Para la salud de la economía mundial, China debe liberalizar

James A. Dorn dice que "La realidad es que China y EE.UU. están haciendo crecer al sector público a cuestas del sector privado. El “capitalismo de compadres”, no el liberalismo de mercado, es la norma actual".

Por James A. Dorn

Los funcionarios chinos han sido muy críticos de la acumulación de deuda de EE.UU. y de la pugna política en Washington, la cual no logró resolver la crisis de la deuda.

Pero China también podría dirigir su mirada crítica hacia su economía y encontrar políticas que están evitando que los mercados financieros funcionen de una manera saludable —y que todavía podrían esparcir graves consecuencias a los mercados financieros mundiales.

Un problema es que China es el tenedor más importante de bonos de la Tesorería de EE.UU., con más de $1 billón invertidos en ellos. Sin el gran apetito de China por la deuda estadounidense, el gasto deficitario del congreso estadounidense hubiese estado más limitado y el crecimiento de EE.UU. hubiese sido más robusto.

China ahora tiene más de $3 billones de reservas de divisas extranjeras, como resultado de grandes superávits comerciales e importantes flujos entrantes de inversión extranjera. Sin embargo, China es un exportador neto de capital mediante la compra de bonos de la Tesorería de EE.UU. y otros bonos públicos. La gran acumulación de dólares es el resultado de una política de tipo de cambio diseñada para mantener subvaluado al yuan.

Lo cual nos trae al segundo e importante problema: si a la moneda china se le permitiese flotar libremente, no habría una acumulación masiva de reservas oficiales. Los actores del mercado, no los miembros del Partido Comunista, determinarían el tipo de cambio. El ajuste ocurriría de manera espontánea mediante decisiones voluntarias, no mediante planes centrales.

Un tipo de cambio más flexible y un yuan completamente convertible aumentaría el rango de opciones disponibles a las personas, haría crecer al sector privado y aumentaría la presión popular para que se de una reforma política.

La herencia de la planificación central todavía plaga al sector bancario. Los préstamos, las tasas de interés y los principales bancos son controlados por el estado. Todavía más preocupante es que gran parte de los préstamos se conceden a empresas estatales. Las decisiones de inversión son, por lo tanto, altamente politizadas y la corrupción abunda.

El gasto para estimular la economía le permitió a China escapar de la crisis financiera global de 2008-09, pero la expansión veloz de crédito bancario, así como también los préstamos no reflejados en los estados de cuenta, han conducido a un crecimiento excesivo del dinero y a una tasa de inflación de más del 6 por ciento. Los datos de UBS muestran que el crédito bancario en China, incluyendo los préstamos no reflejados en los estados de cuenta, ahora constituyen alrededor de 180 por ciento del PIB, considerablemente más que en 2008.

Si la economía se desacelera, la morosidad podría dispararse. El crédito en exceso podría convertirse en una crisis de la deuda. Esa crisis podría ser agravada si se revienta la burbuja de los bonos de la Tesorería de EE.UU. cuando la Reserva Federal empiece a elevar las tasas de interés o una vez que los mercados piensen que la Fed permitirá más inflación y reducirá la carga real de la deuda.

China necesita controlar la inflación doméstica y liberalizar más su economía. Aunque hay una fuerte presión política para continuar anclando el yuan en un tipo de cambio artificialmente bajo y “esterilizar” los yuanes recién emitidos —esto es, absorber los yuanes en exceso al vender bonos del banco central, aumentar los requisitos de reservas y fijar cuotas de préstamos más estrictas.

Los controles de precios y de capitales también están siendo utilizados para suprimir la inflación y limitar las opciones de los individuos. Pero mientras China siga atrapada en su modelo de desarrollo liderado por las exportaciones, con una represión financiera, la acumulación de reservas de divisas extranjeras aumentará y gran parte de esas reservas serán prestadas al gobierno estadounidense, no a empresas privadas.

La realidad es que China y EE.UU. están haciendo crecer al sector público a cuestas del sector privado. El “capitalismo de compadres”, no el liberalismo de mercado, es la norma actual.

Para que China se convierta en un centro financiero global y logre la armonía financiera, debe haber una privatización del sistema bancario, libertad de capitales, tipos de cambio flexibles, tasas de interés basadas en el mercado y un Estado de Derecho que asigne la responsabilidad a individuos privados, no al estado.

La asignación equivocada de precios para los créditos/riesgos y la manipulación monetaria plagan a China y a EE.UU. Beijing tiene razón cuando critica a los políticos estadounidenses por crear incertidumbre fiscal y monetaria. Pero lo que Beijing quiere es más, no menos control estatal, mientras que la solución al problema de crear la armonía económica y social es menos gobierno.

Con un Estado de Derecho y un gobierno limitado, los intercambios voluntarios en los mercados privados y libres aumentarían la soberanía y la riqueza individual, mientras que se promovería el bienestar general. Ese concepto del orden espontáneo es ahora extraño para la gran mayoría de los políticos. La política y “el saqueo legal” han estado por encima de lo que el gran liberal francés Frederic Bastiat denominó “la ley de la libertad”.

El reto tanto para China como para EE.UU. es restaurar el balance entre el estado y el mercado —para maximizar la libertad y minimizar la coerción. La rebalanceo entonces podrá ser dirigido por el mercado, las relaciones económicas se podrán normalizar y la política podrá ser ubicada en su lugar adecuado.

Este artículo fue publicado originalmente en Investor's Business Daily (EE.UU.) el 22 de agosto de 2011.