Paul Volcker y México

Manuel Suárez-Mier dice que no fueron las políticas del neoliberalismo las que llevaron a la década perdida, sino una burbuja de gasto público financiada con deuda externa, que Paul Volcker reventó en su intento de controlar la inflación en EE.UU.

Por Manuel Suárez-Mier

Acaba de fallecer Paul Volcker, el gigante –intelectual y físico– que derrotó a una inflación que estaba saliéndose de control en EE.UU. en los 1970s, pero que al hacerlo con elevaciones draconianas en las tasas de interés que controla su banco central, coloquialmente conocido como el Fed[1], orilló a países con deuda externa elevada, como México y el resto de Iberoamérica, a una grave crisis.

Los jóvenes ignoran cómo se gestó ese desastre que llevó a la “década perdida de los 1980s”, y hoy que está de moda achacarle todos los males al “neoliberalismo”, se culpa a las políticas de forzosa austeridad adoptadas para superar ese trance. Falso, lo que llevó a la debacle fue un gasto enorme sufragado con deuda externa.

En apretada síntesis, el origen del problema empieza con el embargo petrolero que decretó la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo), que hizo que se triplicara el precio de la gasolina en 1973, redistribuyendo en forma radical pingües recursos de los países importadores a los productores.

Ello generó excedentes de efectivo que los petroleros depositaron en bancos de países avanzados, que se dieron a la tarea de buscar a quién prestárselos. Por su elevada cuantía, esos dineros empujaron las tasas de interés a la baja, lo que hizo endeudarse en dólares más atractivo.

Pero el alza en los precios del petróleo tuvo otras secuelas, al crear incentivos para explorar y adoptar técnicas innovadoras en la explotación de yacimientos ya existentes, lo que condujo a elevar la oferta e indujo a países, como México, que para entonces ya importaba mucho de su petróleo, a buscar nuevos veneros.

En esa crucial coyuntura los ingenieros de Pemex hallan enormes yacimientos en el Golfo de México, lo que celebró el presidente José López Portillo (1976-82) con la inolvidable frase “ahora tenemos que aprender a administrar la abundancia”, lo que se tradujo en gasto público excesivo y más endeudamiento.

¿Qué mejores clientes para prestar los excedentes en las bóvedas de los bancos que nuevos ricos como México y Venezuela, con abundante petróleo cuyo precio se duplicaba cada año, y que exportaban cada vez más? Pocos economistas pronosticaron entonces una próxima caída en los precios, como ocurrió pronto.

En otoño de 1981, cuando los precios del petróleo dejaron de subir los banqueros acreedores dieron la voz de alarma de la posible insolvencia de sus nuevos clientes, y se percataron que el aumento de tasas de Volcker en el Fed, hasta un 21% para contener la inflación en EE.UU., hacía inviable el pago de sus deudas.

La esencia para que un deudor mantenga su solvencia es que el banco acreedor renueve sus créditos en lugar de liquidarlos pues normalmente las inversiones en las que están comprometidos generarán utilidades en plazos mayores a los del vencimiento de los créditos. Cuando la confianza se esfuma, nadie renueva. 

Hasta aquí la historia de Volcker como el villano de la historia, en próxima entrega presentaré las grandes aportaciones que hizo para su solución.

Este artículo fue publicado originalmente en Asuntos Capitales (México) el 13 de diciembre de 2019.

Referencia:

[1] El primer banco central de EE.UU. creado por Alexander Hamilton en 1791 se llamó correctamente Bank of the United States y fue clausurado en 1836 por el populista Andrew Jackson. No es sino hasta 1913 que se funda su segundo banco central, con el enigmático nombre The Federal Reserve Systempor lo que en español debe ser EL Fed y no LA Fed, como muchos creen.