Francia debería exportar una advertencia, no sus ideas fiscales
Veronique de Rugy dice que el economista francés Gabriel Zucman ha llegado a California con una solución típicamente francesa a un problema fiscal: otro impuesto.
El economista francés Gabriel Zucman ha llegado a California con una solución típicamente francesa a un problema fiscal: otro impuesto.
Zucman, quien anteriormente se desempeñaba en la Universidad de California, Berkeley, ha regresado y está haciendo campaña a favor de la Proposición 40, que impondría un impuesto supuestamente único del 5% sobre el patrimonio neto de los californianos con un valor superior a mil millones de dólares. Zucman, quien es coautor de la propuesta, estima que el impuesto podría recaudar alrededor de 100 mil millones de dólares y afirma que el 90% de los ingresos se destinaría a la atención médica.
La Oficina del Analista Legislativo de California se muestra mucho más cautelosa, al señalar que solo recaudaría "decenas de mil millones" y que podría provocar una pérdida a largo plazo de ingresos por impuestos sobre la renta, ya que las personas adineradas se irían del estado junto con las empresas que crearon.
He escrito mucho sobre por qué los impuestos sobre la riqueza son económicamente destructivos, una pesadilla desde el punto de vista administrativo y poco probables de lograr algo ni remotamente parecido a lo que prometen sus defensores. Pero la receta de Zucman es errónea por una razón más fundamental, como lo demuestra su país natal (y el mío): aumentar los impuestos para financiar demandas cada vez mayores de gasto público es una receta para el desastre.
A menos que hayas estado viviendo en una cueva remota últimamente, probablemente hayas visto todas las protestas y la destrucción en Francia. Pero, ¿sabes por qué está sucediendo esto?
Como señaló acertadamente otro economista, Paul Krugman, allá por 2017: "Francia ofrece una red de seguridad social que supera los sueños más descabellados de los progresistas estadounidenses: atención médica de alta calidad garantizada para todos, generosas licencias remuneradas para los nuevos padres, educación preescolar universal y mucho más".
Durante décadas, Francia ha respondido a cualquier deseo percibido con gasto público, para luego hacer frente al problema fiscal resultante buscando nuevas fuentes de ingresos. Hoy en día, el gasto público francés consume aproximadamente el 58% del PIB.
Krugman se regodeaba de que Francia no estuviera sufriendo un colapso social y especulaba que se debía a todo ese gasto. Sin duda, ya no puede decir eso. De hecho, ahora le preocupa que Francia pueda estar al borde de una crisis de deuda. La verdad es que a Francia no le ha ido bien desde hace tiempo, incluso cuando Krugman aplaudía su gasto.
Uno de los grupos que hoy sale a la calle, los jóvenes, ha enfrentado un desempleo generalizado desde hace mucho tiempo. La tasa de desempleo juvenil en Francia (entre 15 y 24 años) ha oscilado entre el 17% y el 27% desde el año 2000. En el segundo trimestre de 2026, fue del 21,6%, frente al 14,8% en la zona del euro y al 9,9% en Estados Unidos.
Los franceses también pagan algunos de los impuestos más altos del mundo desarrollado, y no están contentos con lo que reciben a cambio. El gobierno ya recauda más del 52% de la producción del país, tiene déficits que superan el 5% del PIB y ha acumulado una deuda que se acerca al 120% del PIB. Sin embargo, los estudiantes franceses se quejan de que el gobierno está recortando fondos a las escuelas, mientras que todos ven que está recortando fondos a su ejército y a su policía.
Los estudiantes no se equivocan al sentirse marginados. En el Substack de The Two Cents, el investigador de la Institución Hoover, Hanno Lustig, calcula que, entre 1995 y 2024, el gasto en protección social y salud (que en su mayor parte beneficia a las personas mayores) aumentó del 53,1% al 58,7% del gasto total del gobierno francés. La proporción dedicada a la educación, la defensa y el orden público cayó del 15,2% al 13,7%. La de transporte bajó del 5,3% al 3,8%.
En otras palabras, Francia ha construido un enorme estado de bienestar, dedicado en gran parte a los ciudadanos de la tercera edad, mientras deja que otras capacidades del Estado y servicios básicos se desmoronen. A medida que las transferencias de riqueza se llevan una mayor parte del presupuesto, todo lo demás se ve reducido.
Esa es la espiral fiscal por la que los californianos deberían preocuparse cuando Zucman les dice que la Proposición 40 es necesaria para “salvar” la atención médica. Los defensores de la propuesta afirman que Washington “recortó” Medicaid, pero ese lenguaje es engañoso. El déficit de California comenzó mucho antes de cualquier reducción del gasto por parte de Washington. Además, el gasto federal en Medicaid no está disminuyendo —ni por asomo—. La Oficina de Presupuesto del Congreso estima que alcanzará los 708 mil millones de dólares en 2026, un 8% más que en 2025. Lo que hizo Washington en la ley de reconciliación presupuestaria de 2025 fue reducir el crecimiento futuro de Medicaid en relación con las proyecciones anteriores, en parte mediante cambios en las reglas de elegibilidad e inscripción y en los acuerdos de financiamiento.
Así es como funciona el efecto trinquete. Una vez que el gobierno proyecta un aumento en el gasto, cualquier cifra inferior se convierte en un recorte. Y una vez que Washington no logra financiar la totalidad del aumento proyectado, a los californianos se les dice que Sacramento debe cubrir el dinero que falta. ¿Y cómo debería hacerlo? Convenientemente, creando un impuesto completamente nuevo.
Francia ha llevado a cabo este experimento durante décadas. Cuenta con un estado de bienestar increíblemente generoso financiado con impuestos muy altos; incluso ha probado un impuesto sobre el patrimonio y tiene un impuesto al valor agregado, pero de alguna manera nunca es suficiente. Su estado de bienestar no ha eliminado la escasez. Simplemente ha transferido a los políticos la tarea de racionar los recursos escasos.
Zucman mira a California y ve cientos de miles de millones de dólares de riqueza privada esperando para resolver un problema de finanzas públicas. Los californianos deberían mirar al otro lado del Atlántico y hacerse una pregunta diferente: ¿Qué pasa después de que los políticos decidan que cada ajuste en el gasto puede posponerse hasta mañana al encontrar otra fuente de riqueza privada?
Francia no debería estar enviando consejos fiscales a California. Debería estar enviando una advertencia.
Este artículo fue publicado originalmente en Creators Syndicate (Estados Unidos) el 22 de octubre de 2026.