El problema de JD Vance es con tus decisiones, no con el PIB

Ruan Bourne dice que Vance ha presentado un clásico argumento paternalista en contra de la libertad para elegir de las personas, disfrazándolo como una queja contra la contabilidad del ingreso nacional.

Por Ryan Bourne

El libro de JD VanceCommunion, dedica un capítulo a argumentar que los políticos han pasado décadas persiguiendo el PIB a costa de lo que él considera el bien común. A principios de esta semana escribí para mostrar en qué se equivoca Vance respecto a la historia económica del país; es decir, que los políticos nunca han sido los maximizadores del PIB que él retrata. Pero incluso aceptando esa premisa, el capítulo falla de manera más profunda.

Su mayor error no es malinterpretar el PIB ni siquiera tergiversar lo que buscan los responsables de políticas. Es confundir las estadísticas del PIB con una motivación. Muchas cosas que hacemos todos los días aumentan el PIB, pero pocos de nosotros nos levantamos por la mañana pensando en maximizar el PIB. El PIB es un subproducto de gran parte de la acción y la toma de decisiones humanas —decisiones que, en su mayor parte, son voluntarias. Al leer el capítulo con atención, queda claro que el problema de Vance no es realmente con el PIB en sí, sino con las personas que toman decisiones que contribuyen a un mayor PIB, pero que no coinciden con su propia visión de lo que es mejor.

Consideremos el ejemplo que da Vance de alguien que trabaja el Día de Acción de Gracias antes del Viernes Negro. "Una sociedad más sana", escribe, "reconocería lo repugnante que es enviar a jóvenes de dieciséis años a trabajar desde las 4 pm del Día de Acción de Gracias hasta las 4 am del viernes". Pero, ¿quién exactamente está enviando a la gente a trabajar? Ese joven trabajador no está sacrificando su día festivo porque algún economista o político le haya exigido que trabaje para aumentar el PIB. Por el contrario, buscó un empleo con un horario específico, optó por disfrutar de un pago mayor por días festivos o priorizó tomarse otro día libre porque consideró que era la mejor decisión dadas las circunstancias de la vida real que enfrentaba.

Lo mismo ocurre con una madre que acepta un empleo remunerado o un padre que hace horas extras, a pesar del deseo natural de pasar más tiempo con sus hijos pequeños. ¿Son esas decisiones evidencia de que han sido engañados por el "culto al crecimiento"? Para nada. Algunos trabajan y sacrifican ese tiempo precioso porque valoran la independencia financiera, el seguro médico, la realización profesional, la compañía de otros adultos, los ingresos para llegar a fin de mes o brindarles a sus hijos un mejor comienzo en la vida de otras maneras.

Eso no quiere decir que todas las decisiones sean acertadas. Las personas pueden equivocarse, estar mal informadas, ser adictas, ser estafadas o ser coaccionadas. Las transacciones pueden imponer costos injustos a terceros. Pero, para empezar, la mayoría de los adultos saben más sobre sus propias circunstancias, preferencias y alternativas que JD Vance. Una elección voluntaria es prueba, al menos, de que la persona que toma la decisión espera salir mejor parada como resultado. Son los políticos quienes, al querer eliminar sus opciones en pos de un "bien común" amorfo, tienen la carga de demostrar que existe un daño a otros, no solo anunciar que desaprueban el resultado.

Pero Vance no puede cumplir con esa carga. Implícitamente compara al adolescente que trabaja en Acción de Gracias con unas vacaciones idílicas en familia nuclear, no con los salarios perdidos cuando desaparece un turno de trabajo. O compara a una hipotética madre trabajadora con el cómodo hogar de un solo ingreso, no con la situación financiera real de los estadounidenses. O compara a los consumidores que compran importaciones baratas con versiones imaginarias fabricadas en Estados Unidos, sin tener en cuenta la insuficiencia real de lo que se puede producir a nivel nacional.

Pero prohibir el trabajo en días festivos, dar preferencia al estilo familiar de “quedarse en casa” e imponer aranceles no hace que aparezcan turnos mejor pagados en otros lugares, ni reemplaza los ingresos de un padre o madre que trabaja, ni les da a los estadounidenses tiempo extra para fabricar cosas por sí mismos. Que el gobierno cierre una puerta no hace que todos pasen de repente al otro lado, a una habitación con el tipo de vida que Vance cree que deberían desear.

Podríamos debatir legítimamente si algunas decisiones políticas actuales inclinan la balanza hacia ciertas opciones de vida en detrimento de otras. Muchas ayudas para el cuidado infantil, por ejemplo, distorsionan las decisiones hacia hogares con dos ingresos en los que ambos padres trabajan cuando los hijos son pequeños. Pero Vance insinúa una crítica más amplia de la política económica que la mera eliminación de las políticas estatales que causan distorsiones. Cuando los estadounidenses eligen libremente un resultado que a Vance no le agrada, él los ve como víctimas desventuradas de un régimen económico.

Pero cuando el propio gobierno de Vance restringe esas opciones para impulsar su orden social preferido, se presenta como un retorno al florecimiento humano, como si la buena vida fuera un resultado objetivo y consensuado.

Eso realmente llega al meollo de por qué Vance está tan en contra de las políticas de los últimos 40 a 50 años. En la medida en que el acuerdo económico posterior a 1980 tuvo algún instinto unificador, no fue "maximizar el PIB a toda costa". Era, sin embargo, dar a las personas un poco más de libertad para decidir por sí mismas: qué comprar, dónde trabajar, cómo organizar sus familias y qué riesgos y concesiones aceptar. Esa libertad siempre fue parcial y se aplicó de manera inconsistente, como lo ilustran las normas de zonificación, los regímenes de licencias y las leyes de permisos que han proliferado en los últimos años. Pero es precisamente esa parte del acuerdo relacionada con una libertad económica algo mayor a lo que Vance parece oponerse realmente.

Por lo tanto, el artículo "A Dismal Science" de Communion se entiende mejor como el lamento de un profundo paternalismo disfrazado de queja sobre la contabilidad del ingreso nacional. Vance podría haber argumentado abiertamente lo que realmente parece pensar: que las preferencias de algunas personas merecen menos respeto que las de otras; que el gobierno debería privilegiar el modelo tradicional de familia con un solo sustento, sacrificar la asequibilidad a cambio de cierta relocalización de la producción nacional y anteponer los roles de género tradicionales a las libres decisiones de las mujeres. Así podría defender los impuestos, aranceles, regulaciones y prohibiciones necesarios para producir los resultados que desea —y decirles a las personas a quienes les ha ido peor por ello que considera que es un sacrificio que vale la pena.

En cambio, crea el hombre de paja de la maximización del PIB, como si los estadounidenses hubieran pasado el último medio siglo trabajando, comerciando, comprando y organizando sus familias bajo el mandato de la Oficina de Análisis Económico.

Este artículo fue publicado originalmente en Cato At Liberty (Estados Unidos) el 13 de agosto de 2026.