¿Peor el pánico que la enfermedad?

Manuel Hinds indica que el daño causado por el miedo frente al coronavirus provocan perdidas económicas por el rompimiento de las cadenas de producción, razón por la cual el pánico podría ser más dañino que la enfermedad.

Por Manuel Hinds

Las noticias del coronavirus parecen ser manifestaciones de mentes divididas en dos visiones contradictorias. Las dos visiones han subsistido lado a lado en las redes sociales y en los medios tradicionales de comunicación. Una parece apoyar tranquilidad, y la otra, pánico. Los hechos parecen apoyar la primera visión.

El primer hecho es que se ha ido comprobando que la mortalidad de la enfermedad es muy baja, en el mismo orden de magnitud que la de la influenza corriente, y está concentrada en ciertos grupos —personas de avanzada edad, que fuman, o que viven en lugares con pésima calidad del aire, o que tienen alguna vulnerabilidad en el sistema respiratorio—. Al 2 de marzo (Fuente: https://infographics.channelnewsasia.com/covid-19/map.html) había en el mundo 90.283 casos confirmados (de los cuales 80.151 eran en China) y 3.122 muertes (2.943 en China). 

Usando estas cifras se podría calcular que la tasa de mortalidad (el cociente de muertos a casos) es de 3,4% en el mundo, y de 3,7% en China. Este cociente, sin embargo, está bajando porque, como se ve en la gráfica adjunta, el número de muertes diarias está disminuyendo a pesar de que el número de casos confirmados ha aumentado continuamente en los últimos 39 días. Por esta y otras razones, varias autoridades de salud han estimado que al estabilizarse la enfermedad la tasa de mortalidad será menor al 2%. Es importante notar que ese porcentaje es sobre los que tienen la enfermedad. Como porcentaje de la población china, los muertos en China representan el 0,00021%.

Por supuesto, la historia no se ha terminado y puede haber aumentos en la tasa de mortalidad. Esto, sin embargo, no es muy probable porque el período de peligro dura en promedio 20 días, 5,2 antes de manifestarse y 14 después de la manifestación, y el número actual de muertes es sustancialmente más bajo que el del 23 de febrero, en un periodo en el que los casos han aumentado continuamente (El periodo de 14 días de cuarentena se ha estimado así para cubrir casos raros que se incuban en 14 días).

El segundo hecho es que el virus se transmite muy fácil precisamente porque se incuba por varios días sin síntomas, porque un porcentaje alto de personas no tiene síntomas aún después de la incubación y porque muchos otros tienen sólo síntomas muy leves. Por esta razón es muy difícil contener los contagios. Es tan difícil identificar a todos los que lo pueden transmitir que muchos expertos creen que es incontenible. Es decir, lo más probable es que a todos nos va a dar, como la influenza o la gripe común, pero que pocos se van a morir, como con la influenza o la gripe común. Esta visión ha sido presentada por médicos y administradores de hospitales de gran peso en Europa y EE.UU. La suma de estos hechos parece apoyar una actitud profesionalmente preocupada pero libre de pánicos.

Esto, por supuesto, no quiere decir que no hay que protegerse ni que el gobierno deje de prepararse para cuando la pandemia llegue al país. Hay muchos que van a requerir hospitalización y muchos que van a morir aunque sean un porcentaje pequeño de la población.

Pero no parece justificar el pánico tan grande, económico y de otros tipos, que el virus ha desencadenado, pánico que en sí mismo está causando daños humanos y económicos muy grandes, adicionales a los del virus mismo. En realidad, nada indica que el virus en sí va a causar grandes efectos sociales y económicos, tales como serían la caída de la producción y el comercio mundial como resultado de enormes cantidades de muertos —como fue el caso de la peste bubónica de hace 700 años—. Las pérdidas sociales y económicas se están dando como resultado del miedo, en la forma del rompimiento temporal de las cadenas de producción. Estos rompimientos tendrían efectos de más largo plazo si, como consecuencia de ellos, muchas empresas quebraran y no pudieran recuperarse al final del pánico. Los gobiernos están discutiendo medidas para reducir los malos efectos económicos del virus, pero no lograrán nada si no comienzan a reparar los daños al comercio exterior. Allí hay una amenaza seria. Quizás el pánico ha sido inevitable durante el periodo en el que esta información sobre el virus se ha ido colectando. Nadie sabía las propiedades del virus ni cómo se iba a comportar la gente ante su amenaza. Pero conforme se va conociendo, lo importante es restablecer el comercio lo antes posible para evitar mayores problemas.

Hay enemigos jurados del comercio libre que dicen que esta pandemia en ciernes demuestra que la globalización es mala porque no habría posibilidad de contagios si ésta no existiera. Este argumento es terriblemente superficial. Ignora la expansión de la peste bubónica en tiempos en los que el comercio internacional era mucho más escaso que lo que sería indispensable en nuestros días.

Este artículo fue publicado originalmente en El Diario de Hoy (El Salvador) el 3 de marzo de 2020.