¿Por qué subsidiar una visión automotriz?

por Patrick J. Michaels

Patrick Michaels es Académico Titular de Estudios Ambientales para Cato Institute.

Dejo registro de mi abierta condena a la promesa reciente de Al Gore de subsidiar a las personas que compren uno de los llamados "autos híbridos", unas máquinas aerodinámicas que combinan motores de combustión interna con motores eléctricos de manera que logran mejorar modestamente la eficiencia de los combustibles. Mantengo mi posición; no entiendo por qué los contribuyentes deben ser obligados a pagar por mi automóvil. (¿Qué vendrá después, subsidios para las ensaladas financiados por un impuesto a los Big Mac?)

Por Patrick J. Michaels

Dejo registro de mi abierta condena a la promesa reciente de Al Gore de subsidiar a las personas que compren uno de los llamados "autos híbridos", unas máquinas aerodinámicas que combinan motores de combustión interna con motores eléctricos de manera que logran mejorar modestamente la eficiencia de los combustibles. Mantengo mi posición; no entiendo por qué los contribuyentes deben ser obligados a pagar por mi automóvil. (¿Qué vendrá después, subsidios para las ensaladas financiados por un impuesto a los Big Mac?)

Sin embargo, el nuevo Honda Insight, que ha estado a la venta desde junio y utiliza casi todos los trucos conocidos para ahorrar combustible, es una materia distinta. Los vehículos Honda han sido buenos conmigo, por lo tanto, luego de una cantidad importante de culpas autoinflingidas (fuí un buen social demócrata hace décadas y tengo práctica con tales emociones), partí y manejé un Insight. Son difíciles de encontrar porque los consumidores se los pelean apenas son bajados del camión distribuidor. La sucursal Honda de Santa Cruz, California, por citar un ejemplo, tiene 50 personas en lista de espera.

"Se maneja tal como un automóvil común y corriente", me dijo el vendedor cuando me entregó las llaves. ¿Pero qué otro vehículo se siente como una computadora de alto poder que de paso tiene cuatro ruedas? ¿Qué otro vehículo puede integrar dos motores completamente distintos para transportarle a través de 40 semáforos, cruzando 196 kilómetros, desde Charlottesville, Virginia, a Washington D.C.,  con un rendimiento de  23 kilómetros por litro de combustible? En otras palabras, en lo que a gasolina concierne, el automóvil cuesta aproximadamente un dólar por cada hora de manejo. Y ¿cuántos automóviles en estos días además hacen parar el tráfico? La gente de mi pueblo universitario no deja de mirar la atractiva línea del Insight. Ahora entiendo por qué mi tío en su tiempo se compró un Corvette.

Y me compré el Insight No. 2630. No lo hice para salvar el planeta. En vez, lo compré porque, dadas sus características (sólo dos asientos cómodos, por ejemplo) es más aerodinámico, osado y entretenido que cualquier otro modelo en el mercado. Yo no creo que vaya a haber una racha de preferencias hacia un determinado modelo de automóvil por una repentina ola de virtud "verde"; por el contrario, lo que vamos a manejar en el futuro tiene que ser mejor que lo que manejamos hoy en día. El Insight puede ser un prototipo de ese fenómeno, pero sólo será adquirido en grandes volúmenes si prueba su durabilidad y confiabilidad.

Lo anterior nos trae de vuelta al subsidio propuesto por Al Gore. Según su sitio web, "Al Gore entregará a los consumidores norteamericanos un crédito de US$5.000 para la compra de vehículos híbridos. Cualquiera sea la razón, la demanda hacia la pequeña oferta de Insights ya es fenomenal; en el sur de California se venden por US$5.000 dólares más que el precio sugerido de US$20.000. Subsidiar el vehículo, sólo crearía más demanda, cosa que en el léxico de Gore llevará a "precios exagerados". La prima generada por la demanda en el sur de California, es exactamente la misma que quiere pagar Gore a la gente para que compre un vehículo que apenas dura en las vitrinas de las distribuidoras.

Más aún, el gobierno japonés está subsidiando a Honda a una relación de algunos miles de dólares por automóvil producido. ¡Amigos, aquí hay una rara oportunidad de recuperar algo de la balanza de pagos! O prefiriría usted qe los 260 millones de norteamericanos que no son dueños de un Insight le paguen al distribuidor una prima-- porque es exactamente allí donde terminan los subsidios en un mercado manejado por la demanda.

Honda ha vendido alrededor de 2.000 Insights a los consumidores norteamericanos a la hora en que escribo este artículo. No son demasiados vehículos. Por el momento, con o sin subsidios japoneses, Honda está perdiendo dinero en cada uno de estos vehículos -según la revista Business Week, cerca de US$8.000 por cada modelo año 2000. Pero la pérdida de ese dinero (con o sin el subsidio gubernamental) no acarrea mayores consecuencias para una compañía con una impresionante trayectoria de líneas de producción rentables. El Honda Insight, es un líder de a pesar de las pérdidas, una especie de marca tecnológica que demuestra lo lejos que deberá llegar la "competencia" (me temo que todos sabemos quiénes son este caso) para producir un atomóvil entretenido de manejar que tenga fácilmente una autonomía de 966 kilómetros con un estanque de apróximadamente 45 litros, que, además, supera tranquilamente los 160 kilómetros por hora en velocidades de carretera. Si esta tecnología se demuestra durable, las economías de escala eventualmente se tomarán la industria.

Una vez que eso ocurra, apuesten que Detroit demandará o un subsidio para producir lo que será una versión inferior del Insight (los productores de automóviles norteamericanos tienen años de retraso hoy, y el protipo del Insight fue construido en 1996) o, y nos perdone Dios, un arancel que grave al vehículo con la mayor autonomía del mundo, al reclamar que la industria japonesa ha incurrido en "dumping". ¿Cómo responderá el Vicepresidente, que tiene ahora el respaldo de la Unión de Trabajadores Automotrices de América?

Traducido por Fernando Alessandri para Cato Institute.