La marea gris

Ian Vásquez señala que dado que la tasa de natalidad en la región está ahora por debajo del nivel de reemplazo que se requiere para mantener la población constante (2,1 hijos por mujer), América Latina no solo está envejeciendo, sino que también empezará a despoblarse.

Por Ian Vásquez

Las elecciones colombianas del pasado fin de semana parecen indicar que la llamada marea rosa de gobiernos de izquierda en la región seguirá a la baja. Veremos si el Perú se sumará a esa tendencia el domingo que viene.

Sean como sean los resultados, sin embargo, hay otra marea que sí está impactando a toda la región de manera cada vez más significativa: la marea gris. América Latina se está envejeciendo más rápido que otras regiones del mundo.

De eso se trata un ensayo de Laurence Blair, publicado en la edición actual de “Americas Quarterly”. Allí, Blair resume tendencias de largo plazo que los demógrafos han estado encontrando. En América Latina, las tasas de natalidad han estado cayendo rápidamente mientras que la expectativa de vida ha estado al alza.

Las dos tendencias han sido marcadas y reflejan, en buena parte, avances en el estándar de vida. En los cincuenta, la longevidad era de alrededor de 50 años, mientras que ahora el latinoamericano promedio llega a los 76 años de vida. Por otro lado, la tasa de natalidad se desplomó de casi 6 hijos por mujer a 1,8. La caída refleja los deseos de las mujeres y las parejas y el aumento de la educación femenina, así como del ingreso y de las oportunidades profesionales de las mujeres, entre otros factores.

Pero dado que la tasa de natalidad en la región está ahora por debajo del nivel de reemplazo que se requiere para mantener la población constante (2,1 hijos por mujer), América Latina no solo está envejeciendo, sino que también empezará a despoblarse. De hecho, las poblaciones de Cuba y Uruguay ya se están disminuyendo. Blair reporta que, para fin de este siglo, las poblaciones de Chile y Uruguay caerán en un tercio y las de Brasil y Argentina en un cuarto y un quinto, respectivamente, si las tendencias se mantienen.

Esta transformación está sucediendo de manera más rápida de lo que los expertos esperaban y representa una serie de retos. Si hay cada vez menos personas en edad de trabajar y un aumento de jubilados, ¿cómo afectará el crecimiento económico? ¿Cómo afectará las finanzas públicas y los programas sociales como los sistemas estatales de pensiones que nunca fueron autosostenibles porque requieren una base creciente de trabajadores? ¿Será que los países se verán forzados finalmente a adoptar sistemas de capitalización individual para las jubilaciones? ¿Un menor número de personas implicará menor innovación?

¿Cómo impactará esta transformación demográfica a la política? Blair sugiere que una posibilidad es que surjan populistas apelando a los votantes de la tercera edad. Esto es, un electorado que demandará que el Estado gaste de manera desproporcionada en sus prioridades, como las pensiones, por encima de las prioridades de otros ciudadanos, como la educación. Otra posibilidad es que el Estado simplemente no tendrá los recursos y se implementarán reformas de largo alcance.

Los cambios demográficos que está viviendo América Latina son parte de un patrón global. En un estudio nuevo, el experto Nicholas Eberstadt y su colega Patrick Norrick explican que el 71% de la población global vive en países cuyas tasas de natalidad están por debajo del nivel de reemplazo. Todos los continentes con la excepción de África llegaron a ese punto para el 2023 y los africanos están rumbo al mismo destino. Es más, un cuarto de la población mundial ya vive en países que se están despoblando.

No queda claro por qué el cambio de actitudes acerca de la familia y los hijos se ha dado en sociedades y países tan distintos al mismo tiempo. Pero Eberstadt y su coautor nos dicen que una vez que una sociedad cae por debajo del nivel de reemplazo, no tiende a recuperarse. ¿Estará lista América Latina para enfrentar esta marea global?

Este artículo fue publicado originalmente en El Comercio (Perú) el 2 de junio de 2026.