Paraguay: De Hacienda a Economía

Víctor Pavón considera que "Un ministro de Hacienda convertido en uno de Economía, no tendrá otra mejor actividad que la de empezar por tocar aquellas delicadas manecillas del reloj económico. Para lograr su cometido, deberá inexorablemente contar con cada vez más recursos, en un país donde ni siquiera la cantidad ni la calidad del gasto pueden ser auditadas".

Por Víctor Pavón

El nuevo ministro de Hacienda de Paraguay, Santiago Peña, estableció importantes directrices relacionadas a su cartera. Resulta gratificante escuchar su desacuerdo en gravar con impuestos la exportación de granos. Igualmente son alentadoras sus expresiones en defensa de la sostenibilidad fiscal.

Hasta ahí todo bien. Sin embargo, el ministro no tardó en decir lo que inmediatamente iría a destruir todo lo bueno que se propone. “Me gustaría hacer del Ministerio de Hacienda uno de Economía”, afirmó. Esta visión, lamentablemente nada de bueno tiene para el país. El ministro se adscribió con su propuesta al pensamiento mainstrean, el ortodoxo o dominante en la actualidad.

Considera esta línea de pensamiento que es posible tocar y retocar a los mercados mediante la "adecuada" intervención estatal, como si fueran las manecillas de un reloj al que se puede adelantar o atrasar la hora. En efecto, la tesis del multiplicador keynesiano sobre la que se fundamenta el pensamiento mainstrean consiste en que aumentando la demanda se logrará un aumento de la producción y la renta, debido al incremento que realiza la acción gubernamental sobre el consumo, la inversión o el gasto público.

Esta idea del ministro, no obstante, echará por tierra todo lo que se propone. Un ministro de Hacienda convertido en uno de Economía, no tendrá otra mejor actividad que la de empezar por tocar aquellas delicadas manecillas del reloj económico. Para lograr su cometido, deberá inexorablemente contar con cada vez más recursos, en un país donde ni siquiera la cantidad ni la calidad del gasto pueden ser auditadas.

Además, la renta no es la suma del consumo, la inversión y el gasto público, como sostiene el pensamiento mainstrean. El llamado gasto estatal no se recogen de los árboles como si fueran frutas naturales. Hay algo previo y muy importante que para aquel pensamiento apenas es una cuestión de forma, "adecuada" para los designios de los burócratas e inadecuada para lo que la gente desea hacer o no con los escasos recursos disponibles. El gasto público, aunque sea un centavo de dolar, es el resultado de lo generado por los contribuyentes, lo que significa la suma del consumo y del ahorro, siendo el ahorro lo que precisamente permite la inversión.

Para muchos será muy atractivo contar con un ministerio de Economía en Paraguay. Sin embargo, no es necesario contar con el mismo. Es un gran mal en cualquier lugar. Se ha probado en tantos países que con dichos ministerios las personas padecen de las penurias ocasionadas por funcionarios que fungen como de directores de música, que con sus batutas pretenden marcar el ritmo de la economía o lo que es lo mismo, de la acción humana, como acertadamente ya lo había dicho el gran Ludwig Von Mises.

En mi país y en un mundo cada vez más convulsionado por el desorden financiero provocado por los diferentes Estados dominados por el pensamiento mainstrean, la solución pasa por algo diferente. Necesitamos una Hacienda pública ordenada, sencilla en procedimientos, eficiente, honesta, respetuosa de los ciudadanos que pagan sus impuestos; una hacienda que deje en libertad a los individuos a que decidan voluntariamente cooperar entre sí para de esta manera generar las extraordinarias fuerzas creativas y progresistas de la iniciativa empresarial.

El pensamiento mainstrean al comienzo aparecerá en escena como algo benigno. Muchos quedarán boquiabiertos por sus cálculos, cifras y gráficos. La "ingeniería social" resulta cautivante para aquellos que desean a toda costa dirigir la vida de los demás, como bien decía F.A. Hayek. Pero pronto el pensamiento mainstrean necesitará alimentar la voracidad del estatal Leviatán, representado por el nuevo ministerio de Economía con nuevos y más recursos.

Dirigir "adecuadamente" la economía como sostienen los hacedores del pensamiento mainstrean terminará por dar un golpe mortal no solo a la sostenibilidad fiscal que el mismo ministro pretende defender, sino también a la sociedad en su conjunto.