El plan de Mamdani para los alimentos consiste, básicamente, en más subsidios

Ryan Bourne y Nathan Miller explican que en la medida en que estas tiendas hagan que los alimentos sean más baratos para algunos, lo lograrán principalmente al trasladar los costos a los contribuyentes.

Por Ryan Bourne y Nathan Miller

El alcalde de la ciudad de Nueva York, Zohran Mamdani, acaba de dar a conocer los detalles de cómo planea cumplir su promesa de campaña de abrir cinco tiendas de abarrotes de propiedad municipal en toda la ciudad. La semana pasada, dio a conocer su propuesta "Receta para la asequibilidad" y una convocatoria para operadores de tiendas de abarrotes que administren los próximos establecimientos. Esto confirma que, en lugar de ser locales administrados por el gobierno, estas tiendas de propiedad municipal en realidad solo servirán para otorgar un subsidio inventado.

Las tiendas ofrecerán una canasta básica de productos frescos, carnes y otros alimentos a precios que, en promedio, serán un 30 por ciento más bajos que los del mercado. Sin embargo, los supermercados estadounidenses obtienen márgenes de ganancia netos de solo entre el 1 y el 4 por ciento sobre las ventas, por lo que no es posible lograr un descuento del 30 por ciento simplemente renunciando a las ganancias. Por lo tanto, la propuesta es bastante franca al reconocer que la diferencia la cubrirán los contribuyentes. Promete "ofrecer subsidios que reducirán los precios de los alimentos" y admite que "mantener estos precios más bajos requerirá una inversión pública específica".

Ese monto total de subsidios no revelado se suma a los 70 millones de dólares destinados a la construcción de las tiendas, además de la exención del alquiler y los impuestos a la propiedad en los terrenos proporcionados por la ciudad. Se trata, por supuesto, de un subsidio más encubierto. Un terreno público utilizado para una tienda es aquel que no se vende, ni se arrienda, ni se usa para otras funciones municipales, como vivienda o escuelas. Los costos se materializarán cuando la ciudad de Nueva York tenga que alquilar espacio para funciones que podría haber ubicado en los terrenos de su propiedad, o cuando cobre impuestos a los neoyorquinos por el dinero que podría haber obtenido vendiendo terrenos.

Gran parte de la atención de los medios se ha centrado en los efectos distorsionadores sobre la competencia. Pero es poco probable que cinco tiendas subvencionadas tengan un efecto enorme en toda la ciudad. Y como Mamdani afirma que las tiendas no venderán comida caliente, cerveza ni cigarrillos, gran parte de los ingresos de los supermercados y bodegas queda a salvo. Sin embargo, probablemente habrá una competencia de precios a la baja a nivel local contra las tiendas independientes con márgenes ajustados en las cuadras que rodean directamente a cada entidad estatal. Es incierto si los consumidores locales terminarán con más o menos opciones, dependiendo de cómo respondan los comerciantes vecinos ante el nuevo competidor estatal.

El problema más profundo son las distorsiones que los elevados subsidios traerán consigo con el tiempo. Los menores costos de bolsillo en productos básicos populares generarán un exceso de demanda y oportunidades de arbitraje para los revendedores. Eso invita al conocido fracaso del comercio minorista subsidiado: una combinación de estantes vacíos, límites de compra, clientes perdiendo tiempo buscando productos, largas filas y reventa en el mercado negro. Con el tiempo, habrá presión para obtener más subsidios y aumentarán los costos de aplicación de la ley para superar estos desafíos. Y no hay garantía, por supuesto, de que las personas que tengan acceso a los productos subsidiados sean las familias más pobres que luchan por llegar a fin de mes.

El hecho de que sea propiedad estatal añade riesgos adicionales de que los subsidios aumenten. El plan promete "los mejores salarios y prestaciones de su clase" y preferencias para proveedores locales favorecidos. Eso inevitablemente aumentará los costos de operación, al mismo tiempo que Mamdani quiere reducir los precios finales. Además, habrá razones políticas para favorecer a ciertos proveedores. Con votantes de todos los frentes —consumidores, empleados y mayoristas—, el monto de los subsidios para los alimentos tenderá a aumentar a medida que el alcalde intente complacer a todos. Como lo expresó el cofundador de Whole Foods, John Mackey, cuando lo entrevisté a principios de este año, estas tiendas solo se verán limitadas cuando se enfrenten al problema de Thatcher de quedarse sin el dinero de otros.

Es revelador que el propio diagnóstico del plan socave su solución. Atribuye los altos precios, en gran parte, a los costos operativos y a las desventajas de escala que enfrentan las tiendas independientes. También se compromete a reducir las cargas regulatorias y agilizar la tramitación de permisos para que los comerciantes privados puedan operar con mayor facilidad y a menor costo. Eso sí sería una mejora real en la asequibilidad, y algo que Cato respalda en nuestro propio Manual sobre la asequibilidad, pero ya es pasarse de la raya crear una nueva burocracia estatal dedicada a los supermercados.

Muchos comentaristas conservadores parecen esperar que estas tiendas pongan rápidamente de manifiesto los peligros del socialismo al erradicar la abundancia, al estilo de el Mercal de Venezuela, pero el experimento a pequeña escala de Mamdani está muy lejos de las cadenas de suministro nacionalizadas. Sus cinco tiendas de propiedad estatal y administradas por el sector privado, junto con los enormes subsidios para compensar a los gerentes, probablemente se convertirán en un despilfarro decepcionante y cada vez más costoso. En la medida en que estas tiendas hagan que los alimentos sean más baratos para algunos, lo lograrán principalmente al trasladar los costos a los contribuyentes. No es nada nuevo, solo más subsidios.

Este artículo fue publicado originalmente en Cato At Liberty (Estados Unidos) el 29 de julio de 2026.