Por favor, menos bancos centrales

Por Steve H. Hanke

Los bancos centrales emiten moneda y tienen mucho poder discrecional por sobre la conducta de la política monetaria. Aunque es muy popular hoy en día, los bancos centrales son instituciones relativamente nuevas. En 1900, solo había alrededor de 18 bancos centrales en el mundo. Para 1940, cuarenta países tenían uno, y hoy hay 164.

Antes de que surgieran los bancos centrales (el nacionalismo monetario) el mundo era dominado por áreas unidas por una moneda, o por bloques, el más grande todos siendo el bloque de la lira esterlina. Desde 1937, el gran economista austriaco Friedrich von Hayek nos advirtió que la moda de los bancos centrales, si continuaba, derivaría en un caos monetario y en el contagio de las crisis monetarias. Sus presentimientos tenían sentido. Las crisis monetarias y financieras—mientras que no se ven por ningún lado actualmente—han plagado al sistema financiero internacional con una creciente fuerza y frecuencia. De hecho, para una gran parte de los países de mercados emergentes con bancos centrales, la movilidad relativamente libre de capitales ha producido flujos inestables de dinero y crisis de tipo de cambio y del sistema financiero doméstico. ¿Qué se puede hacer al respecto?

La respuesta obvia es que los países vulnerables de mercados emergentes eliminen sus bancos centrales y sus monedas nacionales reemplazándolas con una moneda extranjera sólida. Panamá es un excelente ejemplo de los beneficios de emplear este tipo de sistema monetario. Desde 1904, ha utilizado el dólar estadounidense como su moneda oficial. La economía dolarizada de Panamá es, por lo tanto, oficialmente parte del bloque monetario más grande del mundo. Para integrar su sistema financiero con los mercados financieros del mundo que están basados en el dólar, Panamá cambio sus leyes bancarias en 1970. Como resultado, los bancos internacionales han estado aprovechándose ansiosamente de la revolución financiera offshore. El crecimiento del sistema financiero panameño evidencia el hecho de que las reformas bancarias de 1970 permitieron que Panamá aproveche la tendencia de la globalización y el libre flujo de los capitales.

El sistema monetario dolarizado de Panamá elimina sus riesgos de tipo de cambio y la posibilidad de una crisis monetaria a través del dólar. Y la posibilidad de crisis financieras es en gran parte reducida porque el sistema financiero panameño está integrado al sistema financiero internacional. La naturaleza de los bancos panameños provee la clave para entender cómo funciona tranquilamente el sistema en general. Cuando las carteras de estos bancos están en equilibradas, a estos bancos no les importa el margen entre inyectar su liquidez (crear o reducir el crédito) en los mercados domésticos o internacionales. Como el potencial para crear crédito de estos bancos cambia, estos evalúan tasas de retorno por sobre la inversión que son ajustadas al riesgo en los mercados doméstico e internacionales y ajustan sus carteras de acuerdo a esto. La liquidez en exceso es inyectada en el mercado doméstico si los retornos por sobre la inversión ajustados para el riesgo exceden a aquellos de los mercados internacionales y esta liquidez es inyectada en los mercados internacionales si los retornos por sobre la inversión ajustados para el riesgo exceden a aquellos del mercado doméstico. Este proceso se reversa cuando el déficit de liquidez aparece.

El ajuste de las carteras de los bancos es el mecanismo que permite que haya un flujo sin disrupciones de liquidez y crédito desde y hacia el sistema financiero y la economía. Los excesos o la escasez de liquidez en el sistema son rápidamente eliminados porque a los bancos les da lo mismo inyectar la liquidez en el mercado doméstico o internacional. Panamá es simplemente un pequeño lago conectado a un océano de liquidez. Cuando las tasas de retorno ajustadas para el riesgo en Panamá exceden a aquellas del extranjero, Panamá se abastece de un océano internacional de liquidez, y cuando las tasas de retorno en el extranjero exceden a las de Panamá, Panamá añade liquidez (crédito) al océano internacional. Para continuar con esta analogía, el sistema financiero de Panamá actúa como el Canal de Panamá lo hace para mantener los niveles de dos cuerpos de agua en equilibrio. No es sorprendente que con este alto nivel de integración financiera, los niveles de crédito y depósitos en Panamá no están correlacionados.

Los resultados del sistema monetario dolarizado de Panamá y de su sistema financiero integrado al sistema financiero internacional han sido excelentes en comparación a los sistemas de otros países de mercados emergentes (vea el cuadro adjunto).

  • Las tasas de crecimiento de Panamá han sido relativamente altas y su volatilidad relativamente baja. Esto es significante cuando se considera que Panamá es una clásica economía dual. Por un lado, el sector de servicios (la banca) está orientado a la exportación, es intensivo en capitales, es altamente productivo, genera poco empleo y es en gran parte libre de la intervención estatal. Por otro lado, los sectores agrícolas y de manufacturas están estancados, son altamente regulados y subsidiados, ineficientes, son intensivos en labor y no son competitivos.
  • Las tasas de interés han respondido a las tasas de interés de los mercados globales, ajustadas a los costos de transacción y de riesgo.
  • Las tasas de inflación han sido un tanto más bajas que aquellas en EE.UU.
  • El tipo de cambio real de Panamá ha sido muy estable y en una tendencia un tanto hacia la baja debido al dólar.
  • El sistema financiero de Panamá, el cual opera sin un banco central como prestamista de última instancia, ha comprobado ser extremadamente resistente. De hecho, soportó una importante crisis política entre Panamá y EE.UU. en 1988 y luego se recuperó decididamente para el 2000.

Para protegerse de las crisis monetarias y financieras, los países de mercados emergentes deberían seguir el ejemplo de Panamá: olvidarse del nacionalismo monetario deshaciéndose de los bancos centrales y sus monedas nacionales e integrando completamente su sistema financiero al los mercados internacionales de capital.

Este artículo fue originalmente publicado en Globe Asia en junio de 2007.

Traducido por Gabriela Calderón para Cato Institute.