Paraguay: La falacia de la baja presión tributaria

Víctor Pavón señala que "Si el gobierno [paraguayo] desea promover el crecimiento económico no debería insistir en la falacia de pedir más sacrificios a los contribuyentes para que paguen más impuestos sin contraprestación en seguridad jurídica y ciudadana".

Por Víctor Pavón

Siguiendo con el mismo discurso que pretende seguir sacando dinero del bolsillo de los contribuyentes, altos exponentes del gobierno reiteraron nuevamente que la presión tributaria sigue siendo extremadamente baja y que si no se crean nuevos impuestos la economía puede caer fuertemente el próximo año.

Estas afirmaciones que al parecer muestran preocupación por parte de gran parte de los politicos y burócratas, sin embargo, son una falacia; esto es, una argumentación incorrecta aunque sicológicamente persuasiva. Paraguay ciertamente es uno de los países que cuentan con una carga tributaria que no sobrepasa el 12 por ciento; cuando que sus vecinos, Argentina y Brasil, llegan al 35 por ciento y más.

Como se sabe la presión tributaria consiste en el porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB) recaudado por el Estado en concepto de impuestos. Para hacerlo más fácil, la presión tributaria es el porcentaje de ingresos que los ciudadanos deben aportar al Estado. En términos estrictamente fiscales entendemos que el interés del gobierno por tener más impuestos se deben a su preocupación por el deficit —más gastos que ingresos— y al cumplimiento de la inversión social por parte del gobierno.

El ministro de Hacienda, Dionisio Borda, en la pretensión de convercernos de elevar cuanto antes la presión tribuaria alega que el crecimiento económico del 14 por ciento no podrá sostenerse el próximo año. Esto no es cierto; también es una falacia. La expansión económica actual se debe a la fuerte inversión de capitales en el sector agropecuario que desde hace años permite a nuestros commodities una segura oferta exportable por la alta demanda de los mercados internacionales.

Se agrega a ello la fortaleza de nuestro vecino el Brasil y las multimillonarias líneas de créditos de la AFD (Agencia Financiera de Desarrollo) que desde el financiamiento de viviendas, máquinas agrícolas, pasando por los microcréditos, la casa propia hasta el capital humano son administrados eficientemente en nuestro sistema financiero privado.

Esta inusitada bonanza es el resultado del riesgo empresarial en alianza con el esfuerzo de los trabajadores en ningún modo se podrá sostener contando con más impuestos. Al contrario de lo que pretende persuadirnos el ministro Borda, el aumento de la presión tributaria se constituirá en un inhibidor del crecimiento que con tanta dedicación, paciencia y riesgo realizan las personas en sus diversas actividades.

El gobierno no puede desconocer que antes de solicitar más impuestos, el Presupuesto de Gastos que se analiza y se propone al país desde el ministerio que preside, debe ser visto con criterios de eficiencia y transparencia del dinero de los contribuyentes.

Desde hace décadas que el dinero expresado en el Presupuesto ha sido despilfarrado y se constituyó en una fuente de corrupción. En todos estos años, ni tan siquiera se ensayó un Presupuesto de Gestión por Resultados. Ya es hora que los paraguayos y en especial los latinoamericanos comprendamos que la modernización fiscal y el crecimiento económico no pasan por aumentar la presión tributaria.

Una baja presión tributaria, por el contrario, se puede constituir en ventaja competitiva impositiva internacional para atraer el capital foráneo y fomentar el ahorro nacional si el Estado cumple con su rol de devolver, primeramente, servicios a la ciudadanía.

Si el gobierno desea promover el crecimiento económico no debería insistir en la falacia de pedir más sacrificios a los contribuyentes para que paguen más impuestos sin contraprestación en seguridad jurídica y ciudadana. Más bien debe proponer aquello que a un buen gobierno le compete: un programa de austeridad, estricto equilibrio fiscal con eficiencia presupuestaria, simplificación de la burocracia e irrestricto respeto a la propiedad privada. Todo lo demás, como dicen las Escrituras, vendrá por añadidura.