¿Nueva recesión?

Manuel Suárez-Mier considera que hay buenas razones para pensar que los consumidores estadounidenses no volverán a gastar como lo hacían antes.

Por Manuel Suárez-Mier

Se escucha con frecuencia que este año la economía de EE.UU. se recupera con firmeza de la caída que sufrió, lo que implica que la mejoría económica de México registrada desde finales del año pasado se consolidará.

Tal pronóstico supone que los consumidores estadounidenses, la principal locomotora de la economía mundial, regresarán a gastar como antes de la crisis, pero hay buenas razones que indican que ello es improbable:

  • Los consumidores cargan con una deuda enorme, de 2,5 billones de dólares (trillion en inglés), cerca de la quinta parte del gasto total anual de esa economía y equivalentes a 8.100 dólares por habitante, y el colapso en los precios de los bienes raíces, principal riqueza de sus habitantes, significa que hoy son más pobres. Ambas causas los obligan a ahorrar mucho más.
  • La tasa de desempleo de casi 10% de la fuerza de trabajo alcanza un 22% cuando se suma a quienes dejaron de buscar empleo, lo que significa que uno de cada cinco consumidores carece de ingresos.
  • Las empresas medianas y pequeñas, principal fuente de creación de empleo, están en problemas graves: su número de bancarrotas va 40% arriba que el año anterior, en buena medida debido a la falta de crédito, a pesar de la expansiva política monetaria. Además, la ley de cobertura médica recién adoptada, les representará una onerosa carga adicional al forzarlas a cubrir a sus empleados, cuando hoy casi la mitad de ellas no lo hace.

En adición, hay que subrayar que tres de las causas que estuvieron detrás del colapso económico de EE.UU., no se han corregido sino que se han agravado:

  • El desequilibrio en las finanzas públicas, que ya era serio en el gobierno de George W. Bush, ha crecido considerablemente al llegar a 1,75 billones de dólares el año pasado, más del 12% del PIB. Tal déficit fiscal sólo se alcanzó en México al final del sexenio de López Portillo, antes de la debacle de 1982.
  • Una política monetaria laxa, a la que se culpa de haber alimentado la burbuja en los precios de los bienes raíces cuya ruptura causó la crisis, se ha vuelto aún más permisiva, con el ostensible fin de reanimar la economía pero con la consecuencia de provocar una nueva burbuja especulativa, esta vez en el mercado accionario, que ha mostrado una gran volatilidad en fechas recientes.
  • Un desequilibrio externo que transformó a EE.UU. en el primer deudor mundial, pone en entredicho la permanencia del dólar como moneda de reserva internacional, aunque la crisis de deuda en la Unión Europea haya resultado en su reciente apreciación frente al euro.

Resulta obvio que hay poderosas razones para ser escépticos respecto al vigor y permanencia de la recuperación de EE.UU., lo que no conlleva buenos augurios para nuestra economía.

Este artículo fue publicado originalmente en El Economista (México) el 24 de mayo de 2010.