Paraguay: Si a la libertad para trabajar
Víctor Pavón considera que "Es muy injusto que siendo el Paraguay uno de los países con una de las poblaciones más jóvenes del mundo, se tenga gente desempleada a causa de un salario mínimo coercitivo que perjudica en sobremanera a aquellos que todavía no cuentan con la debida preparación y estudios".
Por Víctor Pavón
A diferencia de lo que usualmente se escucha con insistencia desde el sector político y sindical, la mejor forma de sostener el crecimiento económico obtenido el año pasado del 13 por ciento del Producto Interno Bruto se llevará a cabo si realmente la gente tiene más libertad para trabajar. No son más obstáculos a esa libertad lo que necesitamos, tal como lo propone un reciente comunicado divulgado por las organizaciones sindicales que exigen incrementar el salario mínimo oficial.
Esta exigencia de seguir con lo mismo para así evitar los pactos libres entre las partes en el mercado laboral es lo que ha convertido a los sindicatos en verdaderos guardianes de intereses creados que apenas benefician a unos pocos que forman parte de estas organizaciones en directo perjuicio de mucha gente que no tiene deseo alguno de formar parte de dichas organizaciones.
No en vano en los últimos años la dirigencia sindical ha caído en el descrédito. Sus miembros se han dedicado a lo largo de estos años a llamar la atención apelando al uso del lenguaje violento con sentido demagógico contra las empresas, lo que fue provocando el descuido hacia sus mismos afiliados, los trabajadores a quienes dicen representar. Hasta quieren aparecer como víctimas a los que hay que proteger de los “malvados” empleadores.
Muy al contrario de lo que dicen sus discursos, los sindicalistas se han convertido en sus lugares de trabajo en los más conspicuos miembros de la sociedad del privilegio. La estabilidad sindical ha destruido los valores de la ética y de la laboriosidad.
Los sindicalistas del sector estatal, por su parte, no han hecho más que consentir en varias ocasiones con su silencio y algunos con su complicidad, los numerosos actos de corrupción, robo, desvío de fondos y tantos otros deleznables actos contra las arcas del estado, en directo perjuicio de sus compañeros trabajadores, los que de esta manera ven mermadas sus posibilidades de recategorización salarial, como bien se merecen aquellos trabajadores aplicados y honestos.
La dirigencia sindical muestra poco interés sobre la suerte de los obreros y jóvenes que desean contar con un ingreso mensual de acuerdo a su nivel de estudio y preparación, como lo sería por ejemplo, si se solicitara que el sueldo sea pactado por productividad en lugar del coercitivo que hoy rige.
Se persiste de esta manera en el aumento del salario mínimo oficial sin consideración alguna acerca de sus efectos dañinos en el mercado laboral. Los sindicatos no mencionan acerca de la productividad como factor de acceso al trabajo y de mejores condiciones laborales. De hecho, el salario mínimo legal no es más que un engaño. Favorece a los sindicatos que así tienen un arma de “lucha” —así le dicen— para convencer a muchos de que esa es la mejor manera de conseguir un empleo en el sector formal.
La realidad, no obstante, se muestra muy distinta. El pago del salario mínimo exigido por la fuerza de la legislación, provoca inexorablemente el aumento del costo de contratación de aquellas personas que no tienen la suficiente preparación o son inexpertas en las tareas a las que pretenden acceder, llevándolas lamentablemente hacia el desempleo y al desamparo de toda protección y cobertura de salud.
El salario mínimo compulsivo, además, constituye apenas un componente de otros costos que se suman para que los menos preparados y los más jóvenes sin experiencia no encuentren trabajo. El valor real para acceder a un puesto laboral basado en el salario mínimo “legal”, requiere que también se sume los beneficios sociales obligatorios a los que se ven obligados los empleadores a pagar para contratar al empleado.
Es muy injusto que siendo el Paraguay uno de los países con una de las poblaciones más jóvenes del mundo, se tenga gente desempleada a causa de un salario mínimo coercitivo que perjudica en sobremanera a aquellos que todavía no cuentan con la debida preparación y estudios. Pero el daño no termina ahí. También resultan perjudicados aquellos trabajadores que teniendo una mayor productividad que el fijado por el salario mínimo, y pudiendo de este modo ganar más, finalmente cobran el salario oficial porque así se cumple con ellos con lo que la ley laboral exige.
Paraguay necesita crecer en forma sostenida y el medio para lograrlo es la cooperación voluntaria que surge de los acuerdos libremente pactados entre trabajadores y empresarios. De este modo no solo se favorecerá al crecimiento sino también a un mejor ambiente de confianza entre los miembros de la sociedad. Nuestros jóvenes como nunca antes buscan con afán un mejor porvenir para sus familias mediante sus propios esfuerzos y talentos. Y hay un modo eficiente y justo para empezar a lograrlo: libertad para trabajar, con contratos firmados por las partes sin coerciones, sin salario mínimo.
Este artículo fue publicado originalmente en ABC Color (Paraguay) el 4 de abril de 2014.