Perú: ¿Cómo se defiende un culpable?
Alfredo Bullard describe estrategias comunes que suelen utilizar muchos culpables para defenderse de acusaciones: "Explicar es peligroso. Si eres culpable y quieres dar explicaciones tienes que mentir. Pero la mentira tiene piernas cortas".
Por Alfredo Bullard
Mario entra a una librería. En la repisa de ‘best sellers’ le llama la atención un libro breve, con pinta de texto de autoayuda. Su título, “¿Cómo se defiende un culpable?”. Lo toma en sus manos y comienza a revisar sus páginas.
El empleado de la tienda se acerca. “Muy buena elección”, le dice. “Se está vendiendo como pan caliente. Lléveselo antes de que se agote. Todos los políticos preguntan por él”.
El libro reúne una serie de consejos prácticos que, según el prólogo, “garantizan eficacia en su defensa”. Y se recogen una serie de frases sugestivas en la contratapa para promoverlo: “Este libro es una herramienta especialmente útil para políticos involucrados en delitos de lavado de activos, corrupción o defraudación tributaria”, “La culpa es una categoría abstracta y teórica pero con graves consecuencias. Uno puede ir a la cárcel. Es un asunto delicado. Este libro lo ayudará a enfrentarlo”, “Si usted sigue nuestros consejos y va preso, le devolvemos su dinero”.
Cada capítulo trae un consejo sugestivo e impactante.
El primer consejo es: Indígnate. El libro sugiere: “Cuando te acusen hay que poner cara de rabia”. Y luego sigue, “Ataca al que te acusa. De ser necesario insúltalo. No dudes un instante. La duda en la indignación es signo de culpabilidad. El primer paso para que los demás crean que eres culpable es que tú te asumas culpable. Moléstate (o hazte el molesto) y haz creer a los demás que no tienes la culpa”.
Segundo consejo: “No des explicaciones concretas. Contesta generalidades”. El libro sugiere usar frases particularmente útiles como “está todo muy claro”, “ya se dieron las explicaciones respectivas”, “esa pregunta ya la respondí”. No importa que nada esté claro, que nunca haya dado explicaciones o que jamás le hayan hecho esa pregunta. No por nada en las películas el policía le dice al arrestar al acusado que todo lo que diga puede ser usado en su contra. “No dejes que nada de lo que digas sea usado en tu contra.”
“Explicar es peligroso. Si eres culpable y quieres dar explicaciones tienes que mentir. Pero la mentira tiene piernas cortas. Si luego se descubre que tu historia es falsa, estás muerto”. En el libro se relata la historia de un político que no siguió este consejo. Dijo que había pagado el precio con el dinero de la indemnización por el Holocausto que recibió su suegra. Cuando se descubrió que el monto de la indemnización no alcanzaba ni para pagar la puerta de la casa, la opinión pública lo destrozó.
Tercer consejo: “Di siempre: ¡Es un ataque político!”. El libro explica así la necesidad del uso de esta frase: “No des mucho rollo. No te enredes. Atribuye siempre a la rivalidad política la creación del infundio. Lo bueno de la frase es que evita dar explicaciones. Es una explicación que no explica nada, que es justo lo que necesitas”.
Cuarto consejo: “Usa defensas formales”. “Recuerda que eres culpable. Defenderse con el fondo de los hechos es riesgoso porque la verdad puede salir a flote. Es mejor no entrar en el detalle de las cosas. Un buen argumento es la prescripción…” –el libro relata la historia de un político peruano que la esgrimió con mucho éxito y luego fue reelegido presidente– “…o la violación del derecho de defensa o que ya fuiste juzgado antes por lo mismo (así no lo hayas sido). Una buena idea es un hábeas corpus o un amparo. Siempre es mejor salirse por la tangente”.
Quinto y último consejo: “Di que todo quedará en manos de las autoridades”. “Los fiscales y jueces se demoran y mucho. Cuando resuelvan ya nadie se acordara de tu caso. El tiempo es aliado de los culpables. Aprovéchalo”.
El libro de este artículo en realidad no existe. Pero parecería que varios en el Perú lo han leído.
Este artículo fue publicado originalmente en El Comercio (Perú) el 10 de octubre de 2015.