Pauperización

Macario Schettino indica que en el primer semestre de 2020 la economía mexicana perdió en términos netos 1.203 empresas, lo cual pareciera algo menor, pero si se consideran los empleos perdidos, esto implica la pérdida de 1,1 millones de empleos perdidos.

Por Macario Schettino

Tengo la impresión de que no se ha comprendido el tamaño de la crisis económica que enfrentamos. Indudablemente, a quien le ha pegado directamente no requiere ninguna explicación, pero hay muchas personas que no lo han sentido en su bolsillo o empleo, incluyendo a todos los funcionarios públicos que, por eso, parecen no darse cuenta del sufrimiento general. 

Por esa razón, le ofrezco algunas colaboraciones elaboradas con base en los datos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y de la Encuesta Telefónica de Ocupación y Empleo (ETOE) que el Inegi desarrolló para no dejarnos sin información en el tema. Ya la hemos utilizado, y recordamos que no es exactamente compatible con la tradicional ENOE, pero todo indica que sus números son bastante cercanos, y por eso la consideramos, sin dejar de notar este tema. 

Permítame empezar por algo que nunca revisamos en los datos del IMSS: las empresas. En junio hubo un poco más de un millón de patrones, prácticamente la misma cantidad que en enero, y no faltará quien crea que no está pasando nada. Sin embargo, cuando revisamos nos damos cuenta de que hay una rápida desaparición de grandes empleadores, que son sustituidos por empresas de un solo trabajador. En la suma, no cambia nada, pero en la realidad, hay un millón de empleos perdidos no porque los despidan, sino porque las empresas mismas desaparecieron.

En el primer semestre de 2020 perdimos 5.432 empresas con entre seis y 50 empleados; 2.346 con 51 a 200; 463 con 251 a 500; 273 con 501 a mil empleados, y 127 con más de mil. A cambio, ganamos 5.831 con un solo empleado y mil 607 con dos a cinco. El neto es una pérdida de 1.203 patrones, que en un universo de un millón no se notan. Pero si estimamos los empleos perdidos, utilizando la media de cada intervalo, hablamos de 1,1 millones de empleos perdidos. Es probable que esté estimando de más, pero note que esta cifra es cercana a los 994.000 puestos de trabajo que el IMSS reporta que se han perdido. Esto significa que un porcentaje muy elevado de quienes han perdido su empleo formal lo han hecho por la desaparición de su empresa, no por ser despedidos.

Si esto es correcto, entonces hablamos de un problema muy serio, porque esos empleos no se recuperarán fácilmente. No es nada sencillo crear una empresa, ya no diga usted una con cien, doscientos o más de mil trabajadores. 

El impacto de este fenómeno, la pérdida de empresas medianas y grandes, se refleja en la generación de valor agregado. Aunque los políticos acostumbran hablar mucho de las micros y Pymes, en realidad la economía se mueve alrededor de empresas grandes, que son las que aportan la mayor cantidad de valor agregado. Desde hace tiempo Santiago Levy ha insistido en que uno de los defectos más serios de la economía es el tamaño tan pequeño de las empresas, que está asociado a una productividad bajísima. Tiene razón, pero no le hacen caso. 

Hemos perdido 4.000 de las 58.000 empresas mayores de 50 trabajadores que teníamos entre el fin de 2019 y el inicio de 2020. Muchas de ellas tal vez pudieron aguantar con algún tipo de apoyo gubernamental, similar al que se aplicó en otros países: posposición de cuotas al IMSS, impuestos o incluso financiamiento para capital de trabajo o cuentas por pagar. No se hizo nada por ellas, es decir, por el millón de mexicanos que ha perdido la empresa en que colaboraba.

Cierro insistiendo en que la desaparición de grandes empresas es un problema muy serio, porque implica una pérdida de productividad imposible de recuperar con empresas pequeñas o medianas. Todos perdemos.

Como usted imagina, los empleos en micro o pequeñas empresas suelen tener remuneraciones más bajas, y sólo las prestaciones que la Ley obliga, de manera que la desaparición de grandes empresas lleva consigo una caída en el ingreso de las personas, simplemente porque se pierden empleos “mejores” que los que se crean. 

Este fenómeno ya se percibe en los datos del IMSS a julio, que todavía no se publican con todo detalle, pero contamos con el adelanto, que incluye el salario promedio de cotización. Hasta el segundo trimestre, a pesar de la gravedad de la crisis, el salario promedio mantuvo un crecimiento de 8% comparado con el año anterior. Así, en términos reales (quitando la inflación), el crecimiento superaba el 5%. En julio, se redujo a 2,7%. Parecería que no es nada grave, pero cuando se combina con la contracción del número de empleos, las cosas son serias.

Esta medición, número de empleos multiplicado por salario promedio, se conoce como masa salarial, y refleja la cantidad de dinero que entra a la economía a través del ingreso de los trabajadores. En términos reales, la masa salarial se contrajo -1,8% en julio. No habíamos tenido un fenómeno similar desde 2009, cuando durante todo ese año hubo contracciones en este indicador, como resultado de la Gran Recesión. En aquella ocasión, tardamos nueve meses en pasar de un crecimiento de 4% a números rojos; ahora lo hicimos en tres meses. 

Como le decía, los datos detallados de julio aún no se publican, pero hasta junio la pérdida de empleos se concentraba en los niveles más bajos de ingreso. Comparando con febrero, que fue el momento de más empleo, se perdieron 993.000 empleos de entre uno y tres salarios mínimos, 131.000 entre cuatro y 12 salarios mínimos, y hubo un incremento en ingresos superiores a esa cantidad. Es decir, durante el trimestre más pesado, hubo incluso crecimiento en los puestos con mayor ingreso, pero caídas en la parte baja de la distribución. Es muy probable que por eso tengamos los crecimientos del salario promedio que le comentaba arriba, que para julio desaparecieron. Confirmaremos en unos días si esto significa que en ese mes ya hay pérdida de empleo de alto ingreso.

En algún evento reciente, el Presidente anunció que en julio ya se había reducido significativamente la pérdida de empleo (lo que se confirmó con el adelanto del IMSS), y agregó que en los primeros días de agosto ya se habían creado cerca de 14 mil nuevos puestos. Este fin de semana incluso habló de una cantidad mayor. No creo que sea buena idea que el presidente adelante información que pudiera después modificarse. En todos los meses se crean empleos, y en todos se pierden. Es la suma de los dos efectos lo que importa. Convendría que cuando el presidente quiera anunciar estos datos, la Secretaría del Trabajo publique un documento oficial que lo respalde, para no ponerlo en riesgo de tener que corregir posteriormente. 

Esto es más importante cuando tenemos movimientos importantes en los salarios, como ya se nota en julio. Si los nuevos empleos anunciados resultan ser con ingresos cercanos al mínimo, mientras que los que se pierden corresponden a ingresos mayores, el resultado neto, la masa salarial, continuará su caída, y eso pondrá al presidente en muy mala situación.

Este artículo fue publicado originalmente en El Financiero (México) el 17 y 18 de agosto de 2020.