Nuestra nueva "coalición de los dispuestos"

El nuevo presidente de Bolivia, el cultivador de coca socialista Evo Morales, prometió en su discurso de inauguración conducir a su país en la dirección marcadamente opuesta a la del modelo estadounidense “neoliberal” de la empresa privada y el comercio creciente. El triunfo de Morales a primera vista parece ser otra señal de que los latinoamericanos se están moviendo en masa hacia la izquierda, pero de hecho solo expone un quiebre dentro de la región que atraviesa justamente la columna vertebral de las montañas de los Andes.

Por Daniel T. Griswold

El nuevo presidente de Bolivia, el cultivador de coca socialista Evo Morales, prometió en su discurso de inauguración conducir a su país en la dirección marcadamente opuesta a la del modelo estadounidense “neoliberal” de la empresa privada y el comercio creciente. El triunfo de Morales a primera vista parece ser otra señal de que los latinoamericanos se están moviendo en masa hacia la izquierda, pero de hecho solo expone un quiebre dentro de la región que atraviesa justamente la columna vertebral de las montañas de los Andes.

Los gobiernos latinoamericanos están siguiendo dos modelos económicos básicos opuestos. Un modelo se adhiere a la libre empresa, la estabilidad macroeconómica, y al envolvimiento creciente con la economía global, incluyendo el libre comercio con EE.UU. Chile, México, El Salvador están liderando el camino con su ejemplo, con un crecimiento estable, la inversión extranjera en aumento, y la estabilidad política como recompensa tangible.

El otro modelo sospecha de la empresa privada, la inversión extranjera, y de la liberalización comercial si es que no es hostil a ellas. La Venezuela de Hugo Chávez y la Cuba de Fidel Castro personifican este modelo; ahora la Bolivia de Evo Morales es su seguidor más nuevo. Mientras que el primer modelo se orienta hacia EE.UU. y la costa del pacífico para sus lazos comerciales, el segundo mira hacia adentro al MERCOSUR, la unión aduanera que incluye a Brasil y Argentina, como su centro de gravedad. De hecho, la organización comercial está a punto de darle la bienvenida a Venezuela y Bolivia como sus miembros más nuevos.

En su discurso de inauguración, Morales prometió una era nueva de “independencia” de EE.UU., la nacionalización de los recursos petroleros y el gas, y una mayor redistribución de la riqueza del país hacia sus pobres, especialmente con sus hermanos indígenas. El ha prometido convertirse en una “pesadilla” para Washington. La verdadera pesadilla es más probable que sea sufrida por los bolivianos.

El camino de Latinoamérica hacia el desarrollo está lleno de un desastre de movimientos populistas, que datan desde la Argentina de Juan Perón, que han tratado de levantar a las masas en montón aislando sus economías y redistribuyendo los ingresos internamente. Bolivia, como Venezuela, puede que puede que ande bien por algún tiempo debido a sus recursos energéticos, pero sin un sector privado vibrante, competitivo y en crecimiento, sus ciudadanos continuarán sufriendo en la pobreza.

Para EE.UU., el creciente quiebre ideológico en Latinoamérica probablemente significa la evaporación de cualquier esperanza de que se concrete el Área Libre de Comercio para las Américas (ALCA) durante la próxima década. La valedera misión del área libre de comercio abarcando todos los 34 países más o menos democráticos en el hemisferio (todos menos Cuba) será impracticable mientras aunque sea un pequeño grupo de gobiernos se mantengan esencialmente hostiles a los principios del libre comercio y los mercados libres.

Chávez, Morales, Castro, y sus almas gemelas ideológicas en la región alabarán este estancamiento como una contestación al “imperialismo estadounidense”, cuando en realidad los intereses económicos de EE.UU. en el ALCA son pequeños y cada vez menores. Con el pasaje del Tratado de Libre Comercio de América Central (CAFTA, por sus siglas en inglés), luego de la efectuación de NAFTA y del TLC entre Chile y EE.UU., EE.UU. ya ha negociado el comercio libre con nueve países (incluyendo a Canadá) que constituyen la mayor parte de nuestro comercio (en las dos direcciones) con el hemisferio occidental.

De hecho, si EE.UU. concluye exitosamente las negociaciones con Panamá y los países andinos como Colombia, Ecuador, y Perú, habrá logrado un comercio libre al estilo del ALCA con países que desde ya constituyen 88 por ciento de nuestro comercio en las dos direcciones. A estas alturas, concluir el ALCA sería meramente un gesto por parte de EE.UU. Los que más tienen que ganar son los países de Latinoamérica, principalmente porque lograrían tener un comercio libre entre ellos al disminuir sus propias barreras comerciales.

Por supuesto, la realidad en Latinoamérica es mucho más complicada que cualquier mundo organizado y bipolar. El Primer Ministro de izquierda en Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, ha gobernado de forma pragmática, implementando políticas macroeconómicas ortodoxas mientras que jugaba un rol constructivo en las negociaciones globales de comercio. Mientras tanto, algunos de los gobiernos involucrados en las negociaciones comerciales con EE.UU. han comprobado no estar dispuestos a ser socios.

El resultado de la táctica estadounidense de fragmentar las negociaciones comerciales para el comercio hemisférico ha sido la de agrupar una coalición de los más o menos dispuestos. Dentro de unos pocos años, esta táctica unirá a todos los países de la costa del Pacífico del norte y el sur de América en el libre comercio con EE.UU., sino entre si mismos.

Ningún país latinoamericano será forzado a renunciar a su independencia, pero solo a escoger entre dos caminos hacia el desarrollo: uno mirando hacia fuera al resto del mundo y con seguridad hacia el futuro, y el otro mirando hacia adentro y con miedo a las fracasadas políticas públicas del pasado.

Traducido por Gabriela Calderón para Cato Institute.