Otro mártir de la libertad

Alberto Benegas Lynch (h) le rinde homenaje "a un hombre de admirable coraje e integridad moral quien destinó tantos esfuerzos en su lucha por el respeto a los derechos de las personas".

Por Alberto Benegas Lynch (h)

No resulta posible concebir que aún existan lacras humanas que suscriban la canallesca y brutal tiranía castrista. Después de más de medio siglo de asesinatos, torturas, encarcelamientos y grotescas mentiras no se entiende como hay tamaños sinvergüenzas que miran para otro lado, aplauden abiertamente o endosan en silencio tanta bazofia, tanto latrocinio y tanto dolor que emerge a diario de la infame isla-cárcel cubana. Constituye un  insulto a la inteligencia, una afrenta a los principios éticos más elementales y un abierto rechazo a la higiene básica que no se condene con la mayor energía este régimen de oprobio y monstruosa criminalidad.

Orlando Zapata Tamayo ha muerto después de poco más de ochenta días de huelga de hambre como un grito desesperado para llamar la atención del mundo sobre las torturas, las golpizas y las masacres ejecutadas en las mazmorras cubanas. Un nuevo mártir de la libertad que consideró este como el único y último recurso para hacerse oír en un mundo donde pululan los sordos morales. Fue detenido por la policía política castrista en 2002 y vuelto a detener al año siguiente, esta vez condenado a treinta y seis años de prisión, todo por protestar contra los inauditos procedimientos de censura y asfixia a mínimas libertades denegadas por los sicarios del colectivismo.

En estas líneas le rindo homenaje a un hombre de admirable coraje e integridad moral quien destinó tantos esfuerzos en su lucha por el respeto a los derechos de las personas. Formó parte del Consejo Nacional de Resistencia Civil y de Alternativa Republicana. Su profesión fue la de plomero pero su destino es ahora el de un verdadero héroe, una expresión por cierto muy bastardeada por muchos de los eternizados en bronces cuyo aparente mérito consistió en el uso de la fuerza bruta y que llenan las plazas de tantas ciudades…son los napoleones de nuestra era. El hombre libre se inclina frente a personas como Orlando Zapata Tamayo y en nombre propio y de sus seres queridos le da las gracias con recogimiento y la enorme emoción que reclama el caso.

Nunca he comprendido a quienes hacen turismo en la referida isla-cárcel y tienen estómago para disfrutar de playas y otros menesteres, instalados en hoteles VIP con lo que alimentan con entusiasmo a los carceleros con torrentes de divisas para que los bestias del régimen puedan aplastar con mayor eficacia a sus víctimas.

No pocos de los políticos de otros lares rinden pleitesía e incluso se retratan con los dos tiranos de la isla, haciendo gala de un oportunismo, una genuflexión, un servilismo y una hipocrecía dignas de mejores causas. Son en el fondo los cretinos morales que priorizan sus utopías socialistas de la fabricación del “hombre nuevo” en el contexto de la guillotina horizontal del igualitarismo (para todos menos para los poderosos), antepuestas a la dignidad de seres humanos indefensos y rebajados a la condición de meras cosas disponibles para la manipulación por parte de insufribles megalómanos que disfrutan con la miseria ajena.

Cierro estas pocas pero muy sentidas líneas con un pensamiento de Dante: “Los lugares más calientes del infierno están reservados para aquellos que en tiempos de crisis moral se mantienen neutrales”.