Paraguay: No caer en el populismo macroeconómico

Víctor Pavón explica que "El pensamiento 'mainstream' considera que para enfrentar los desafíos de la coyuntura se vuelve necesario llevar a cabo políticas anticíclicas. Esta política, no obstante, termina en endeudamientos insoportables y aumentan las tasas de interés debido a la mayor demanda de dinero por el gobierno para financiar sus gastos".

Por Víctor Pavón

El Ejecutivo pretende solicitar al Congreso la suspensión del tope fiscal de manera a que el déficit supere el 1,5 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB). De acuerdo a Santiago Peña, ministro de Hacienda, la iniciativa busca una mayor inversión pública para así dinamizar la economía.

Agregó el ministro que si se desean más obras públicas, no hay otra alternativa que la de modificar la restricción legal que limita el déficit actual. Pese a toda su buena intención, lamentablemente la recomendación del ministro no es buena. El aumento del déficit no dinamizará la economía. Por el contrario, de aprobarse la iniciativa del Ejecutivo aunque sea en un 2 o 3 por ciento de lo que actualmente establece la Ley de Responsabilidad Fiscal, se empezarán a abrir los grifos de un gasto público cada vez más expuesto a la coyuntura política.

Ciertamente se podrá controlar el déficit, pero solo por un tiempo. Para ello se puede establecer en la legislación, por ejemplo, que todo el gasto sin contrapartida real de ingreso se destinará exclusivamente a la ejecución de obras públicas. Esto se puede hacer, aunque no es garantía alguna de que funcione. Pero la razón por la que no es recomendable la propuesta del ministro de Hacienda se encuentra en otra parte.

Desde el advenimiento del pensamiento de la corriente dominante, el ortodoxo y dominante en el día de hoy, se ha puesto en vigencia una propuesta que considera viable evitar el estancamiento económico mediante el gasto público con control del déficit. De esta manera, las llamadas políticas fiscales “desarrollistas” —siempre bien intencionadas para “mover” la economía— terminan por afectar a la misma política monetaria.

El pensamiento mainstream considera que para enfrentar los desafíos de la coyuntura se vuelve necesario llevar a cabo políticas anticíclicas. Esta política, no obstante, termina en endeudamientos insoportables y aumentan las tasas de interés debido a la mayor demanda de dinero por el gobierno para financiar sus gastos. El resultado es tan temible como cierto porque así se ha demostrado: se reducen los salarios reales de los trabajadores como también las ganancias empresariales.

Aparece así en escena lo que bien puede denominarse como populismo macroeconómico. Al comienzo se gana popularidad por el efecto paliativo de la medida; luego sobreviene la realidad de tener que conseguir a cualquier costo nuevos recursos o aumentar impuestos para sostener las cuentas a pagar. Los incentivos transitorios “desarrollistas” recomendados en dosis inofensivas —como el de aumentar el déficit en “apenas” 2 o 3 por ciento como propone el ministro de Hacienda— será el comienzo de un desorden fiscal y monetario del cual el Paraguay pagará muy caro en el mediano y largo plazo.