Robándose a Microsoft
por David Boaz
David Boaz es Vicepresidente Ejecutivo del Cato Institute.
Se están robando la compañía de Bill Gates. Cuando se dejan de analizar todos los argumentos legales y económicos, que constituyen la esencia de la decisión legal que afecta a Microsoft Corporation, el juez Thomas Penfield Jackson ordenó la separación de la compañía en dos entidades separadas, tal como había propuesto el Departamento de Justicia. Gates sólo podrá dirigir la compañía de sistemas operativos o la de aplicaciones. Pero la mitad de la empresa que ha construido le será quitada.
Por David Boaz
Se están robando la compañía de Bill Gates. Cuando se dejan de analizar todos los argumentos legales y económicos, que constituyen la esencia de la decisión legal que afecta a Microsoft Corporation, el juez Thomas Penfield Jackson ordenó la separación de la compañía en dos entidades separadas, tal como había propuesto el Departamento de Justicia. Gates sólo podrá dirigir la compañía de sistemas operativos o la de aplicaciones. Pero la mitad de la empresa que ha construido le será quitada.
Y esto no es todo. A Microsoft se le ha ordenado que comparta con sus competidores sus interfaces de programación de aplicaciones, su gran patrimonio, cuyo desarrollo ha costado miles de millones de dólares. Según el Washington Post, "El juez encontró que Microsoft utilizó su acceso al código de programación para herir a sus competidores y favorecer a sus aliados." Es un extraño sistema de libre empresa aquel en el que las compañías que desarrollan productos exitosos tienen que permitir que sus competidores tengan libre acceso al fruto de su trabajo.
Sin embargo, el asalto del juez y el Departamento de Justica no terminó ahí. La orden de Jackson establece un sistema de monitoreo en el cual el gobierno recibe "acceso durante horas de oficina para inspeccionar y copiar...todos los libros; la contabilidad; correspondencia; cuentas; memorandums; códigos de programación y otros escritos y documentos." Jackson incluso ordena a Microsoft que "establezca y mantenga un canal mediante el cual los empleados puedan reportar eventuales violaciones" (de las regulaciones gubernamentales) "en forma confidencial". De Microsoft a Microsiervo.
Tanto los debates económicos, acerca de si Microsoft ha contribuido o herido la innovación tecnológica y el efecto sobre los inversionistas de un eventual quiebre de la compañía , como los argumentos legales - ¿Ha seguido el juez Jackson al pié de la letra las leyes antimonopolios?- son importantes. Pero el tema fundamental es que hace 25 años, un par de desertores universitarios se mudaron a Nuevo México y comenzaron a escribir programas en BASIC para las primitivas computadoras Altair. En 1975 tenían 3 empleados e ingresos anuales de US$16.000. Durante los 25 años que siguieron, han llegado a tener 36.000 empleados e ingresos de 20 mil millones de dólares, por haberse dedicado obsesivamente a resolver qué necesitaban los usuarios de computadoras y ser capaces de entregarles soluciones. Bill Gates, Paul Allen, y eventualmente miles de otras personas abocaron sus mentes, su dinero, y su ser, al desarrollo de Microsoft Corporation. Lo que lograron con su trabajo, les está siendo ahora quitado por Bill Clinton, Janet Reno y Joel Klein. Y no se les está expropiando sólo dinero, ni solamente una compañía, sino que el producto de sus mentes. El término "robo de propiedad intelectual" apenas abarca la enormidad de lo que aquí está ocurriendo.
Durante años, Gates y sus colegas hicieron que mucha gente se enojara, especialmente sus competidores. En 1996 algunos de estos competidores entregaron un informe de 222 páginas a Joel Klein, cabeza de la División Antimonopolios del Departamento de Justicia, y lo instaron a que hiciera a Microsoft en la corte lo que ellos no habían podido hacerle en el mercado. El Departamento de Justicia trabajó codo a codo con los competidores por cuatro años, incluso mostrándoles sentencias o párrafos en borrador para solicitar su aprobación. Las políticas de este caso distan bastante del ideal platónico de tener a economistas rigurosos diseñando las mejores reglas posibles para combatir contra los monopolios y a jueces interesados sopesando cuidadósamente la evidencia.
¿Qué lecciones tomarán los norteamericanos del caso Microsoft?
No conviene ser demasiado exitoso. El éxito genera envidia y atrae a los reguladores gubernamentales, que parecen motivados a atacar a las personas más productivas de nuestra sociedad. Bill Gates inspira adulaciones y reconocimiento en la élite cultural cuando obsequia su dinero -y ha entregado más de US$20 mil millones- pero ha hecho un bien mucho mayor al mundo al desarrollar y marquetear sus útiles productos que cuando regala a otros el dinero ganado con su trabajo.
Contrate un cabildero. Por cerca de 20 años, Gates y sus colegas se sentaron en "el otro Washington", creando y vendiendo. A medida que la compañía crecía, los políticos y periodistas en Washington D.C. empezaron a mostrar su desaprobación hacia la inocencia política de Microsoft. Un asistente de congresista declaró a la prensa: "Ellos no quieren jugar el juego de Washington D.C., esto es claro, y hasta ahora se han salido con la suya. El problema es que a la larga no van a poder seguir con esto." Algunos políticos le dijeron a Bill Gates, "Linda compañía la que tienes ahí. Qué pena sería que le pasara algo." Y Microsoft entendió el mensaje: si quieres producir algo en norteamérica, más vale jugar el juego. Hay que contribuir a las campañas políticas, contratar a sus amigos, ir con el sombrero en la mano a las audiencias del Congreso y pedir disculpas por el éxito obtenido. En 1995, luego de asaltos consecutivos de la Comisión Federal de Comercio y el Departamento de Justicia, Microsoft se quebró y empezó a jugar el juego de Washington. Contrató cabilderos y firmas locales de relaciones públicas. Sus ejecutivos dieron dinero a contribuciones políticas. Por último, todas las demás empresas del negocio tecnológico también acusaron recibo del mensaje, buena noticia para los lobistas y recaudadores de fondos.
¿Qué lección debiera tomarse de todo esto?
Los juicios antimonopolios tienen vicios en su origen. Cuando nuestras leyes antimonopolios son usadas por competidores para dañar a compañías exitosas, cuando nuestras empresas más innovadoras están siendo asaltadas por el gobierno federal, cuando los abogados y políticos deciden reestructurar las industrias de software, tarjetas de crédito y transporte aéreo, es hora de repeler las leyes antimonopolios y dejar que las firmas compitan en un mercado libre.
Janet Reno no mandó un equipo de la SWAT a Redmond en la mitad de la noche. No obstante, en el fondo, hacer eso es lo mismo: ella está utilizando el poder estatal para robar lo que la gente de Microsoft desarrolló.
Traducido por Fernando Alessandri para Cato Institute.