tras la divulgación de esa información, Sendic afirmó que todas esas compras estuvieron relacionadas con su actividad laboral y que las realizó por “situaciones extremas”. Declaró que “todas esas compras tienen que ver con la actividad, en algún viaje había que comprar presentes para llevar, joyería, corbatas, libros, o un presente para una visita en Uruguay”.

Como respuesta a la justificación de Sendic, una semana más tarde Búsqueda detalló en qué circunstancias fueron realizados esos gastos: durante sus vacaciones en un balneario uruguayo, en una tienda deportiva en Moscú al regreso de su viaje, en una tienda de souvenirs en Chicago al día siguiente de terminar el evento al cual había asistido, y cosas por el estilo.

Al enterarse los ciudadanos de esas compras, la bronca popular alcanzó cotas siderales. El rugido de indignación se hizo sentir no solo en las redes sociales sino también en las encuestas de opinión, que muestran que si hoy fueran las elecciones, posiblemente el Frente Amplio las perdería.

Fue entonces que la “sensibilidad” ética pareció nacer en el partido oficialista. Por ejemplo, la Vertiente Artiguista advirtió que el Frente Amplio deberá tomar “las decisiones que corresponden” en casos de conductas inapropiadas “por dolorosas que puedan ser”. Y el Partido Demócrata Cristiano señaló, que Sendic “debería renunciar”.

Si consideramos estos dos hechos en términos monetarios, resulta incomprensible que el furor ciudadano haya brotado por el uso de las tarjetas corporativas de Ancap y no por haberla fundido. La posible malversación de los dineros públicos en el primer caso es de tan solo unos $57.575 mientras que en el segundo de $800 millones.

Entonces, ¿dónde estriba la diferencia?

El quid de la cuestión es que en el uso de las tarjetas corporativas la relación entre gasto y beneficio personal de Sendic es transparente. Ergo, la gente puede notarla con claridad. Ante esa realidad tan cristalina, no hay sofismas, medias verdades, ni mentiras puras y lisas que logren confundir al público.

Menos aún, cuando entre las compras realizadas figura…un colchón. Es imposible creer que Sendic le haya regalado un colchón a otro dignatario…

La lección que todos los pueblos deberían sacar de lo sucedido en Uruguay, es la relevancia de que haya una relación clara y directa entre el pago de impuestos y de tarifas estatales, y el uso de esa plata por parte de las autoridades.

Este artículo fue publicado originalmente en PanamPost (EE.UU.) el 11 de agosto de 2017.