¿Obligación de votar?

Por Tibor R. Machan

Por todas partes vemos grupos de personas recordándonos nuestra obligación de votar en las elecciones. Acaso, ¿es eso una buena idea? Yo pienso que a aquellos que no tienen la intención de votar no les interesan los candidatos o no tienen idea de por qué deberían votar por uno en lugar de por el otro. En ambos casos, no es una buena idea insistirles que vayan a votar.

Si esas personas no tienen razones para ir a votar por decisión propia, insistir u obligarlos a votar es algo arbitrario e irracional.

La idea de que hay que votar sin importar cuán informado o no estemos es un mal concepto. En mi propio caso, si yo no sé suficiente sobre las propuestas de un candidato a algún cargo gubernamental, no voto. La razón es que personas mejor informadas que yo deben decidir a quien se elige.

A veces consideramos que ambos candidatos son igualmente malos y en ese caso tampoco debemos votar. La noción de que uno quizás puede resultar menos malo que el otro es una equivocación.

Algunos electores simplemente no tenemos el tiempo o la inclinación de estudiar las diferentes propuestas políticas. Algunos ciudadanos están ocupados en cosas que consideran más importantes para ellos y sus familias. Si dejan que otros mejor informados voten en su lugar, el resultado electoral puede resultar mejor. Pero, si por el contrario, proceden a votar sin estar debidamente informados, su contribución puede ser negativa.

También, a menudo, se le pide a la ciudadanía que vote por asuntos que no se deben decidir electoralmente. Por ejemplo, si en el proceso electoral se nos pregunta si los comercios deben o no poner letreros al frente anunciando sus productos, eso no me corresponde a mí decidir, sino a ellos mismos. Me desagrada que los políticos traten de involucrarme en algo que no tiene nada que ver conmigo y lo hacen porque quieren perjudicar o beneficiar a ciertos grupos. En ese sentido, la democracia es a menudo injusta y no tengo ninguna intención de apoyarla en eso.

Claro que algunas veces, aunque no nos guste ninguno de los candidatos, hay que votar en contra de la excesiva intervención de parte de los políticos, como única manera de defender los derechos ciudadanos. Entonces, queramos o no, debemos ir a votar en contra de los peores.

Pero mi argumento es que las acciones conducentes a persuadir a la gente a ir a votar son perjudiciales. Su objetivo le hace más daño que bien a la democracia, la cual se basa en la toma de decisiones inteligentes por partes de la ciudadanía en la selección de quienes nos servirán administrando la ley.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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