Paraguay: Se discrimina y desprecia a los trabajadores domésticos

Víctor Pavón dice que "Además de inconstitucional, la reciente decisión del Senado paraguayo de establecer el sueldo mensual de los trabajadores domésticos en el orden del sesenta por ciento del salario oficial, constituye una muestra de los graves daños ocasionados a la sociedad a causa del estatismo imperante en las ideas de nuestros legisladores".

Por Víctor Pavón

Además de inconstitucional, la reciente decisión del Senado paraguayo de establecer el sueldo mensual de los trabajadores domésticos en el orden del sesenta por ciento del salario oficial, constituye una muestra de los graves daños ocasionados a la sociedad a causa del estatismo imperante en las ideas de nuestros legisladores.

La mencionada decisión viola el artículo 46 de la Constitución Nacional acerca de la no discriminación, atendiendo a que en el Paraguay se ha establecido un salario oficial. ¿Por qué entonces deberían ganar solo un porcentaje de ese salario los trabajadores domésticos?

La cuestión jurídica constitucional es apenas una parte que bien puede observarse con facilidad. Hay otra parte que merece atención. El análisis económico enseña que la imposición del salario por ley, en cualquier sector de la sociedad, provoca efectos perjudiciales, paradójicamente, contra aquellos a los que se pretende proteger. El trabajo es un factor de producción y los salarios son su derivación natural.

Los salarios ganados por el trabajador surgen de la competencia entre los empleadores que determinan si van o no contratar al que más les conviene. Esta contratación dependerá de diversos elementos de carácter objetivo y subjetivo. Entre los elementos objetivos se encuentra la productividad expresada por la preparación y el conocimiento que posee el trabajador en las tareas que desempeña.

La productividad no es más que la relación entre el trabajo en una unidad de tiempo, lo que predispone a una persona a hacer de modo más eficiente sus actividades y con la calidad esperada. Un trabajador con más conocimientos, resultado de sus estudios y cualidades adquiridas por la experiencia, tenderá a contar con un nivel superior de productividad que otros, siendo factible que su salario sea más elevado en relación a los que no cuentan con aquellos valores agregados.

El elemento subjetivo, a su vez, también determina la contratación y los salarios del trabajador. Una persona de confianza y honesta, siempre es atesorada por el empleador que cuida su empresa, su capital e inversiones. Las cualidades de integridad y de moral resultan mucho más valiosas frente a los títulos o diplomas.

Si se dejara en libertad a la gente para que acuerden voluntariamente su relación laboral, el desempleo no existiría, dado que siempre existe ubicación en el mercado para el factor de producción trabajo. De ahí que el desempleo sea el efecto de una causa: la coerción salarial cuyo origen se encuentra en las ideas equivocadas que el estatismo pregona.

El desempleo aparece desde el momento en que se exige pagar un precio más alto de la productividad del trabajador.

Entre otros efectos perversos, el salario oficial también conduce a la corrupción y a la ilegalidad. Una persona que quiera ser contratada por menos del salario obligatorio no conseguirá empleo a menos que las partes, trabajador y empleador, establezcan violar la ley del salario mínimo.

El salario oficial coercitivo, así mismo, es un acto de gran injusticia para aquellos que bien se merecen ganar un sueldo superior al establecido por ley. Con tal de cumplir lo que dice la legislación, muchos empleadores pagan lo que les obliga la ley, lo que implica un perjuicio hacia los trabajadores cuyas productividades son superiores al salario oficial.

De este modo, la “sensibilidad social” expuesta en la defensa de las “clases populares” no es más que un gran engaño que provoca desempleo e igualmente menores sueldos para los que ya tienen un puesto laboral. Y en esta ocasión han sido lamentablemente los trabajadores domésticos los que han caído en las redes de tan sugestiva “sensibilidad social”: fueron discriminados y despreciados.