Obama: ¿Presidente americano o latinoamericano?

Carlos Ball asevera que la administración de Barack Obama ha prestado a futuras generaciones 42 por ciento de lo que gasta y que esto parece ser propio de una nación del Tercer Mundo, más no de EE.UU. en 2010.

Por Carlos A. Ball

Si le cuentan de un país donde el gobierno pide prestado a futuras generaciones 42 por ciento de lo que gasta, seguramente pensará que le están hablando de una nación del Tercer Mundo. Pero ese es el triste caso de EE.UU. en el año 2010.

Los políticos suelen tener muy corta memoria. Hace mes y medio, el presidente Obama declaró: “simplemente no podemos continuar gastando como si el déficit no tuviese ninguna consecuencia; como si el derroche no importara; como si los dólares de los impuestos de los estadounidenses se pueden tratar como billetes de un juego de Monopolio; como si podemos ignorar ese reto durante otra generación”.

Pero, lamentablemente, a lo largo de la historia ha sido perjudicial para los bolsillos de la ciudadanía que el partido del ocupante de la Casa Blanca goce también de mayoría en el Congreso. A eso se debe, en gran parte, que:

  • El déficit del gobierno federal aumentará este año $143.000 millones más que el año pasado.
  • Aumentarán los impuestos a las empresas pequeñas y a las personas de altos ingresos (quienes son los que crean puestos de trabajo).
  • El gobierno federal pedirá prestado 42 centavos por cada dólar que gaste este año.
  • Se duplicará la deuda del gobierno federal, la cual tendrá que ser pagada por nuestros hijos y nietos.

La triste realidad es que nada de lo que está haciendo el presidente Obama resolverá los graves problemas heredados del anterior gobierno, sino que —por el contrario— los está empeorando día tras día. Y si a ello le agregamos las locuras que se están proponiendo en el programa de salud, los tenedores de los bonos del gobierno de EE.UU. saldrán corriendo de esos papeles, antes de que se evapore su valor.

Obama dijo el 12 de marzo: “yo no vine aquí a pasarle el problema al próximo presidente o a la próxima generación, sino a resolverlos”. Indudablemente que habla muy bien, pero a la fecha no ha ido más allá de promesas y frases bonitas.

El presidente de EE.UU. dice defender “el capitalismo responsable”, pero tal objetivo se logra únicamente bajo libre competencia y cuando el gobierno interfiere exclusivamente para que se cumplan las leyes. Parte del problema actual es que ni los jueces pueden llegar a conocer todas las leyes, mandatos y regulaciones.

Y la realidad es que San Nicolás y el Niño Jesús no viven en la Casa Blanca y todo lo que el gobierno regala tiene primero que quitárselo a alguien. Esa redistribución suele sonar muy bien, pero quienes financian la bondad gubernamental son aquellos que trabajan duro y ganan bastante. Y esas personas —apenas se den cuenta que su mayor esfuerzo no lo disfrutará su familia sino gente desconocida y favorecida por los políticos— dejarán de esforzarse y de crear empleos. Eso siempre fue así y el buen Obama no lo va a cambiar. La prueba es que en el mes de febrero se perdieron 36 mil puestos de trabajo en EE.UU.

Por ninguna parte se ven los 3,5 millones de nuevos puestos de trabajo que prometió el presidente para fines de este año. Para que eso se logre es necesario crear confianza, no entre grandes capitalistas que a menudo reciben invitaciones a la Casa Blanca, sino entre los comerciantes e industriales pequeñitos, quienes son los que dan empleo a la gran mayoría de los trabajadores en este país.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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