Pobreza y fiscalidad: ¿Quiénes pagan los impuestos?

Miguel Collado di Franco señala que "Los impuestos son pagados por las personas. Siempre hay un individuo que sufre las consecuencias de la carga económica que produce la tributación. En sus roles de consumidores, emprendedores, propietarios, trabajadores, ahorristas e inversionistas, son los ciudadanos quienes terminan con menor poder adquisitivo".

Por Miguel Collado Di Franco

Las mediciones recientes de pobreza aparentan estar arrojando datos más cónsonos con la realidad dominicana. Sin embargo, independientemente del resultado de índole de medición, la precariedad material de los dominicanos continúa siendo un tema de mucha preocupación dentro del ámbito de las políticas públicas. En la actualidad, por lo menos uno de cada tres dominicanos vive en condiciones de pobreza, según la más reciente medición.

Para un individuo poder rebasar la línea de pobreza es indispensable que cuente con un empleo productivo y que, en el tiempo, sus ingresos le permitan adquirir más bienes y servicios. Para entender el desarrollo de un país, es imprescindible analizar si el conjunto de instituciones sociales vigente está facilitando que los más pobres puedan lograr esos objetivos. Solo en la medida en que se cuenta con mejores instituciones, o reglas de juego menos distorsionadoras, se pueden crear condiciones para la generación de riqueza y movilidad socioeconómica.

Dentro de las reglas de juego de un país, una de las que más inciden sobre las personas es el sistema tributario. En consecuencia, es fundamental comprender el impacto económico o la incidencia real que tienen los impuestos sobre los miembros de la sociedad.

Por lo general, los análisis impositivos se limitan al impacto en las recaudaciones, y en la incidencia sobre los contribuyentes o sujetos del impuesto. Sin embargo, en materia de política tributaria no basta con preguntarse quién realiza el pago del impuesto al gobierno. La pregunta relevante para el análisis del impacto de los impuestos, y su incidencia sobre la pobreza, es: “¿Quiénes sufren las reducciones de riqueza que producen los impuestos?”.

Lo que no se ve de los impuestos

Un impuesto selectivo al consumo, a las ventas, o sobre el valor agregado (como el ITBIS en República Dominicana —Impuesto sobre Transferencia de Bienes Industrializados y Servicios), afecta tanto al consumidor como al productor del bien gravado. El consumidor pagará una parte del incremento de impuestos en forma de un mayor precio por el bien que consume. El productor también es afectado en la medida en que la cantidad demandada del bien disminuye ante el aumento del precio, y en la proporción del monto del impuesto que debe absorber. Al final, como consecuencia del impuesto, ambos grupos resultan con menores ingresos.

En un proceso productivo, “productor” no es el emprendedor o dueño de la empresa. Es un concepto más amplio. Quien produce algo necesita maquinarias, insumos, terrenos y financiamiento. Y el elemento fundamental: las personas que proporcionan sus capacidades, su capital humano, para ser empleados en el proceso productivo; para hacerlo realidad. El conjunto de todos estos elementos, en los distintos procesos productivos, es lo que solemos conocer como productores.

El capital invertido en maquinarias y herramientas proviene de los ahorros de alguien. Puede ser del mismo emprendedor, como de otros inversionistas. La mano de obra es proporcionada por los empleados. Los insumos, por su parte, son proporcionados por otros emprendedores; quienes a su vez también emplean capital, mano de obra e insumos. La tierra, en sentido estricto, también puede tener un dueño diferente del productor. Todos ellos, no solo el emprendedor o dueño de la empresa, forman el conjunto de productores.

En el caso de estos tipos de impuestos, llamados indirectos, se observa que representa menor retorno para quienes aportaron el capital empleado, para quienes aportan terrenos e insumos en los procesos; y peores condiciones para los empleados, quienes aportaron sus capacidades en la forma de mano de obra. Estos últimos son quienes sufren un mayor impacto económico.

Los empleados que trabajan en las empresas son un elemento esencial en la producción, y sufren las consecuencias de menores ingresos potenciales. O, lo que es peor, sus puestos de trabajo desaparecen como consecuencia de mayores impuestos.1

Gravar el capital perjudica a los trabajadores

Los impuestos se pagan con ahorro previo o con ingreso que pudo convertirse en ahorro. Las inversiones que permiten a los emprendedores poder contratar empleados requieren recursos previamente generados en la economía: ahorro. Mientras menor es la cantidad de recursos disponibles en la forma de fondos prestables, las inversiones y el capital se vuelven más escasos.

Como observamos, aún en el caso de los impuestos indirectos, es posible establecer la relación entre impuestos y menores ingresos. En el caso de los directos, como es el impuesto sobre la renta (ISR) a las personas físicas y jurídicas, la relación es mucho más evidente. De igual forma, los ingresos disminuyen cuando se gravan los dividendos. Ambos tipos de impuestos reducen la cantidad de recursos disponibles para ser invertidos y, por ende, la cantidad de capital en la economía. En el caso de un impuesto sobre los activos, como el vigente en República Dominicana con tasa de 1%, también se produce una relación entre impuesto y desincentivo a las inversiones de capital.

Los factores que intervienen en cualquier proceso productivo son interdependientes, se complementa. Por tanto, es imprescindible tener en cuenta que cuando se piensa que solo se está gravando un elemento de un proceso productivo, en realidad se está gravando a los demás. En particular, a los trabajadores.

Cuando en un país se entiende que mayores inversiones crean más empleos productivos formales que permiten a las personas salir de la pobreza, es el momento adecuado para corregir las distorsiones de su sistema tributario. La carga impositiva sobre toda la economía dominicana está reduciendo el capital disponible y, por ende, el potencial de los trabajadores de poder generar más ingresos. El conjunto de todos los impuestos de la economía no se limita a reducir las inversiones, sino que impone un incremento en los costos de producción y sobre la competitividad de las empresas locales.

Conclusión

Los impuestos son pagados por las personas. Siempre hay un individuo que sufre las consecuencias de la carga económica que produce la tributación. En sus roles de consumidores, emprendedores, propietarios, trabajadores, ahorristas e inversionistas, son los ciudadanos quienes terminan con menor poder adquisitivo.

Como consumidores y como trabajadores, la carga tiene una incidencia mayor. El emprendedor pasa una parte del impuesto al consumidor, y la parte que afecta la producción se distribuye entre los agentes que intervienen en el proceso productivo. Sin embargo, consumidores y trabajadores asumen su carga del impuesto, sin poderla transferir. Una vez que se han tomado en cuenta todos los mecanismos de impacto, se puede apreciar que los trabajadores (que también son consumidores) es el grupo sobre el que más inciden los impuestos. En última instancia, todos los impuestos afectan el capital disponible en la economía y, por tanto, las inversiones que podrían generar nuevos y mejores empleos.

Al tomar en cuenta el impacto económico de los impuestos, la conclusión natural es que es necesaria una reforma que reduzca las distorsiones que crean sobre la economía. Un país con una alta tasa de pobreza y desempleo debe reformar su sistema tributario para reducir su impacto sobre los agentes económicos, en particular sobre los trabajadores. La reforma del Código Tributario de 1992 demostró que menores tasas y distorsiones contribuyen a reducir la pobreza y a elevar las recaudaciones. Cuando prima el interés de todos por mejorar las condiciones de vida de los más pobres, es necesario mirar las experiencias exitosas, y mejor si son del propio país.

Nota:

1. La otra parte que no se ve son los trabajadores que pudieron haber sido empleados en condiciones normales; pero que un nuevo impuesto (o incremento de uno existente) impidió que pudieran ser contratados.