Los inversionistas en acciones esperan que la Reserva Federal los salve, pero no habrá ningún "Warsh Put"
Jai Kedia dice que lo que los inversionistas deberían esperar de Kevin Warsh es la previsibilidad que hizo que el mandato de Alan Greenspan fuera un éxito: una Reserva Federal que responda a las condiciones económicas vigentes tal como se reflejan en los datos.
Por Jai Kedia
Alan Greenspan dirigió la Reserva Federal de Estados Unidos durante 19 años, desde agosto de 1987 hasta enero de 2006. Su mandato como presidente de la Fed coincidió casi por completo con la "Gran Moderación": un período largo y sostenido de inflación y desempleo bajos y estables en Estados Unidos. La era de Greenspan fue testigo de un increíble avance tecnológico, a medida que Internet se integraba en la vida cotidiana, tal como lo está haciendo ahora la inteligencia artificial.
Para los inversionistas, la era de Greenspan marcó un debate sobre el papel de la Reserva Federal en la estabilización de los mercados financieros y la creencia de que la Reserva Federal flexibilizaría las condiciones en respuesta a una caída del mercado de valores o para prevenirla. Esta creencia se denominó el "Greenspan put". Una opción de venta (put) genera ganancias cuando los precios de los activos caen, por lo que tener una te permite poseer activos de riesgo sin temor a pérdidas.
Los inversionistas llegaron a dar por sentado que la Reserva Federal de Greenspan les estaba otorgando una opción de venta de forma gratuita. Cada vez que los mercados se desplomaban —el colapso de 1987 a apenas unas semanas de que Greenspan asumiera el cargo, la crisis de los fondos de cobertura y el incumplimiento de Rusia en 1998, el estallido de la burbuja de las puntocom en 2000—, la Fed bajaba las tasas e inyectaba liquidez en el sistema financiero. Para muchos inversionistas, esto implicaba que las acciones tenían un piso respaldado por la Fed. Pero el "Greenspan put" era un mito.
La razón por la que esto importa ahora es la inteligencia artificial. El repunte de las acciones de IA ha reavivado la comparación con finales de la década de 1990, cuando Internet prometía transformar la economía y las valoraciones bursátiles se dispararon a niveles históricos. En diciembre de 1996, cuando el auge apenas comenzaba, Greenspan se preguntó en voz alta si la "exuberancia irracional" se había apoderado de los precios de los activos. El mercado siguió subiendo durante más de tres años antes de colapsar.
No estoy prediciendo ni esperando que estalle una burbuja de la IA. Pero la hipótesis aún exige una respuesta: si las acciones de IA son una burbuja inflada que eventualmente estalle, ¿debería el nuevo presidente de la Fed, Kevin Warsh, respaldar al mercado de valores como supuestamente lo hizo Greenspan?
Es decir, ¿habrá un "put de Warsh"?
La respuesta honesta comienza con lo que hizo que los años de Greenspan funcionaran, y no fue el put. A Greenspan se le consideraba un "maestro" que interpretaba la economía con intuición y desconfiaba de las reglas mecánicas. Sin embargo, cuando los economistas analizan retrospectivamente lo que realmente hizo su Reserva Federal, las decisiones de política monetaria parecen sorprendentemente mecánicas. Investigadores del Banco de la Reserva Federal de Richmond descubrieron que una fórmula simple —similar a la que el economista John Taylor propuso en 1993, que consiste en subir las tasas de interés cuando la inflación o el crecimiento se aceleran y bajarlas cuando se enfrían— reflejaba fielmente las decisiones del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) sobre las tasas bajo el mandato de Greenspan.
Si se elimina el halo de misterio, el "Greenspan put" se asemeja simplemente a una respuesta sensata a las condiciones económicas imperantes, tal como lo predeciría una regla sencilla diseñada para tomar en cuenta las previsiones de inflación y crecimiento.
Cuando la Reserva Federal adoptaba una política monetaria expansiva tras una caída del mercado, por lo general estaba reaccionando a lo que ese descenso presagiaba. Un mercado a la baja es una señal temprana de que el gasto y el crecimiento están a punto de desacelerarse. La Reserva Federal actuaba para contrarrestar esa desaceleración, y cualquier repunte de las acciones era un efecto secundario. La evidencia más clara es que los recortes a menudo no lograron proteger precisamente a los inversionistas a quienes el "Greenspan put" supuestamente aseguraba. La Fed bajó las tasas en enero de 2001 cuando el mercado de las puntocom se derrumbó, y las acciones siguieron cayendo durante casi dos años más.
Esta sutil distinción es crucial. La estabilidad de la era de Greenspan que recuerda Wall Street probablemente provino de la previsibilidad de una política monetaria basada en reglas, destinada a facilitar la estabilización económica general, no de un deseo de rescatar a los inversionistas. Y el "Greenspan put", si es que alguna vez existió, iba en contra de eso —como lo han demostrado los numerosos pasos en falso de la Fed en los rescates realizados en los años posteriores a Greenspan.
Entonces, ¿qué debería hacer Warsh a medida que suben las valoraciones de la IA? La tentación será actuar como árbitro y decidir desde su puesto si las acciones de IA están sobrevaloradas para luego tomar medidas en su contra, o insinuar que la Fed sostendrá el mercado si caen. Pero nadie, incluido Warsh, puede predecir con certeza una burbuja en tiempo real. Greenspan no pudo: su advertencia sobre la exuberancia llegó tres años antes de tiempo. Una Fed que se propone gestionar los precios de los activos es una Fed que hace pronósticos para los que no tiene facultades especiales.
Lo que los inversionistas deberían esperar de Warsh es la previsibilidad que hizo que el mandato de Greenspan fuera un éxito: una Reserva Federal que responda a las condiciones económicas vigentes tal como se reflejan en los datos. Una Reserva Federal así no rescatará una cartera si las valoraciones de la IA sufren una corrección. Pero tampoco arruinará la economía en general al hacer conjeturas al respecto. A lo largo de un ciclo completo, esa es la mejor opción, incluso para los inversionistas que esperan un respaldo.
Warsh ha dicho que quiere una Reserva Federal más disciplinada y menos improvisada. La lección del historial de Greenspan es que la Reserva Federal debe hacer menos, no más. Se trata de vincular la política monetaria a una regla—no de pedirle al presidente que adivine mejor que el mercado.
Este artículo fue publicado originalmente en Cato At Liberty (Estados Unidos) el 23 de junio de 2026.