Paraguay: No perder la ventaja competitiva tributaria

Víctor Pavón dice que "El mundo ha cambiado tanto en los últimos años que la experiencia enseña acerca de la importancia del sistema tributario sencillo, eficiente y resuelto a la contraprestación, basada en una política fiscal de no entrometerse demasiado en los asuntos y negocios de los individuos y las empresas".

Por Víctor Pavón

El gobierno empieza a tener problemas con el déficit fiscal, un déficit que no le es posible revertir por cuanto que sus políticas no son a favor de crear más riqueza, sino para mantener un modelo de Estado que ya no puede sostenerse, ni en el corto y mucho menos en el largo plazo.

La carga tributaria en el país de no más del 15 por ciento es actualmente una de las más bajas del mundo, lo que de suyo significa una gran ventaja al momento de atraer inversiones, pero no es suficiente. En tal sentido, nuestro sistema tributario, pese a todos los últimos retoques que sufrió como lamentablemente fue la instauración del impuesto a la renta personal, sigue siendo sencillo y atractivo, como bien lo dijo en su momento el candidato presidencial, Horacio Cartes, hoy presidente de la República , “el 10, 10, 10, esto es en porcentaje la renta personal, la empresarial y el impuesto selectivo al consumo, deben mantenerse en el país para mostrarnos interesantes”. Y tenía razón.

Sin embargo, en la práctica expuesta por la política fiscal y el sistema tributario no son suficientes aquellos atractivos porcentajes del 10 por ciento. La misma experiencia internacional en tal sentido enseña que el afán fiscalista de crear más impuestos o elevar sus cargas a los ya existentes, no necesariamente elevan la recaudación de impuestos.

En los países que carecen de una genuina contraprestación de servicios por los impuestos pagados por los contribuyentes, se ocasionan externalidades negativas debido a que más bien se incentiva la evasión, el contrabando y la subfacturación, características de ciertas economías como muestra el Paraguay.

La contraprestación efectiva de los recursos en forma de tributos hacia la sociedad es una condición necesaria para mejorar la recaudación, sin tener que elevar o crear más tributos, cualquiera sea el hecho generador, como por ejemplo e infelizmente se está tratando de llevar a cabo con las compras hechas vía Internet.

De ahí que la política fiscal y el sistema tributario son la prueba de la existencia de un mal o buen relacionamiento entre el ciudadano y el Estado o lo que es lo mismo con su gobierno de turno. Si los tributos se pagan para mantener el orden público, la seguridad y la protección de la vida y la propiedad, tal como se los concibe en las democracias liberales constitucionales y de la que nuestro país no está excluido, entonces las finanzas públicas no sufren desordenes ni desequilibrios.

Pero si se insiste en una mayor presencia estatal en la economía, ya sea manteniendo ciertas empresas estatales, creando nuevos costos a la economía privada o apelando a la vía del endeudamiento como forma de sostener el crecimiento, el resultado será el insoportable desequilibrio fiscal y luego vendrá todavía algo peor, se empezarán a subir los impuestos o a crear otros más, lo que finalmente significará la inconsistencia monetaria traducida en inflación.

El mundo ha cambiado tanto en los últimos años que la experiencia enseña acerca de la importancia del sistema tributario sencillo, eficiente y resuelto a la contraprestación, basada en una política fiscal de no entrometerse demasiado en los asuntos y negocios de los individuos y las empresas. Que todos paguen lo que está establecido, pero que también la sociedad conformada por cada uno de sus habitantes reciba las más plenas garantías a la vida, la libertad y la propiedad y que cada uno busque su propia felicidad. Después de todo, esta es la razón que justifica la existencia del Estado.